Debate previsible como un hámster corriendo en su rueda

El debate a siete entre las formaciones con grupo parlamentario (PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos, ERC, CDC y PNV) en el Congreso español se mantuvo dentro de lo esperado. Ni una pista sobre los pactos, cada uno con su argumentario y la certeza de que no existe mayoría en el Estado dispuesta a escuchar lo que los ciudadanos catalanes o vascos quieran expresar en las urnas. Las frases de los candidatos comienzan a escucharse muy, muy gastadas. 

@albertopradilla|Iruñea|2016/06/21
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Un momento del debate.

El debate podía haberse sentenciado en el primer minuto de cada uno de los portavoces porque ninguno tenía pensado decir nada nuevo 

El debate a siete emitido por Televisión Española podía haberse sentenciado en el primer minuto de cada uno de los portavoces porque ninguno tenía pensado decir nada nuevo y todos ellos estaban aferrados a sus argumentarios, conocidos hasta la saciedad. Con el PSOE atrincherado en su rechazo a aclarar con quién quiere pactar, poco razonamiento podía tener relevancia. Pablo Casado (PP), Isabel Rodríguez (PSOE), Iñigo Errejón (Podemos), Juan Carlos Girauta (Ciudadanos), Gabriel Rufían (ERC), Carlos Campuzano (CDC) y Aitor Esteban (PNV) protagonizaron una discusión estática, sin respuestas para los acuerdos post 26J, circular en lo referente a Catalunya, repetitiva en lo económico y abonada al lugar común en lo referente a la regeneración. Nada nuevo. Como toda la campaña.

Abrió el debate la gran incógnita que ha marcado la carrera hacia las urnas del 26J: los acuerdos para formar gobierno. El interés, como siempre, está en lo que pueda decir el PSOE, que es la previsible bisagra. Rodríguez, como su jefe, Pedro Sánchez, eludió cualquier concrección. Rechazó posicionarse «en base a encuestas» y negó que la elección esté «entre los extremos», donde ubica al PP y a Podemos. «El cambio ya pudo hacerse, y fue bloqueado por Podemos», dijo, abonada a la frase mágica de su cabeza de lista. Si les diesen un euro por cada vez que repiten el eslogan, quizás podrían haber financiado la campaña sin recurrir a ningún banco.

Sin respuestas desde Ferraz, el resto de formaciones que podrían entrar en el Gobierno español insistieron en los mensajes que ya han avanzado previamente. Casado (PP), abogó por la Gran Coalición, que se encontraría con un obstáculo: el rechazo de Ciudadanos a la figura del actual presidente, Mariano Rajoy. «No vetamos a nadie. El PP puede proponer al candidato que quiera y nosotros podemos decir que no lo queremos», aclaró Giratua. Casado podría haberle respondido que si eso no es un veto, que baje Dios y lo vea, pero guardó silencio. Errejón (Podemos), reiteró su mano tendida al PSOE, que no la coge.

Desde las naciones sin Estado, el PNV quiso enfatizar su perfil pactista y se mostró dispuesto a hablar «con todos» aunque priorizando lo que denomina como «agenda vasca», donde entra la política económica, la resolución y el nuevo estatus, que queda pendiente para la próxima legislatura de Gasteiz. Su gran éxito: presentarse en solitario como representación de los intereses de todos y cada uno de los ciudadanos de la CAV. Vamos, la estrategia de siempre. Desde Catalunya, ERC y CDC coincidieron en ubicar el proceso soberanista como el elemento verdaderamente inasumible por los partidos que quisieron formar gobierno. Ambos dejaron claro que no apoyarían ninguna combinación que no garantice un referéndum.

El proceso catalán volvió a protagonizar los momentos más ágiles de la confrontación, aunque, como siempre, el debate se desarrolló en modo «hamster» corriendo en una rueda que no avanza hacia ningún sitio. PP, PSOE y Ciudadanos insistieron en el «cumplimiento de la ley» y el rechazo a la consulta. Como detalle, Casado, de Ávila, y Rodríguez, de Ciudad Real, coincidieron en exigir su derecho a votar lo que ocurra en Catalunya. 

Rufián y Campuzano escogieron como rival a Errejón. O viceversa. Porque el portavoz parlamentario de Podemos arrancó cargando contra los presupuestos nonatos del Parlament de Catalunya. Cuando el candidato de ERC sacó los datos, el representante de la formación morada se fue por la tangente. Su gran argumento: la victoria el 20D en Catalunya y la CAV y las perspectivas de volver a imponerse en la próxima cita con las urnas. Una victoria que, como el propio Errejón indicó, es garantía de «unidad». De España, se entiende. Aunque sigue defendiendo el referéndum, lo que implica una diferencia evidente en relación al resto de partidos de ámbito estatal. También reivindicó el pacto con el PSOE como fórmula para llegar al Gobierno y solventar lo que el presentador, Julio Somoano, había calificado como «desafío». Todo muy neutro. Previamente, Rufián le había exigido que no diese «lecciones» al actual gobierno de Catalunya cuando los de Pablo Iglesias quieren acordar con el PSOE «del 135» y, al contrario que en el Principat, los partidos del Estado no han llegado a ningún acuerdo y deben repetirse las elecciones.

Incómodo ante un proceso que su partido observa con recelo, Aitor Esteban (PNV) hizo bandera de los hechos diferenciales vasco y catalán y también apuntó contra Podemos, que amenaza su hegemonía en la CAV. Recordó que la Ley 25, el proyecto estrella de «rescate social» de la formación morada, suponía una «invasión competencial» y cargó contra Nagua Alba, que no estaba presente, por su rechazo a traspasar las pensiones a Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. «Es un incumplimiento del Estatuto», sentenció. 

Ni en el ámbito económico ni el de regeneración variaron las posiciones. Como dijo Rufián, en este último apareció el «gordo». Fue en el momento en el que Casado sacó el comodín de Venezuela para defenderse de los casos de corrupción que asolan al PP. Si alquien quiso jugar al «chupito» no le habría dado ni para coger el punto. El país bolivariano solo fue mencionado en dos ocasiones. 

Nada nuevo en un debate repetitivo. Lo peor, la sensación de que, si las urnas mantienen los equilibrios que predicen las encuestas, los argumentarios gastados se repetirán hasta que alguno caiga por agotamiento o la política española se asome al abismo de las terceras elecciones.

 

 

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