Ricard Altés Molina|2015/01/11 00:00

Lo primero que salta a la vista al desembarcar en la población de Ormuz es la pobreza de sus construcciones, la suciedad de sus calles y el deterioro evidente de sus infraestructuras. Pero parte de la magia de esta isla situada en el Golfo Pérsico iraní se halla en la mezcolanza de pueblos y tradiciones que confluyen en un territorio tan reducido, y en el entorno, que va más allá del color gris de las estructuras de cemento que, poco a poco, al alejarnos, dan paso a gamas de colores y figuras naturales de formación volcánica, cuevas y montañas de sal.