2018/03/13

Belén MARTÍNEZ
Analista social
Blindada la esperanza...

Creían el Gobierno y las élites económicas que el 8M iba a ser una andanada callejera de feministas trasnochadas. Aún nos estremece la inmensa fiesta jubilosa y nos aferramos al instante que no admite pesimismo. Algo nuevo emerge que nos interpela y exhorta. ¿Es el preludio del final del patriarcado? Me temo que debemos seguir peleando y escribiendo sobre lo que nos ofende y disgusta (que diría Maraini). Esgrimiendo esta máxima, denuncio la brecha salarial existente, a pesar de la ratificación de instrumentos internacionales y el derecho comunitario. La conciliación de la vida profesional y familiar es experimentada por las mujeres como conflicto, más que como derecho, debido, entre otros, a un uso de los permisos en función de economías de escala derivadas de la vida en pareja (ganancias).

El contrato a tiempo parcial (impuesto) es la figura emblemática de la división sexual del mercado laboral, con bases de cotización –sueldos– más bajos que inciden negativamente en las pensiones de jubilación de las mujeres. La «flexeguridad» refuerza aún más la segmentación y la segregación ocupacional, intensificando los empleos atípicos.

Necesitamos ya políticas económicas, fiscales y de tiempos igualitarias, corresponsables y solidarias, vertebradas en torno al cuidado social.