Iñaki SOTO|DONOSTIA|2019/12/02

Tras 21 largos años, las empresas editoras de “Egin” han recuperado las llaves del escaso patrimonio que ha quedado en pie: el pabellón de Hernani y la redacción de Gasteiz. El embargo que pesa sobre estas propiedades convierte este acto –que, en otras circunstancias, hubiese podido ser de justicia poética– en un trámite amargo.