2020/01/19

Erreportajea
contra clichés y prejuicios
Abordar estereotipos, repensar masculinidades
Jeremy Suyker / Item
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El color de la piel, la orientación sexual, el género y el peso no importan aquí, siempre que se trabaje de manera conjunta para convertirse en más fuertes en el campo y en la vida en general». Estas son las palabras de Leighton Cheal, expresidente de los Berlin Bruisers.

Tradicionalmente, el deporte como institución reproduce un modelo de masculinidad hegemónica y los atletas masculinos deben realizar el ideal de lo que significa ser hombre. Este código de masculinidad dominante es una configuración de prácticas de género, por ejemplo, expresadas por valores tales como el coraje, la restricción emocional, la dureza y la virilidad.

A diferencia de otros equipos donde a los hombres se les pide que exhiban tales valores, en el equipo de rugby Berlin Bruisers son bienvenidos jugadores altos, bajos, gordos, delgados, gays, transexuales y heterosexuales, la mayoría de los cuales nunca habían estado cerca de una pelota de rugby. Los Berlin Bruisers surgieron en abril de 2012 con jugadores de todos los niveles y orígenes (hay alrededor de veinte nacionalidades entre los cerca de cuarenta miembros que componen el equipo).

Todos ellos participan en torneos internacionales, entrenan dos veces por semana y juegan en la Liga Regional junto con otros diez equipos en un país donde el rugby no es un deporte convencional. Los partidos generalmente se disputan delante de una audiencia muy escasa, lejos de los miles de aficionados que albergan los principales estadios deportivos. Pero su historia es inspiradora, más allá de la comunidad LGTBQ, ya que se trata principalmente de la vida cotidiana de unas personas que también lo son.

Este equipo amateur de rugby no tiene miedo de dejar de lado los estereotipos, el único requisito es compartir los valores de igualdad, tolerancia, trabajo en equipo y coexistencia. Cada miembro encuentra la fraternidad y aceptación que puede no tener dentro de su propio entorno, muchas veces comenzando desde la propia familia. Iniciativas como esta no solo mejoran las condiciones sexuales de las minorías, sino que también ayudan a promover formas más flexibles de las masculinidades heterosexuales.

Los jugadores del equipo no temen ser socialmente percibidos como homosexuales, ni necesitan expresar sexismo o actitudes homófobas para exaltar su masculinidad. A pesar de los cambios que ocurren en las sociedades occidentales y en el mundo del deporte, la mayoría de las veces los atletas homosexuales deciden permanecer en silencio. Esta cultura de “No preguntes, no hables” no existe dentro de los Berlin Bruisers.

Los jugadores pueden elegir expresarse o no: hay espacio para compartir, pero no para cohibir a nadie por su orientación sexual.

Este grupo de hombres sacude el concepto mismo de heteronormatividad y nos obliga a reflexionar sobre la cuestión de la representación de masculinidad en la sociedad. Allanan el camino para que los individuos rompan amarras del entorno cultural y social impuesto dependiendo del género y de la sexualidad. A través de su acción poco común, estos hombres comunes brindan una respuesta constructiva a asuntos como la convivencia, la tolerancia y el respeto a las diferencias.