2018/08/19

«Pickpocket»
MIKEL INSAUSTI
021_32cine

Como el cine es algo tan subjetivo, no merece la pena complicarse buscando la mejor película europea, o ni siquiera la mejor de las que hizo Robert Bresson. Es una simple cuestión de preferencias, y personalmente me inclino por “Pickpocket”, que me dejó en shock la primera vez que la vi. Con esa obra el autor alcanzó aquello que perseguían los existencialistas en la literatura, haciendo una especie de vaciado de contenido narrativo para ir directamente a la esencia de la imagen en pos de una escritura visual. El diálogo ya no hacía falta y, a cambio, se ganaba el verdadero poder de síntesis que tiene el montaje fílmico, construido en especial como una sucesión de planos detalle que lo revelaban todo dentro de una rigurosidad documental. Bresson no trabajaba con actores y actrices profesionales, por lo que a sus intérpretes prefería llamarlos modelos. El modelo escogido para “Pickpocket” fue un tal Martin La Salle, que encarnaba al carterista Michel, valiéndose de sus ojos y, sobre todo, de sus manos.

Robert Bresson llegó casi a centenario, viviendo a lo largo y ancho del siglo XX. Pero su actividad fílmica la desarrolló en cuatro décadas en las que únicamente rodó trece películas, todas ellas obras maestras. Antes de “Pickpocket” (1959) había realizado “Los ángeles del pecado” (1943), “Las damas del bosque de Bolonia” (1945), “Diario de un cura rural” (1951) y “Un condenado a muerte se ha escapado” (1956), que parte de la crítica considera como su mejor creación. Después hizo “El proceso de Juana de Arco” (1962), “Al azar de Baltazar” (1966), “Mouchette” (1967), “Una mujer dulce” (1969), “Cuatro noches de un soñador” (1971), “Lancelot Du Lac” (1974), “El diablo probablemente” (1977) y “El dinero” (1983). No lo considero un teórico, sino un ascético artesano que supo hallar un lenguaje propio. El único libro que nos dejó fue “Notes sur le cinématographe” (1975), donde sentenciaba que el cine era teatro filmado, y de ahí optar por el cinematógrafo como arte puro. También existe una recopilación de entrevistas, que se publicó en castellano hace tres años con el título de “Bresson por Bresson”.

“Pickpocket” dura poco más de una hora, tiempo más que suficiente para situar al personaje y su contexto. Michel es un tipo solitario que vive en el París de finales de los años 50, encerrado en una pequeña habitación llena de libros. La relación con su madre es distante, y por quien siente verdadero afecto es por Jeanne, una chica marginal a la que sirvió de modelo Marika Green. Se interesa por ella porque fue abandonada por su madre y tiene un padre alcohólico, siendo la única persona que le distrae de su verdadera pasión, que es el robo. En realidad se trata de pequeños hurtos de carteras y relojes, que sustrae en el metro en hora punta. Cuando es detenido reflexiona sobre su existencia y su actividad, y decide profesionalizarse aprendiendo el oficio con una banda de carteristas.

No cabe duda de que por su temática podía haber dado lugar a una película de género policiaco, pero nada más lejos de la intención de Robert Bresson, quien no aprecia diferencias entre el sentido artístico de su trabajo como cineasta y el de un ladrón que convierte su habilidad manual en una manifestación superior de la capacidad intelectual humana. El protagonista no roba por necesidad, ni tampoco por vicio, sino que es un nihilista que se recrea en lo que hace de forma perfeccionista. Obtiene de ello una satisfacción personal, expresada en la meticulosidad con que Bresson emplea los primeros primerísimos planos y los planos detalle para establecer una comunicación del personaje con los objetos, fruto de su relación íntima con los mismos. “Pickpocket” no es bajo ningún concepto una radiografía de la cleptomanía, tanto en cuanto se roba por el placer de participar de lo ajeno con maestría y dominio del camuflaje.