2018/11/25

Erreportajea
#basquecountry en las redes sociales
Influencers vascos sin filtros en Instagram

Habrá que explicar el juego de palabras: #nofilter (sin filtros) es uno de los «hashtag» o términos de mayor éxito entre los usuarios de Instagram y significa que a la fotografía colgada con esa etiqueta no se le han aplicado filtros. En esta búsqueda por conocer la red social con mayor perspectiva de crecimiento a nivel mundial, seguimos a cinco vascos con muchísimos «followers», que nos hablan sin pelos en la lengua. Ellos se resisten a llamarse «influencers».

Amaia Ereñaga
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Cuando se habla de Instagram, se suele hacer referencia a aquella frase atribuida a Andy Warhol, en la que el propulsor del Pop Art predijo que «en el futuro, todo el mundo será famoso durante quince minutos». El artista del exceso y de la conversión del consumismo en arte tenía algo de visionario, porque con sus polaroids se adelantó a la que sería una de las redes sociales que reinarían en estos principios del siglo XXI: Instagram, la plataforma y aplicación de fotografía con más de 1.000 millones de usuarios activos a día de hoy en el mundo... y sigue creciendo, para alegría, se supone, de su propietario, un Marc Zuckerberg que se ha convertido en una especie de emperador romano de las redes. Después de que adquiriera Instagram en 2012 y dos años después WhatsApp, con sus más de 1,5 millones de usuarios, el fundador y director ejecutivo de Facebook es posiblemente la persona más poderosa y también la más cuestionada del mundo. Y es quien controla casi todas las plataformas donde colgamos nuestras vidas.

Porque, así como con su cámara polaroid, que sacaba fotografías al momento, Andy Warhol retrató a la «fauna» nocturna neoyorquina para confeccionar un diario visual de la «movida» de la Gran Manzana, hoy en día miles de personas van conformando una especie de retrato planetario a través de las millones de fotografías personales y de vídeos que cuelgan en sus perfiles. Algunos son personajes famosos por su actividad profesional o personal, otros se han convertido en influencers (personas que crean opinión en las redes entre sus seguidores o followers, y que tienen interés para las marcas comerciales) y a otros la fama se la trae al pairo, porque sus intereses van por otro lado.

Un perfil para Instagram. Pero, ¿qué es Instagram? Año 2010, San Francisco, Kevin Systrom y Mike Krieger crean una herramienta de fotografía para su iPhone4. Ha nacido la aplicación, pero solo para Apple. Cuando dos años más tarde sale la versión abierta para Android, aquello se dispara: se registran más de un millón de descargas en menos de 24 horas. La app tiene a su favor su sencillez, su gratuidad y que los móviles sacan al fotógrafo –y al narcisista– que todos llevamos dentro: haces una fotografía, la modificas con efectos o filtros y la cuelgas en tu perfil, compartiéndola en redes como Facebook, Twitter, Flickr o la propia Instagram, etiquetándola con uno o muchos hashtag. Cuantos más, mejor y en inglés preferentemente, porque estas etiquetas o definiciones, identificadas con una #, permiten que otros usuarios busquen los términos que les interesan y los compartan. Famosos como la cantante Selena Gomez se unieron a Instagram desde el principio, convertida en la red social con mayor índice de engagement o crecimiento de mercado, porque es la más utilizada por los jóvenes de todo el mundo.

En base al estudio más reciente sobre redes sociales realizado en el ámbito estatal (“Estudio de Redes Sociales 2018”, encargado por Elogia, agencia de digital commerce marketing, e IAB Spain), entre los 25,5 millones de usuarios del Estado español WhatsApp sigue siendo, por diferencia, la red más utilizada, seguida de Facebook, Instagram y YouTube. Pero Twitter tiene una gran tasa de abandono y Facebook está perdiendo presencia por la controversia provocada por el uso de información personal de los datos de sus usuarios. Y lo hace a favor de Instagram, que no para de crecer y que es la que más ha aumentado en la frecuencia de visitas. La llamada Generación Z (15 a 23 años) es la que usa mayor número de redes y prefiere a Instagram frente a Facebook; los Millenials (24 a 38 años), en cambio, se decantan por WhatsApp y Facebook.

Una tendencia en alza, la de Instagram, que es mundial. Y unos datos que coinciden con el estudio presentado hace dos años por el Observatorio Vasco de la Juventud, según el cual el 99% de nuestra juventud de entre 15 y 29 años es usuaria de redes y usa WhatsApp y después, Instagram. Por cierto, volviendo al estudio estatal, los usuarios, principalmente mujeres, pasamos 58 minutos diarios en las redes, aunque los jóvenes nos superan (1 hora y 10 minutos) y casi siempre lo hacemos a través del móvil. La mayoría seguimos a las marcas comerciales y, por supuesto, a algún influencer.

Aran Goyoaga, de Zornotza a Estados Unidos. Dos especias como la canela y la vainilla identifican en Instagram a Aran Goyoaga (@cannellevanille), una de las vascas con más tirón y una de las que mejor conoce esta plataforma, donde está desde sus inicios. ¿Es una influencer?, me pregunto. Si lo es, no al uso. En su perfil, le identifican la definición de Food + Visual Stories (comida e historias visuales) y una declaración de intenciones: Seattle + Basque Country. Las historias que cuenta son de cocina y naturaleza, de ingredientes y preparaciones, pero de una forma tan artística y con una mirada tan personal y con tan poco artificio –y, también sin gota de folclorismo, da a conocer la cultura vasca y el euskara al mundo anglosajón– que han enganchado a nada menos que a 280.000 followers. Nacida en Zornotza, en una familia de pasteleros –la pastelería Ayarza–, a Aran Goyoaga ni se le había pasado por la cabeza dedicarse a la gastronomía, por aquello de una ley no escrita: «El obrador era trabajo de hombres, aunque mi amama sí hacía bollos y otras preparaciones. Nunca me han dicho nada, pero en mi familia, como en general en la cultura euskaldun, la comunicación no es lo mejor que sabemos hacer»–. Tras terminar Empresariales en Deustu, hace dos décadas el amor y cosas de la vida le llevaron a Estados Unidos, donde a los 16 años había viajado de estudiante. Aunque ahora está erradicada en Seattle, después de pasar por diferentes lugares, en Florida se le «encendió» la apetencia por los fogones. Estudió pastelería y comenzó a dedicarse profesionalmente a la cocina. «Cuando me quedé embarazada lo dejé, porque la hostelería es muy dura y está muy mal pagada. Estaba sola en casa, sin mi familia, y mis amigos estaban en el hotel donde yo había trabajado, porque mi vida giraba entonces en torno al trabajo. Me sentía muy sola. Un día recibí un email de un amigo con un link. Era algo nuevo entonces, corría el año 2007. Me dije que me ayudaría a tener algo que hacer, a mantener las amistades... pero ni me imaginaba que podría llegar a ser un trabajo». Aquel link le permitió crear su propio blog (www.cannellevanille.com), en el que comenzó a colgar sus recetas. Pero no le convencían sus fotografías, no eran lo suficientemente buenas. Hay que entender que esta mujer es muy creativa; una artista, en realidad. Algo que tal vez es influencia de su padre, un pintor vocacional en su tiempo libre. El caso es que Aran Goyoaga hoy en día, y visto su perfil, podría parecer una fotógrafa a la que le interesa la gastronomía, cuando el camino fue el contrario.

«Cuando Instagram empezó en 2011 éramos muy pocos usuarios y, cuando te abrías el perfil, te decían: ‘Te recomendamos estas cuentas’. La mía era una de ellas y por eso se hizo tan popular de una forma tan rápida». Actualmente esta vizcaína es fotógrafa freelance y se dedica al estilismo gastronómico para diferentes editoriales, entre ellas la plataforma Amazon. Su libro “Small Plates & Sweet Treats: My Family’s Journey to Gluten-Free Cooking”, con recetas sin gluten, fue seleccionado como uno de los mejores libros de cocina de 2012 por Good Morning America, The Kitchn, Michael Rulhman y Shelf-Awareness. Ahora anda metida en nuevos proyectos, entre los que se encuentran un nuevo libro y, esperemos, otro nuevo curso en Euskal Herria. El último que dio se completó en poco tiempo, solo anunciándolo en redes.

«Instagram no está al servicio del usuario. Cuando la compró Facebook, comenzaron a monetizarla y a hacerle cambios, como con los algoritmos; es decir, que la gente que me sigue no ve siempre mi perfil, porque antes todo te aparecía en orden cronológico, pero ahora no, depende del algoritmo». Por suerte, ella no vive de ello ni hace promociones. «Me parece que se está convirtiendo en una plataforma publicitaria y lo que a mí me interesa es lo que tú me cuentas, no la publicidad. Pero, aunque yo no vivo de ello, entiendo que la gente sí lo haga, porque lleva mucho tiempo y tienes que comer. GARA necesita de la publicidad y sus suscriptores para sobrevivir: entonces un blogger también tiene derecho a hacer publicidad. Yo tengo suerte, porque trabajo de freelance. Mi trabajo es más personal, además yo me considero una artista e incluir publicidad me parece que diluye mi forma de crear». Y agrega una pregunta: «Instagram está bien, pero no lo controlo yo. ¿Y si mañana cierra? Todo el trabajo que tengo allí y mis seguidores desaparecerían. Lo que yo quiero es controlar mi trabajo y no estar bajo el mando de otros. La gente me conoce por mi blog, pero mis intereses no están solo en la cocina, sino que son humanistas y culturales. Porque, ¿qué clase de sociedad vamos a tener en el futuro?».

«Money, money». La verdad es que si empezamos a lanzar cifras sobre el dinero que se mueve en Instagram, pueden resultar mareantes. Según la revista “Forbes”, el futbolista Cristiano Ronaldo (@cristiano, 145 millones de seguidores), se embolsa 641.000 euros por cada post de una marca que publicita, aunque no llega ni de lejos a las cifras de la gran líder de esta red social, la modelo y miembro del clan de las Kardashian Kylie Jenner. A sus 21 años, la pequeña de las «reinas de la telerrealidad» (@kyliejenner) gana 850.999 euros por cada fotografía publicitaria que cuelga en su cuenta, que es seguida por 119 millones de personas, ahí es nada. Cifras e imágenes envidiadas por algunos o insultantes para otros: no hay como retrotraerse al revuelo que se organizó en las redes cuando Ronaldo posó en octubre en la rueda de prensa previa al Manchester United-Juventus con un reloj de diamantes valorado en dos millones de euros de la marca de la que es imagen. ¿Extraña entonces que el sueño de muchos chavales sea convertirse en estrellas de Instagram? Pero no todos los perfiles son así, ni es tan fácil interesar a tus seguidores y a las empresas, ni el mundo de las redes es una panacea, ni estas son gratuitas, porque pagamos de otra forma: con nuestra información personal.

De los vascos, seguramente el que se encuentra en el top de Instagram es el actor y modelo Jon Kortajarena (@kortajarenajon, 1,9 millones de seguidores). De anónimos que han llegado a destacar está, por ejemplo, la bilbaina Estibalitz Prieto (@_esti_, 344.000 seguidores), una trabajadora de una agencia de viajes convertida en una de las influencers de moda más seguidas del Estado y, en otro extremo, Oto Vans (@otovans, 304.000 seguidores), un deslenguado representante de la Generación Z, de Gasteiz, que arrasa con su defensa de la diversidad y sus chistes sobre heterosexuales. Aunque, en esta época en la que la censura la ejercen las propias plataformas, Instagram no para de cerrarle la cuenta.


Aventuras con Gotzon Mantuliz y viajes con Maider Oyarzabal. Seguirle la pista a Gotzon Mantuliz (@gotzonmantuliz, 267.000 seguidores) resulta agotador. Un día está en la India –desde allí nos responde, entre vuelo y vuelo–, dos días más tarde en Estambul, por poner un ejemplo, otro en algún lago perdido remando, y finalmente en Barcelona, donde da una charla para Corona, una de las marcas de las que es imagen, y a su vez imparte una clase en “Operación Triunfo”. Puro estrés, aunque no lo parece, por la amplia sonrisa con la que posa en sus fotografías y su físico de atleta. Su perfil está coprotagonizado por su fotogénica perra Noa, que posa como una auténtica estrella.

Este diplomado en Enfermería ha enfocado su amor a la aventura convirtiéndola en una profesión. Conocido desde su salto a la televisión al ganar en ETB2 “El conquistador del fin del mundo” (ETB2), concurso al que ha continuado unido preparando pruebas, este aventurero vive de su trabajo en su canal de YouTube y su perfil de Instagram. Empezó como todos, por colgar sus fotografías de viajes y, explica, «cuando me di cuenta, vi que tenía que dedicarle mucho tiempo y no podía compaginarlo con otro trabajo. Instagram me permite compartir experiencias y trabajar haciendo lo que me apasiona». ¿Pero cómo trabaja? «Una persona me ayuda a gestionar y organizar el trabajo. Y en cuanto a las fotos, la mayoría las planteo y las edito yo mismo. Hay mucho trabajo detrás de cada imagen, sobre todo a nivel creativo previo, para plasmar así el mensaje que quieres transmitir e intentar ser original y no muy repetitivo». ¿Las marcas que publicita tienen que cumplir algún requisito? «Simplemente colaboro con marcas que me encajan o proyectos en los que creo y me apetece participar. No todo es cuestión de dinero». ¿Pero cómo funciona? «Muy sencillo: cada perfil de Instagram es un canal de comunicación y, depende de que a la marca le interese un perfil u otro, te propone crear X contenido o X fotos. Una vez tienes toda la información, se cierra el presupuesto».

Seguido por muchos «amantes perrunos» gracias a Noa, a Mantuliz no le convence el término influencer y reconoce sentirse más cómodo con “creador de contenidos”: «Porque, al final, es lo que hago. Eso de influir en la gente me da mucho respeto».

 

Los perfiles de viajeros son, desde sus inicios, la “parte del león” en Instagram. Maider Oyarzabal (@maiderbymaider, 43.500 seguidores) entra dentro de esta categoría y también la de los denominados microinfluencer, perfiles con menos de 100.000 seguidores, muy interesantes para las marcas porque llegan a otros públicos. Oy&bs;arzabal es de Donibane Lohizune, tiene 29 años, y es fotógrafa freelance profesional desde hace tres. En su cuenta se intercalan trabajos en distintas partes del mundo, algunos gracias a su papel de imagen de una marca de cámaras fotográficas, con sus retratos de paisajes de Euskal Herria. «Cuando mi cuenta fue recomendada por Instagram, gané un montón de followers extranjeros. Por eso, he tenido que adaptarme y escribir mis post en inglés». ¿Y cómo empezó todo? «Hice un viaje en solitario de ocho meses, entre 2011 y 2012, por el sudeste de Asia y América del sur. Cuando acabé mis estudios, un master en marketing en internet, sentí que no era lo que quería hacer, porque siempre he tenido un gran hambre de libertad. Tuve que irme bien lejos para darme cuenta». ¿Y cómo ve el futuro de la plataforma? «Es difícil, porque Instagram está en evolución constante desde su creación y a diario nacen nuevas aplicaciones, además de que las costumbres y las necesidades van cambiando con el tiempo».


La divulgación y abrir puertas, con Gabriela Uriarte y Ana Goitia. Ambas son rostros conocidos de la televisión pública vasca. La nutricionista Gabriela Uriarte (@gu_nutrición) es la encargada de velar por la “parte saludable” del programa de cocina “A bocados” (ETB2), “pinchando” a Ander Gonzalez. Un programa con excelentes datos de audiencia (media de 8% de share, con picos de 13%), aunque no sabemos si con tanto alcance como los 223.000 seguidores de Gabriela Uriarte en Instagram... unas cifras que, para su estupor, le hace visualizar su pareja en forma de estadios de Anoeta. Reconoce esta nutricionista que no es una instagramer al uso –ni una «egoinstagramer», dice–. «Yo empecé siendo youtuber. Todas mis redes sociales nacen de la indignación, de constatar que hay muchísima desinformación. Empecé simplemente con la idea de decirle a la gente que puedes tomar fruta de postre o carbohidratos para cenar… y la manera más efectiva de soltar mi chapa era YouTube. Mi padre me dijo entonces, ¿y por qué no haces Instagram? Además es mucho más sencillo, mucho más directo y ahora, con Instagram TV, más todavía. Es una plataforma en la que puedes subir 15 minutos de vídeo y tu comunidad de Instagram puede verlo, no tienes que rescatarlo de YouTube». Aunque ella ni se maquilla –«con el moño y como esté»–, alega que tras cada publicación hay muchísimo trabajo que no se suele tener en cuenta... y un feedback con su “comunidad” envidiable para cualquier medio de comunicación. «Me da mucho vértigo, pero no hago las cosas pensando en mis seguidores. Aunque parezca un cliché, yo trabajo exactamente igual si me escucha una persona, ninguna o 300.000. Como usuaria de redes sociales, a mí misma eso es lo que me engancha, cuando veo que parece que me están contando las cosas a mí. De todas formas –añade–, las redes sociales son un arma de doble filo porque puedes seguir a gente que te aporta, pero también que te hace sentirte mal, porque te pone unos ideales de belleza que no son, porque te desinforman, porque te culpabilizan… ¿Sabes qué pasa? Es muy importante no perder el norte respecto a saber lo que estás consumiendo. Tú estás consumiendo lo que alguien decide enseñarte, que no es la realidad. Y a veces, pensamos que es la realidad, pero es un momento del día, una postura que consigo con la luz que me cae y parece que tengo tableta. Si estamos en edades que somos muy influenciables, tener a unas personas a las que sigamos que nos aporten salud mental es super importante y, sobre todo, en el mundo de las dietas y de la imagen personal». Por cierto, ¿y qué pasa con los que van de “mal rollo”? «En mi perfil sigo las mismas reglas por las que me rijo en la calle: no acepto que me insulten a mí ni insulten a nadie en mi casa. Los bloqueo. ¿Por qué en redes sociales tengo que aguantar cosas que en la calle no aguantaría? ¿Y por qué eso tiene que ser socialmente aceptado? Y en Twitter, es elevado a la enésima potencia. Me parece que eso no se dice porque parece ‘poco enrollado’, aunque afortunadamente puedo contar con los dedos de la mano a las personas que tengo bloqueadas. Si tendrían que firmar con el DNI y una foto, ya verías cómo se acababa».

Ana Goitia es de Lekeitio, guapa, rumbosa, de esas que parece que no pueden estarse quietas. Ella es @anatxuchic (31.800 seguidores), donde cuelga sus fotografías y también sus igoselfies, los posados en ascensor tan de influencer de moda, que aparecen en su perfil en euskara y castellano. Las lenguas minorizadas lo tienen bien difícil en las redes, por cierto. «He tenido más seguidores, pero desde que escribo en euskara sé que tengo menos, aunque me da igual. Soy así, mi realidad es esta y si no quieres seguirme, no quiero a talibanes como tú en mi comunidad», enfatiza. Esta periodista, que ha trabajado tanto en informativos como presentando programas, como el que le ha llevado por la geografía vasca con Onintza Enbeita este verano con “Hauxa2” (ETB1), empezó «por ignorancia», dice, en las redes hace diez años con su blog (www.elrincondeanatxu.com), que aún mantiene. Precisamente, fue una de las primeras en abrir un blog dedicado a las tallas grandes e incluso creó su propia colección de ropa, aunque tuvo que aparcar el proyecto porque no llegaba. «De pronto, me di cuenta de que tenía muchísimo tráfico en el blog. Luego, cuando me quedé en el paro, me volqué más, porque soy una persona que no sabe estar quieta. ‘Tengo un hijo; o sea, que si puedo vivir en ello, adelante’, me dije. Fue todo como sin querer y lo mismo en las redes sociales. Ni nos imaginábamos entonces que se podía ganar dinero. Ahora yo estoy bastante enfadada con este mundo, porque nosotros éramos muy inocentes y ahora todo es una gran mentira, porque se compran seguidores, también links... Entonces, todo lo que hemos estado haciendo durante estos años se ha ido al garete, porque esto se ha convertido en un negocio. De acuerdo, yo también he vivido de esto, pero es que ahora no sabes lo que es real o si un perfil es falso por esa obsesión de conseguir followers. Y lo que realmente importa no es eso: es importante tener seguidores, sobre todo si quieres vivir de ello, pero que sean de calidad, sin postureos». Pese a todo, es una defensora de las redes sociales: «Sirven para bajar a la realidad. Yo sé que gracias a mi blog y a Instagram he llegado a mucha gente y he ayudado a romper estereotipos y a que la vida sea más normal. Los mensajes que recibo a diario me calientan el corazón y ya sé que estoy harta de Instagram, pero también que no lo dejaré».

Por cierto, y en lo referente a las tarifas, no son fáciles de saber, porque dependen de los seguidores o engagement (la influencia real y lo que se interactúe en la comunidad)... El engagement de Ana Goitia es bien alto, según www.heepsy.com, un buscador creado en Bilbo que conecta a marcas con microinfluencers de todo el mundo. El mío ni lo he probado, por si acaso.

ERAGIN-SORTZAILEAK SAREETAN

Internetek sortu dituen funtsezko aldaketen artean nolabaiteko informazioaren «demokratizazioa» dago. Komunikabide tradizionaletan ez bezala, edonork izan dezake eragina iritzi publikoan, pertsonaia anonimo bat sare sozialetan bat-batean eragin-sortzaile bihurtu daitekeelako milaka jarraitzailek bere istorioekin, argazkiekin edo filosofiarekin bat egiten dutenean. Influencer-ak dira, eragin-sortzaileak. Sare sozialetako izarrak, eduki biralak jaurtitzeko eta beren jarraitzaileen kontsumo joeretan eragina izateko gai direnak. Andy Warholek zioen bezala: «Etorkizunean, mundu guztia izan ahalko da ospetsua, hamabost minutuz bada ere». Egia esan, newyorktarrak bete-betean jo zuen... baina, sare sozialetan bertan ere, gauzak ez dira hain xinpleak. Bost euskal influencer-en laguntzarekin, Instagramen murgildu gara.