Kronika
 
Cosas que hacer en Iruñea si son las 7.00, esto se acaba y tú aún no estás muerto

Fue un visionario el que puso el encierro a las 8.00 de la mañana. Es la hora perfecta para que los gaupaseros estiren el mambo y los remolones se activen como un resorte. Y es el secreto de que la fiesta no pare nunca, ni siquiera a horas tan impropias como las 7.00 de la mañana. Nos fijamos en tres escenarios: bajeras, dianas y la plaza de toros.

Ramón SOLA|IRUÑEA|2015/07/13
0713_eh_plaza
Dándolo todo en la plaza de toros. (Lander F. ARROYABE/ARGAZKI PRESS)

Son las 7.00 en Iruñea. Los rayos del sol han empezado a azotar la cabeza y los trinos de los pájaros lo confirman: a joderse, ha amanecido. En cualquier otro sitio sería hora de empezar a pensar seriamente en volver a casa. Pero en Iruñea, ¿te vas a perder el encierro? Ni pa dios. Sin olvidar que a veces hay coartada; la retirada es físicamente imposible porque te has quedado en el lado equivocado de «lo viejo», partido en dos a esa hora por el vallado del encierro. Intentar atravesar la manada de policías municipales y forales a esa hora en la que la locuacidad te ataca y la facha y el aliento te delatan es una pésima idea, no lo hagas.

Supongamos lo contrario, que la víspera te has ido al corral «prontico», o sea a las 2.37 por decir una hora estándar. ¿Qué duda cabe que hoy es el día ideal para madrugar, ver el encierro con pasión, desayunar como dios manda, aspirar por un día el olor fresco que deja el esforzado batallán de barrenderos, almorzar muy sanfermineramente, enganchar la primera txaranga de mediodía y seguir hasta morir? ¿Quién se resiste?

Pues eso, que el que pasó el encierro primero de las 6.00 a las 7.00 y luego de la 7.00 a los 8.00 (allá por los 70) era un visionario, un crack, un líder de masas que bien mereciera un monolito en Jarauta o San Nicolas, Estafeta o Calderería. Porque ha conseguido que las 204 horas de fiestas sean eso, 204, ni una menos. Bueno, algunas más sí, que hasta el encierro de la villavesa han de caer al menos ocho más de propina.

¿Y qué se puede hacer en Iruñea entre las 6.00 y las 8.00?, preguntaránse lectores y lectoras con criterio. Hombre, hay after-hours, como en todo el mundo, pero también cosas más autóctonas y divertidas, como dianas, Plaza de Toros, y cosas más modernas, como bajeras. Lonjas, para que nos entiendan en los herrialdes vecinos. Txabiskes, piperos, cuartos...

Paraísos de la bajera juvenil en Iruñea son Donibane y Arrosadia, también Iturrama. La noche se divide en dos asaltos. La cena-botellón se prolonga hasta las 3.00 más o menos, in crescendo. Luego llega la hora de atacar los bares de Alde Zaharra, para que no se diga que uno no se socializa. Y vuelta a la bajera a eso de las 7.00, ¿qué mejor lugar para satisfacer necesidades básicas aún no resueltas, de las alimenticias a las sexuales pasando –mucho– por las alcohólicas?

Otra constatación. El animal de bajera se crece en sanfermines, se viene arriba. Un vecino de Donibane entre incauto e imprudente intentó poner orden en los primeros días de fiestas. No pudo con la manada, que hasta había preparado, para redondear la catarata de insultos gruesos, una copla ad hoc con estribillo categórico: «Lo-lolo-lolo-lolo-lolo, lo-lolo-lolo-lolo-lolo, ¡no vas a dormir, no vas a dormir, no vas a dormir!». Sobra decir que los municipales están atareados en cosas más serias a esas horas, pero el 15 la venganza puede ser terrible.

«La Gacela» y Eurovisión

Para quien no tenga bajera, calma. Queda muuucha calle. Del Ayuntamiento parten a las 6.45 las dianas, invento no menos genial que la rueda o la bombilla. Algo tendrán de hipnótico marchas como la de «Quinto levanta» para que la peña entre en extasis de esa manera. Y con qué devoción entona la masa el fino estribillo de la diana número 4, ‘‘La Gacela’’: «Todos los curas suelen venir/a echar un polvo por San Fermín/ y el de mi pueblo, que es un cabrón/ en vez de uno, se echa un montón». Apoteosis festiva.

Secreto de La Pamplonesa: si toca acelerar la marcha, ‘‘La Gacela’’, que echa a correr los cuerpos. Si hay tiempo, la jota, que se baila en el sitio. Cuentan los músicos que es un momento peliagudo, debido los empujones de quienes bastante hacen con tener en pie su propio cuerpo. Pero pillines, también vosotros os tomáis vuestras revanchas, soplando la trompeta al oído de los despistados o chocando los platillos en la cara de aquel caído en combate.

Otra opción, o continuación de la anterior, es irse al tendido de la Plaza de Toros, que para las 7.30 llena la mocina y donde uno puede hacer amigos y amigas para toda la vida. Si la chavalería está inspirada, la espera es una fiesta rave surrealista, en la que se puede acabar bailando compulsivamente ‘‘No te vayas de Navarra’’, jaleando los nombres de los toros del encierro como si fuera la alineación de Osasuna en la final de Champions, y por supuesto entonando aquel viejo himno de Eurovisión, extinto ya en todo el planeta salvo en la peculiar plaza de Iruñea.

Dirige el cotarro como speaker un amigo de esta casa y de todas: el txantreano Asier, el mítico Padre Mundina de Eguzki Irratia, esforzado del movimiento popular, perejil de todas las salsas, y hasta torerillo ocasional delante de ganaderías de mucho peso. Un espectáculo en sí mismo. No se puede tener más talento ni gracia para ordenar a las masas que no tiren objetos al ruedo cuando llegue la manada y a los cinco minutos explicar a los txikis que esta vaquilla se llama Publicista y el cabestro Jalisco. Zorionak! Tuya también es la culpa de que si estás en Iruñea, son las 7.00 y no estás muerto, estás de parranda.