2017/06/18

nicola molinaro
investigador del bcbl

Nacido en Friul, al noreste de Italia, Nicola Molinaro es investigador del Basque Centre on Cognition, Brain and Language (BCBL) desde su nacimiento, en 2009. Ha liderado un estudio que muestra el fuerte lazo que une la habilidad de anticipar lo que vamos a leer o escuchar y el aprendizaje. Cuando se produce un error en las predicciones el mecanismo se ajusta para las siguientes veces. Así es como aprendemos.

«Los nativos euskaldunes predicen antes; lo necesitan»
Maider IANTZI|DONOSTIA
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Visitamos el Basque Centre on Cognition, Brain and Language (BCBL) para reunirnos con Nicola Molinaro. Este investigador italiano ha liderado un estudio sobre la habilidad de estimar lo que vamos a leer o escuchar, una capacidad que, según han concluido, está muy relacionada con el aprendizaje.

Cuenta que cuando habla de la predicción en la calle la gente se queda un poco perpleja. Pero nuestras cámaras de foto y teléfonos funcionan así. Al grabar un video las cámaras no sacan una imagen por cada frame, sino lo que cambia del antes al después. También el cerebro procesa solo lo diferente, lo que supone un ahorro energético brutal. Eso explica por qué es tan rápido.

Molinaro nos contagia desde el primer minuto su pasión por saber cómo funciona el cerebro en el aprendizaje y desarrollo del lenguaje. Indica que intentamos anticipar lo máximo. Por ejemplo, antes de entrar en una habitación ya tenemos preactivados los programas motores para movernos allí. La puerta está cerrada, no vemos nada. Pero ya tenemos planeados unos movimientos antes de ver el espacio. «Si al entrar se ha caído una silla, los movimientos planeados se tienen que modificar. Si eso se repite muchas veces incluimos esa información en nuestro conocimiento. Eso pasa con los idiomas».

Aprender de los errores

Él es de Friul, al noreste de Italia, y su lengua materna es el friulano. No empezó a aprender italiano hasta los 5 años. Habla también inglés, castellano, un poco de francés, y está estudiando euskara. Comenta que aprendió pronto el castellano porque tenía su modelo de italiano y podía anticipar mucho lo que iba a escuchar. «De esta manera intentaba, además, producir en castellano, cometiendo muchos errores. El modelo se ha ido ajustando y he ido mejorando mi conocimiento, mi habilidad de estimar lo que iba a escuchar en base a los errores que hacía. Así he aprendido el castellano, sobre todo a hablarlo».

Tenía en la cabeza una idea: los euskaldunes deben predecir más. ¿Por qué? Por la forma de la lengua. «En castellano y muchísimos idiomas europeos tenemos preposiciones, auxiliares, artículos… que nos ayudan a estructurar el contenido. Estas palabras pueden ir antes o después. En castellano van antes, en euskara después. Ese hecho retrasa mucho a los euskaldunes el momento en el que pueden estructurar el contenido. Asumir un proceso palabra por palabra implicaría un coste de trabajo muy importante, hasta el punto dificultar la comunicación. Por eso, los euskaldunes han desarrollado más la predicción; lo necesitan».

El experimento

Desarrollaron el experimento sobre una muestra de 48 personas, todas ellas bilingües competentes. La mitad eran castellanohablantes nativos y habían sido expuestos solo a ese idioma hasta los tres años. La otra mitad eran vascoparlantes nativos, expuestos solamente al euskara hasta la misma edad. «¿Hay todavía una huella que se ha quedado de esa habilidad aprendida en un momento en que el cerebro era tan plástico?, nos preguntamos. Parece que sí. Vimos que los nativos euskaldunes tenían una reacción cerebral más rápida al predecir».

Pero, ojo, con esto no quiere decir que un grupo sea mejor que el otro. «De hecho, predecir demasiado a veces puede ser un problema, porque hay trastornos, por ejemplo esquizofrénicos, en los que pesan mucho las predicciones y menos la evidencia de la realidad. Por eso se producen las alucinaciones».

En milisegundos

De todas maneras, en el día a día nos apoyamos mucho en las predicciones. «Cuando escuchamos recogemos alguna información, pero la mayoría del contenido del mensaje no. Tomamos unas palabras clave y con eso ya nos vale. Esto es muy importante en la comunicación. Mientras estoy hablando tú ya has asimilado buena parte de lo que te voy contando y mientras tanto estás desarrollando lo que me vas a responder y estás estimando también el tiempo para saber cuándo voy a terminar de forma que tú puedas empezar a hablar. Al principio das más peso al contenido de mis palabras pero después ese peso baja mucho porque empiezas a desarrollar tu respuesta. Hay un solapamiento», explica.

Añade que en las discusiones parece que mucha gente está hablando sola. «Se están apoyando en lo que tienen en la cabeza, pero ¿se están comunicando de verdad? No mucho».

Todo eso ocurre en milisegundos. En este experimento los euskaldunes ajustaban las predicciones más o menos en 150 milisegundos y los castellanohablantes en 250. «El lenguaje es muy rápido. Si no fuera así, no nos podríamos comunicar».

Por esa razón han utilizado la electrofisiología, que mide la actividad eléctrica del cerebro y es muy buena para estudiar estos mecanismos tan rápidos. En este caso la resonancia no sirve por resultar demasiado lenta.

Les gustaría probar el experimento con otros idiomas y buscan laboratorios que les puedan ayudar. «Encontrar poblaciones de bilingües tan bien balanceados como aquí es muy difícil. Además, que estas lenguas tengan características tan lejanas es ideal para el estudio».

La lengua nativa, más peso

El investigador defiende que el saber que nuestras predicciones se basan mucho en el idioma nativo puede contribuir a que a largo plazo en los mecanismos o técnicas de enseñanza pese más esta lengua. Puede ayudar a estructurar o enfocar la enseñanza más a la persona.

«Yo voy a clases de euskara. Me enseñan por medio del castellano y veo que me cuesta un montón. Mi esposa, que tiene mejor castellano que el mío, está aprendiendo mejor. La enseñanza del euskara está muy ajustada al castellano. El punto de partida de cada uno tiene mucho que ver».

¿Qué ocurre con este mecanismo de predicción en el caso de tener dos lenguas madre, el euskara y el castellano? «No lo hemos estudiado. Pero se nota que los niños que desarrollan dos modelos de lenguaje tardan más en empezar a hablar. Tienen que predecir en dos idiomas y, luego, empezar a producir en los dos. Mi hipótesis es que una vez que tenemos un modelo tan plástico y flexible introducir una tercera lengua sería más fácil».

Molinaro se muestra satisfecho con esta investigación sobre la predicción publicado recientemente, porque ya lo han repetido dos veces y han confirmado lo observado. «Ahora estamos pensando en estudiar si la estructura de nuestro idioma influye en cómo percibimos la realidad».

Cómo incide en la dislexia

También quieren ver qué papel tienen estas habilidades predictivas en el desarrollo de trastornos del lenguaje como la dislexia. «Hemos visto que los disléxicos tienen más dificultades para estimar la entonación. Anticipas cuándo voy a terminar una frase o cuándo vienen las palabras clave en base a mi entonación. Los disléxicos tienen esta habilidad menos desarrollada y por eso les cuesta crear representaciones claras de los sonidos».

El científico italiano realizó el doctorado en su país. Después se fue a Washington, donde estudió en un laboratorio el proceso de comprensión de oraciones. «Me pareció muy interesante el hecho de que se pudiera estudiar el lenguaje, algo tan abstracto, a través de reacciones cerebrales. A la vuelta intenté quedarme en Italia, pero no había mucho espacio y recursos y, como la mayoría de los investigadores italianos, decidí marcharme. Después de unas vueltas llegué aquí».

Es investigador del BCBL desde que se abrió en 2009. «Me he quedado por muchas cosas, entre ellas porque es un centro donde tenemos la posibilidad de hacer investigación sin perdernos en burocracias. Es como un Disney Land. La investigación necesita años para desarrollarse y tenemos el compromiso del Gobierno Vasco de soportar a este centro a largo plazo. Una ayuda de este tipo no es común en ciencia en Europa».

Por otra parte, valora la interacción con la comunidad local, que es «muy participativa y entusiasta. Es un entorno que estimula mucho».

Trabaja principalmente en determinar cómo funciona el cerebro en el aprendizaje y desarrollo del lenguaje y cuál es el papel del mecanismo de predicción. Luego trata de aplicar esto a los trastornos de desarrollo. Tiene también en la agenda la idea de una investigación para saber cómo desarrollan los músicos este mecanismo.

«La conexión entre predicción y aprendizaje es muy fuerte. Por tanto, estimulando mucho más algunas habilidades predictivas se puede estimular a lo mejor el aprendizaje».

Leemos lo que pensamos

Señala que anticipamos tanto que cuando esperamos una palabra y está escrita otra leemos lo que pensamos. «Esto puede provocar incluso accidentes de tráfico. Si cada vez que pasamos por tres semáforos seguidos el primero está en rojo y los siguientes en verde, pasamos sin mirar. Pero tal vez por alguna razón el último se había puesto en rojo. En estas desviaciones de la realidad de nuestras expectativas sobre el mundo es donde hacemos errores y de esos errores aprendemos: en el habla, la música…».

Esta teoría del funcionamiento del cerebro está bastante aceptada en estudios de visión, de escucha básica, de atención… En el lenguaje, en cambio, «ha sido bastante criticada ya que se piensa que es nuestra forma de ser creativos, que tiene tanta libertad que es impredecible. Pero no es así. Es muy predecible».

LENGUAJE Y ARTE


«Se piensa que el lenguaje es nuestra forma de ser creativos, que tiene tanta libertad que es impredecible. No es así. El arte es romper las expectativas»
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