Sanferminak 2012
Especial-comillas
Ya lo dijo Mikel Urmeneta el año pasado. «Es como si nos dejasen sentirnos superlibres durante nueve días al año. Luego la gente vuelve a su vida sedentaria». Así son los sanfermines; nueve días de fiesta, locura y diversión con el pañuelico al cuello.
Albisteak
El Riau-riau de Maya solo consigue enfrentar a la ciudadanía
Ramón Sola|IRUÑEA|2012/07/07

No está muy claro si tras la decisión del alcalde de UPN, Enrique Maya, de intentar recuperar el Riau-riau había una intención constructiva o solo ganas de obtener rédito político. Lo que sí quedó muy claro en la Plaza del Ayuntamiento es que por el momento no se dan las condiciones para que ciudadanía y Corporación se fundan en un mis- mo baile. Exactamente diez minutos duró el intento, desde las 17.40, cuando La Pamplonesa se arrancó con los sones del Vals de Astrain, hasta las 17.50, cuando los municipales y la banda dieron marcha atrás.

La Corporación municipal ni siquiera llegó a pisar la calle, por lo que técnicamente no cabe decir que hubiera Riau-riau. Solo pasó un cuarto de hora más desde la retirada hasta que por los altavoces de la Plaza del Ayuntamiento se dio a conocer que quedaba suspendido.

La reacción posterior reflejó que en el fondo había una pelea política. Una parte de la plaza mostró cierta satisfacción con gritos de ``UPN kanpora'' y cantando ``Zai dago ama'' en recuerdo a los presos. Y otra, paradójicamente la más cercana ideoló- gicamente al alcalde, recibió la noticia con pitidos. A todo esto, un grupo de personas que había formado un cordón de seguridad parapolicial a la entrada al Ayuntamiento arengaba a los concejales para que intentaran salir de nuevo.

La tensión se palpaba ya desde las 17.00, media hora antes, pero estaba tan mezclada con la fiesta que resultaba imprecedible saber cómo sería recibida la Corporación cuando sonase el ``Porque llegaron las fiestas...''. Se escuchaban sobre todo gritos en contra de UPN y por los presos, pero también el socorrido ``San Fermín, San Fermín'' que históricamente trata de ahogar en Iruñea cualquier protesta ciudadana. Otros muchos simplemente aprovechaban los minutos para repasar las estrofas del Riau-riau, casi olvidadas tras 21 años desde que se interrumpió la celebración. En 1996, también un alcalde recién llegado, Javier Chourraut (CDN), hizo un intento similar al de ayer de Maya, con el mismo resultado.

Empiezan las peleas

Cuando La Pamplonesa hizo sonar las primeras notas, no tardaron en desencadenarse peleas entre mozos y policías municipales. Básicamente empujones y agarrones. Otros mozos se sumaron a la gresca, sobre todo en la parte cercana a Santo Domingo, y en un par de minutos se formó un totum revolutum que no hacía presagiar nada bueno.

La Pamplonesa tocó un par de veces el Vals, mientras los municipales empujaban a tope para tratar de hacer más sitio y que la Corporación liderada por Maya pudiera al menos pisar la calle. Sin embargo, las peleas no remitían, sino más bien al contrario. Un municipal fue retirado sangrando levemente de la cabeza, al parecer por el impacto de un hielo (oficialmente se habló de una botella). A todo esto, la seguridad de la banda municipal tampoco parecía muy garantizada.

Los más veteranos podrán decir que, en realidad, lo que ocurrió ayer es lo que ha ocurrido siempre, porque el sentido genuino del Riau-riau es que la ciudadanía impida pasar a la Corporación y le pase factura por lo que ocurre todo el año. Peleas similares y mayores se producían en los años 70 y 80. Hubo veces que los concejales necesitaron más de una hora para llegar al centro de la Plaza del Ayuntamiento. Sin embargo, esta vez el alcalde optó por no forzar más en su intento. Y con ello perdió el pulso que había planteado de forma bastante sorprendente.

Peñas y Bildu avisaron

La decisión de incluir el Riau-riau en el programa de fiestas fue adoptada por el alcalde de UPN, que afirmó que contaba con el respaldo de todos los grupos menos Bildu. Sus tres concejales también acudieron al acto, pero dejaron claro con anterioridad que tenían dudas sobre la viabilidad del mismo, e incidieron sobre todo en que la decisión de recuperar el Riau-riau no puede ser del alcalde, sino que compete a la ciudadanía. En consecuencia, planteó que para ello hace falta un debate amplio y con más tiempo.

La Federación de Peñas ha mantenido una posición similar en los prolegómenos de este intento fracasado. Emitió además un comunicado en el que dejaba claro que no tenía intención alguna de implicarse en tareas de seguridad y de escolta de la Corporación, como se había sugerido desde algunos ámbitos.

La Policía Municipal sí hizo un amplio despliegue en torno a este Riau-riau. Resultó evidente -Iruñea es una ciudad pequeña- que además de los uniformados había otro buen número de agentes de paisano, algunos de los cuales participaron en las peleas que precedieron a la suspensión. A todo esto, la suspensión fue todo un alivio para los músicos de La Pamplonesa, abocados a tocar sus instrumentos durante horas ante una montonera de gente que no deja de empujar (en su día el Riau-riau llegó a durar cinco horas).

 UPN culpa a una operación de boicot «orquestada»

UPN y Nafarroa Bai, grupos con mayor representación en el Ayuntamiento, criticaron la suspensión del Riau-riau y culparon a «un reducido grupo de personas».

Para la concejal de UPN María Caballero, es una «lástima» que se produjera esa desenlace «por unas poquitas personas orquestadas y organizadas que no querían que se celebrara la marcha».

Según indicó, a los ediles les dio «mucha rabia» no poder salir de la Casa Consistorial, pero tomaron la decisión por «el riesgo que corríamos no solo la Corporación, sino también la Policía Municipal». «No merecía salir en condiciones que no eran de dignidad», añadió.

Desde las filas de Nafarroa Bai, Iñaki Cabasés, que fue también el lanzador del cohete, consideró «absolutamente lamentables» los incidentes, pero reconoció que el Riau-riau es un acto «fácilmente boicoteable» dada la gran cantidad de gente que congrega. «El Riau-Riau no puede ser una batalla», añadió Iñaki Cabasés.