2017/12/14

Jesús Valencia
Internacionalista
La muerte tenía un precio

Con regularidad digna de mejor causa, sale del puerto de Bilbao el carguero Bahri Jeddah. Su casco pintado en azul y blanco no deja traslucir la siniestra carga que lleva en sus bodegas

Era la mañana del último 23 de noviembre. Nos congregamos ante el Parlamento Vasco convocados por Ongi Etorri Errefuxiatuak y una delegación de los concentrados accedió a la tribuna de invitados. El Plenario iba a debatir la propuesta de EH Bildu y Elkarrekin Podemos para embargar la venta de armas que, desde el puerto de Bilbao, son transportadas a Arabia Saudí. En el juego de tronos que se desarrolla en dicho país, cada vez emerge con más fuerza Mohammed Bin Salman, príncipe heredero y ministro de defensa. Con el visto bueno de Estados Unidos, conformó una coalición de diez países y declaró la guerra a Yemen; comenzaron los bombardeos el 25 de marzo de 2015. Quien ha detenido y torturado en fechas recientes a parte de su parentela, no iba a guardar mayores miramientos con la población yemení a la que considera más despreciable que un rebaño de cabras.

Durante el debate, me rondaban por la cabeza algunos escenarios yemeníes que sólo conozco por referencias pero que provocan escalofríos: el pequeño hospital de Abs, pueblecito ubicado al noroeste del país, fue demolido por los aviones saudíes. Médicos Sin Fronteras –regente del centro– había dado las coordenadas precisas para que dicho establecimiento fuese respetado; la información produjo el efecto contrario. El mercado de Hajja, bombardeado en la hora de mayor concurrencia, incrementó el listado de civiles asesinados que, para estas fechas, ya se cuenta por miles. Escuelas o viviendas, bodas o funerales, cualquier concentración humana es oportuna para agrandar la escabechina. Si a un pueblo como el yemení se le cortan las fuentes de suministros, todos los jinetes del apocalipsis galopan desbocados por sus polvorientos arenales: el hambre, las enfermedades, la peste campan a sus anchas completando los estragos de las bombas.

Pese al silencio que recubre esta carnicería, son numerosas las voces que se han levantado exigiendo su cese: Amnistía Internacional, Oxfam-Intermón, Greenpeace; el propio Parlamento Europeo recomendó en su día el embargo militar y económico a Arabia Saudí. Tal clamor no le quita el sueño a Mohammed Bin Salman; cuenta con la complicidad de quienes le suministran todo lo que necesita para continuar la matanza. Los lanzagranadas que utiliza han sido fabricados por la empresa bélica de Pedro Morenés, antes ministro de defensa y ahora embajador español en EEUU. Los pilotos de los bombarderos saudíes fueron entrenados en Morón de la Frontera. Felipe VI visitó este año al Gobierno de Riad con un cortejo de empresarios, 24 de ellos vinculados a la producción armamentística.

El mercado de armas vasco no queda al margen de este negocio. Con regularidad digna de mejor causa, sale del puerto de Bilbao el carguero Bahri Jeddah. Su casco pintado en azul y blanco no deja traslucir la siniestra carga que lleva en sus bodegas. Hizo falta el ejemplar plante de un bombero para que conociéramos esta realidad. Casi 9.000 toneladas de explosivos han salido de nuestra tierra en el lapso de 10 meses. El movimiento feminista vasco ha convocado para el 16 de diciembre una marcha antimilitarista en Santurtzi. El lema de la convocatoria resulta impactante y cierto: “La guerra comienza en el puerto de Bilbao”. Machismo, capitalismo y guerra, un contubernio de uñas afiladas.

Si hace unos pocos años la venta de armas vascas ascendía a 46 millones de euros, ahora alcanza los 1.245 millones. Eso explica la obstinación de determinados partidos por mantener abierto el mercado, esconder los datos y castigar a quienes lo denuncian. El PNV ocultó información sobre el tema cuando le fue solicitada. En el referido Pleno, tanto este partido como PP y PSE, derrocharon demagogia para evitar el embargo (¡ay los del suelo ético!). Veinte días más tarde, el Parlamento Europeo aprobó por 539 votos a favor y 13 en contra, otra nueva resolución para imponer el embargo de armas a Arabia Saudí. Bochornoso papelón de los políticos que apoyan la venta de armas y arremeten contra quienes les cuestionan. A Ina Robles, el único ciudadano que cumplió la recomendación del Parlamento Europeo, la Diputación de Bizkaia le abrió expediente disciplinario. El parlamentario que defendió la propuesta y quienes aplaudimos sus argumentos, fuimos expulsados del salón de plenos. También quienes nos invitaron a la tribuna fueron sancionados.

En el contexto de una sesión crispada y tensa, resultó reconfortante el poema de la colombiana Marta Gómez con el que Mikel Otero acabó su intervención: «Para la vida una canción/ para el cielo un arco iris/ para el bosque un ruiseñor/ para el campo una amapola/ para el mar un arrebol… Y para la guerra, nada».