2019/09/01

Erreportajea
Violencia contra las mujeres
METOO, el poder del contagio en la internacionalización del movimiento

Casi dos años después del nacimiento del Movimiento MeToo, a raíz de las denuncias contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein, la alerta sobre los abusos sexuales a mujeres ha incrementado su visibilidad internacional gracias, fundamentalmente, a la eficaz herramienta que suponen las redes sociales. No obstante, el uso de ese canal también acarrea sus peligros, tanto por su carácter más emocional y menos reflexivo, así como por su uso por sectores que pretenden obstaculizar el avance del feminismo.

Maider Eizmendi
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Es 5 de octubre de 2017. Tras una larga investigación, el diario estadounidense “New York Times” destapa los casos de acoso y abuso sexual ejercidos contra decenas de actrices por el productor Harvey Weinstein, a quien empleados y ex empleados acusan de haber cerrado acuerdos económicos extrajudiciales con, al menos, ocho mujeres. Finalmente, más de ochenta mujeres señalan al magnate de Hollywood como autor de acoso, abuso sexual y violación, entre ellas Lena Headey, Lauren Holly, Alice Evans, Lysette Anthony, Lupita Nyong’o o Rose McGowan.

Casi dos años después y si no hay un nuevo aplazamiento, el próximo 9 de setiembre quien otrora moviera los hilos de la industria cinematográfica estadounidense se sentará en el banquillo de los acusados en un juicio en el que el jurado tendrá que dirimir sobre dos casos acaecidos en 2006 y 2013, porque en el caso de otras muchas el delito ha prescrito. Las denuncias contra Weinstein no se quedaron allí y provocaron una avalancha de denuncias contra otros rostros conocidos del cine, así como de otros sectores, como la política o los medios de comunicación. Fue la actriz Alyssa Milano quien animó entonces a las mujeres a que se hicieran eco de sus experiencias y mostrar así el carácter global de este tipo de comportamientos empleando el hashtag #MeToo, una expresión que utilizó en 2006 Tamara Burke para sacar a la luz los abusos sexuales a mujeres negras. Lo que siguió a esta petición es ya sobradamente conocido: este grito viral se extendió a lo largo y ancho del planeta en tan solo unas horas, adaptándose a las realidades y expresiones de cada lugar. En Euskal Herria y también en parte del Estado español, los hashtag #NikSinistenDizut y #YoSiTeCreo capitalizaron la denuncia contra esta lacra a raíz de la puesta en libertad de los acusados de la violación grupal ocurrida en los sanfermines de 2016.

Las mujeres encuentran en este hashtag y en otros que se crean con la misma finalidad el canal por el que verbalizar las situaciones de acoso que hasta ese momento habían estado silenciadas; y lo hacen, no solo en los países occidentales, sino también en aquellos lugares en los que la situación de la mujer es aún más vulnerable.

Pero, ¿qué poso ha dejado el movimiento MeToo cuando se cumplen casi dos años? ¿Se han convertido las redes sociales en la única herramienta para el activismo feminista?

La filósofa y profesora de la Universidad Complutense de Madrid Luisa Posada asegura que, en estos momentos, podríamos estar hablando de «la cuarta ola de feminismo, que gira fundamentalmente sobre la violencia sexual». En esta circunstancia, el movimiento Me Too ha resultado ser un magnífico detonante, «sobre todo, por la repercusión que ha tenido a nivel internacional». Subraya el término “detonante” ya que, en su opinión, el movimiento surgido a partir del caso Weinstein vino a reforzar la contestación en contra de la violencia sexual que ya estaba repuntando. A nivel del Estado español, por ejemplo, señala como antecedentes «el Tren de la Libertad contra la Ley del Aborto de Gallardón, en febrero de 2014, y la masiva Marcha Estatal Contra las Violencias Machistas realizada el 7 de noviembre de 2015».

Considera que se ha dado un movimiento de reacción contra la persistencia de esa violencia e, incluso, contra su recrudecimiento. «En gran parte también porque ahora, mediante las redes sociales, hay una mayor amplificación de los casos de violencia sexual».

En palabras de Posada, «la violencia sexual ha sido retomada por el feminismo como puntal, entendiendo el problema como algo muy amplio». No obstante, los casos de agresión se repiten día tras día y esto sucede, en palabras la profesora universitaria, porque, a pesar de que veamos movilizaciones masivas en la calle, «es una minoría la que se declara y actua de manera feminista y sostenida: el resto de la sociedad está contra la violencia sexual cuando esta se manifiesta de manera luctuosa, pero no es capaz de enfrentarse a las causas estructurales de esta violencia; es decir, no es capaz de visibilizar la desigualdad sociosexual». En su opinión, acabar con la violencia «implica una cosa tan difícil de hacer como es erradicar la estructura que permite que se reproduzca, el patriarcado».

La contrarreacción patriarcal. A su entender, las “manadas” y los casos de violencia entre jóvenes entran dentro de una lógica de lo que sería una contrarreacción: «Al igual que ha pasado siempre, frente a las conquistas que las mujeres y el movimiento feminista han hecho, se está dando una contrarreacción patriarcal y se está asentando un paradigma nuevo de patriarcado que es el patriarcado violento, con muchas formas de expresión que no se limitan al asesinato de mujeres».

Pese a todo, la filósofa y profesora de la Universidad Complutense de Madrid considera que el movimiento feminista se muestra imparable, y más ahora que cuenta con un arma que antes no tenía: las redes sociales. «Estas herramientas nos permiten amplificar el debate, tener conciencia de lo que pasa en otros sitios y llevar el feminismo a un plano internacional». Porque, al fin y al cabo, tal y como constatado en muchos de sus artículos Pardis Mahdavi, profesora de la universidad de Denver y experta en género, la inspiración se vuelve contagiosa y el «éxito de un movimiento lleva a otro».

Sobre las redes sociales y su utilidad para el movimiento feminista ha reflexionado y mucho la periodista Moserrat Boix, creadora a mediados de los 90 de Mujeres en Red, una plataforma digital y centro de recursos sobre feminismo, género e igualdad pionero en la red. Boix coincide con Posada al señalar que Internet y el activismo feminista en las redes han construido con mucha más solidez el feminismo internacional. «Las agresiones sexuales y las violaciones ya eran un tema que preocupaba al feminismo de la segunda ola y se trataba en las reuniones en los años 60-70; lo que entonces se trataba en asambleas o pequeños grupos ha explotado públicamente gracias a las nuevas tecnologías», recuerda.

Las redes sociales crean, en su opinión, un efecto multiplicador y han tenido un papel fundamental en el fenómeno MeToo; sin embargo, cree que es preciso analizar también la coyuntura en la que se produce este fenómeno: «Ese mismo año, en enero, tiene lugar la toma de posesión de Trump y la gran manifestación que recorre las calles de Washington. Miles de mujeres de diferentes colores salen a la calle unidas y esto representa un antes y un después dentro del feminismo de EEUU. Venían de un momento en el que había muchas diferencias e incluso broncas, pero cuando llega Trump se dan cuenta de que tienen que sumar».

La velocidad de intercambio de información es actualmente «brutal» dice, y para el movimiento feminista y para la democratización y la viralización del MeToo ha sido fundamental. Recuerda Boix que cuando comenzaron con el activismo feminista en redes estaban entusiasmadas con el abanico de posibilidades que se les abrían: «De pronto, utilizando Internet o haciendo un blog podíamos saltarnos el veto histórico que habíamos tenido en los medios de comunicación tradicionales». De este modo, herramientas como el correo electrónico les permitían «esa horizontalización, fundamental para descubrir que efectivamente había muchos problemas comunes, pero que quizás en un momento determinado las agendas podían ser diferentes, según la situación concreta de cada país».

Precisamente, «a pesar de que en todos la violencia contra las mujeres es un elemento clave de la agenda a la que combatir», la traducción que el movimiento MeToo ha tenido en un lugar o en otro es uno de los elementos claves de su éxito, en opinión de Boix.

Mensajes de intoxicación. Pese a todo, considera Boix que «lo que hace unos años era una gran esperanza –las redes sociales–, en estos momentos se ha convertido en un ¡ojo!». Y es que, tras la euforia inicial y tras darse cuenta de que «25 personas bien organizadas pueden hacer un ruido que no harían miles de personas en la calle», reconoce que ha transcendido la parte negativa de estas herramientas. «A partir de un momento, se utilizan cada vez menos armas tradicionales y la información se convierte en un arma estratégica y clave. De esa manera, comienza de una manera brutal el intento de influir a través de la manipulación».

Un claro ejemplo, según ella, es la campaña electoral de Donald Trump, «que nos demostró la utilización de herramientas potentes para influenciar de manera salvaje, incluso con mentiras, al electorado». A este respecto, afirma que en este momento «es preocupante la intoxicación que ejercen sectores que alzan su voz contra el feminismo» y que también tienen su traducción en las redes sociales: «Muchos de ellos tienen dinero, por lo que es difícil compensar las estrategias que se llevan a cabo».

Considera además Boix que es necesaria una reflexión más pausada, que las redes sociales no facilitan porque en ellas predomina lo emocional. «Nos falta, volver a una pregunta que hace unos años nos hacíamos de manera muy consciente y que ya hemos olvidado: ¿Para qué voy a usar esto?», asegura. Pese a todas las advertencias, tanto Boix como Posada reconocen a las redes sociales como un altavoz para un movimiento que está cada día más extendido y una reivindicación, la que se alza contra las agresión y abusos a mujeres, que, probablemente, con el inicio del juicio a Weinstein volverá a agitar nuevamente la red.