Amalur ARTOLA
DONOSTIA
Elkarrizketa
MARÍA GUDÍN
NEURÓLOGA Y ESCRITORA

«Cuando escribes una novela vives en una neurosis obsesiva continua»

María Gudín (Oviedo, 1962) se ha trasladado a la Donostia de 1655 para dar inicio a «Mar abierta» (Grijalbo), novela en la que narra las vivencias de Catalina de Montemayor y Oquendo. Se trata de una historia de amor y aventura en la que la sicología de los personajes cobra especial relevancia.

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Aventuras, piratas y, por medio, una historia de amor. ¿Con qué nos toparemos en «Mar abierta»?

La novela es una historia de amor y de aventura, que se inicia aquí en el País Vasco. Empieza en la casona familiar de los Oquendo, que estaba en la ladera del monte Ulia: hay una mujer que tiene una hija aparentemente soltera, aunque ya se ha casado en secreto, y cuando la rechazan la destierran del palacio que tenían los Oquendo en el centro de San Sebastián y la llevan a esa casona. Con el tiempo se casa con Pedro de Montemayor y tienen una niña, Catalina, con la que se van a Sevilla, luego a América y madre y la niña son apresadas por unos corsarios que las llevan a Inglaterra, donde acaban en un burdel. Al final, la niña es educada por una familia inglesa que la recoge porque conoce a los Oquendo. La novela trata del reencuentro y la sanación de heridas.

¿Como se interesó por la familia donostiarra?

Tengo un hermano que le encanta el mar y pensé escribir algo sobre marinos vascos. Primero me interesé por Blas de Otero, pero es un personaje muy utilizado... Luego pensé en Urdaneta y el tornaviaje, pero siendo él fraile me parecía bastante complicado meter una historia de amor (ríe), y es cuando descubrí a los Oquendo. El bisabuelo era un marinero de la Zurriola que recogía conchas y pescado y que se embarcó en la carrera de las Indias y, se supone, se hizo millonario a partir del contrabando. Llegó a tener su propia armada, le nombraron capitán general de la escuadra del Cantábrico, participó en la Armada Invencible... Oquendo va apareciendo en el trasfondo de la novela como un personaje y valor añadido al personaje de la niña, Catalina de Montemayor y Oquendo.

¿Cómo ha trabajado el personaje central de Catalina?

A Catalina, yo que soy médico, la puedo describir como un síndrome de estrés postraumático. Es una persona que ha pasado por un trauma emocional muy grave, una guerra, una violación... y se echa la culpa de lo que le ha ocurrido. Los recuerdos la invaden de tal manera que, por ejemplo, se queda frígida y el amor de su vida, que es Piers, tiene que aprender a ayudarla a superarlo. Lo importante de la novela es la personalidad de los personajes porque, mientras Catalina se mete para adentro, Piers reacciona con violencia y se hace pirata, porque matar le alivia el sufrimiento interno. Son dos personajes complejos que obedecen a un mismo origen común.

¿Cómo fue el proceso de documentación?

Todo está escrito. Utilicé varios fondos de documentación y encontré cartas, escritos, documentos, libros históricos... Creo que las novelas tienen que llevar su tiempo, porque tienes que madurarlo, alcanzar una serenidad, meditar sobre los personajes... En realidad, cuando estás con una novela vives en una neurosis obsesiva continua, porque estás todo el rato pensando en ella, en cómo darle madurez, harmonía... Pero lo hago a gusto, porque para mí la literatura es un descanso. Por eso animo a la gente a que lea la novela, porque si disfrutan la cuarta parte de lo que he disfrutado yo escribiéndola... les gustará.

¿Qué le aporta la literatura?

Evadirme del mundo cotidiano, que a veces puede ser muy duro cuando tienes una profesión en relación con el sufrimiento. Si te trasladas a otra época y lugar, te evades. A veces llego a convivir con mis personajes, es maravilloso meterte en un mundo inventado. Por eso he empezado ya con una novela sobre Egipto, situada en el año 1.500 a.C.