2015/08/11

Daniel Galvalizi
Scioli ganó pero la oposición lo forzaría a una segunda vuelta

Con el 38,4% de los votos, el kirchnerista fue claro triunfador de las elecciones primarias presidenciales, pero la alianza Cambiemos llegó al 30,1%, lo que proyecta en octubre una diferencia que no alcanzaría para una definición en primera vuelta. El tercer lugar fue para una alianza peronista opositora y las fuerzas de izquierdas quedaron rezagadas.

Scioli fue el aspiranteoficialista con máschance para suceder ala presidenta, por loque ella decidió quelos demáscontendientes dieranun paso al costado.

El domingo tuvo lugar el primer paso formal para la sucesión de la presidenta. Las primarias de Argentina –similares a las de EEUU, pero las hacen de forma simultánea todos los partidos en todas las provincias– mostraron que el kirchnerismo cuenta con mayores chances de ganar, aunque disminuyó en 12 puntos su caudal electoral con respecto a 2011. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, resultó ganador de la jornada con el 38,4% (más de 8,3 millones de votos), aglutinando todo el voto kirchnerista, ya que la presidenta decidió que no haya internas.

Cambiemos, una coalición entre el liberal PRO del alcalde de la capital, Mauricio Macri, y los partidos de centro UCR y Coalición Cívica, obtuvo el 30,1% (6,6 millones), en una primaria disputada por tres candidatos.

En tercer lugar, la alianza UNA, que llevaba a los peronistas enfrentados al Gobierno Sergio Massa y José de la Sota, alcanzaba el 20,6%.

Pero los partidarios de Scioli preferían destacar otro dato: su candidato aventajó a Macri por más de tres millones de votos (alrededor del 14%), y la mayor brecha la consiguió en los bastiones del peronismo (las provincias del norte y los suburbios de Buenos Aires). En sentido contrario, desde Cambiemos intentaron mostrar a sus tres candidatos unidos y consideraron que la diferencia se achicará en las generales de octubre debido a la polarización del electorado, que verá en Macri la opción útil para derrotar al kirchnerismo.

El caso de Scioli es considerado por especialistas como algo único: los estudios muestran que gran parte del electorado no le culpa de los grandes problemas que suceden en la provincia que gobierna y que su discurso, más moderado que el de la presidenta, hace que se le vea como el más distinto dentro de lo mismo. Basta buscar en YouTube unos pocos segundos para encontrar vídeos de los históricos enfrentamientos entre Néstor y Cristina Kirchner con Scioli. Es que el gobernador nunca perteneció al entorno de confianza de los presidentes; siempre fue mirado con desconfianza por parte de la militancia kirchnerista debido a sus relaciones amistosas con el oligopolio mediático Clarín, con quien el candidato mantiene una gran relación de negocios.

Scioli ingresó a la política como diputado en 1997 siendo un alfil del presidente peronista Menem, responsable de la década neoliberal que concluyó en la gran crisis de 2001. Luego, pasó a responder a otro cacique peronista, Eduardo Duhalde, presidente interino durante la crisis, quien al pactar con los Kirchner una alianza en 2003 llevó a que Scioli ocupe la vicepresidencia. Así fue como el gobernador integró el kirchnerismo. Pero su adicción a la comunicación política le llevó a construir una imagen pública que es vista como la contracara dialogante y abierta de un liderazgo kirchnerista que profundizó su perfil autoritario y sectario en los últimos años. Por ello, fue el aspirante oficialista con más chance para suceder a la presidenta, por lo que ella decidió que los demás contendientes dieran un paso al costado y ubicó en la candidatura a la vicepresidencia de Scioli a su más estrecho colaborador, el secretario de Estado Carlos Zannini, estratega del kirchnerismo. Además, llenó las listas de diputados y senadores con dirigentes del ala más leal a ella.

Con todo, Scioli no logró la meta que deseaba: el dorado 40%. Según la ley electoral, ganan en primera vuelta quienes obtengan el 45% o logren entre 45% y 40% pero con 10 o más puntos de diferencia con el segundo. Eso será difícil porque tras 12 años de kirchnerismo, Scioli tiene un techo electoral más bajo que cualquier opositor, por lo que se plasmó anteayer la alta posibilidad de que haya una segunda vuelta palmo a palmo con Macri en noviembre.

El 62% votaron opciones opositoras fragmentadas. Quien llevó las de ganar fue el alcalde porteño, quien hace un año figuraba en el tercer lugar y alcanzó este año un ascenso notable. De aquí a 10 semanas, Macri deberá esforzarse por sumar cada uno de los votos de sus competidores internos y, especialmente, lo máximo que pueda de lo obtenido por el peronista UNA y las otras fuerzas. Cambiemos cree que el hartazgo para con el kirchnerismo de la mitad del país jugará a su favor en las generales y, más aún, en una eventual segunda vuelta.

Dado que el hastío del electorado opositor al kirchnerismo es mayor por sus formas y su deriva autoritaria que por su legado económico, Macri dio un giro discursivo para moverse al centro. La inflación del 30% y las restricciones para adquirir moneda extranjera son muy impopulares, pero no así las medidas tomadas para estatizar YPF, Aerolíneas Argentinas o los fondos de pensiones. El alcalde aseguró que no reprivatizará nada y que mantendrá las ayudas implementadas por el kirchnerismo, lo que le valió el sarcasmo de sus rivales. El tiempo dirá si le dará los votos de centristas que aún se niegan a votarle por temor a que suponga un regreso a las peores políticas de los años 90 (por más que, paradójicamente, quien más las defendió en su momento fuera Scioli).

Otro desafío para Cambiemos representa el sistema de votación argentino, arcaico y funcional al triunfo de los que cuentan con mayores recursos: no sólo porque obliga a cada partido a financiar sus papeletas (cuyo costo total es de 3 millones de euros) sino que el Estado no controla el escrutinio, obligando a que cada partido disponga de fiscales para verificar que el conteo sea legítimo. Esto lleva a que sea el peronismo, con los recursos ilimitados que le da controlar el Estado nacional y el de 20 provincias, el que mejor chance tiene de solventar semejante estructura.

Las fuerzas de izquierda se vieron rezagadas en comparación con 2011 y 2013. La centro izquierdista Margarita Stolbizer (aliada con los socialistas, con quienes se negó a sumarse a Cambiemos) obtuvo un magro 3,5% de los votos, mientras que el trotskista Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) alcanzó el 3,3%. La novedad del FIT fue el resultado logrado por el joven diputado Nicolás del Caño, quien le ganó la interna al histórico dirigente del marxismo argentino, Jorge Altamira.