2018/05/16

Kronika
20 AñOS DE LOS ACUERDOS DE VIERNES SANTO
El legado de Ahern en Bilbo: «La clave es el respeto mutuo»

Veinte años después de los Acuerdos de Viernes Santo, uno de sus «arquitectos», Bertie Ahern, recordó que estos llegaron porque hubo gente que creyó que era posible transformar el panorama político. Dos décadas después el relato tampoco allí es único, la clave, dijo, es el «respeto mutuo».

Nerea GOTI
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Ahern destacó que el reto ahora es superar las consecuencias del Bréxit y que Irlanda no se convierta en un «daño colateral» de la negociación.

El ex primer ministro irlandés Bertie Ahern dejó ayer en Bilbo el legado de su experiencia en los Acuerdos de Viernes Santo, el inicio de «una nueva era» para Irlanda tras siglos de conflicto que narró sin distinción entre víctimas ni actores del enfrentamiento armado, con un nítido balance: veinte años de paz con «flecos» por resolver han hecho de Irlanda «un lugar más fuerte», concluyó.

La alocución de Ahern, invitado por Sabino Arana Fundazioa, llegó tras las palabras del presidente del EBB del PNV, Andoni Ortuzar, que tuvo un recuerdo para las víctimas del IRA y de ETA y señaló la profunda convicción europeísta de su partido, que ve en Europa «el principal exportador de paz y libertad».

Ahern recordó que el diálogo en Irlanda dio sus frutos después de varios años de esfuerzo, que hubo actores fundamentales que supieron arriesgar, entre los que resaltó al ex primer ministro británico Tony Blair, describió un escenario en el que nadie daba nada por que se alcanzara la paz, apostillando que aún así el acuerdo llegó y «provocó un amanecer en Irlanda». Ahora, explicó, le preocupa ahora que sea el Bréxit el que genere «nuevas tensiones» y que la UE no sea capaz de dar una solución acertada.

Tanto en su primera alocución como en un turno posterior de preguntas, Ahern habló de la necesidad que sentían de «abatir los muros del tribalismo», de «salir de la camisa de fuerza», de dejar a tras «esos odios», en plural. Retomó la idea de que «nada se acuerda hasta que se acuerda todo», aquella necesidad de «mirar hacia el futuro» y la idea de que «las esperanzas de una nación estaban sobre la mesa». Su mensaje fue el reconocimiento a un logro colectivo y él, presentado por sus anfitriones como uno de los «arquitectos» del acuerdo, se situó como un actor más.

Convencido de que los británicos han cometido un error mayúsculo con el Bréxit que les pasará factura, agregó también que en Irlanda «no estamos dispuestos a tener una frontera dura». «Nosotros estamos trabajando duro, no queremos ser un daño colateral de la negociación del Bréxit», remarcó, para agregar que la solución vendrá del «acercamiento y la colaboración» entre ambas islas. «Después de 45 años trabajando por mejorar nuestra relación, aseguremos que no volvamos atrás» señaló recordando uno de los pilares del Acuerdo de Belfast.

Preguntado sobre el relato, el político dublinés consideró que «es imposible una narrativa común». «Siempre va a haber diferentes perspectivas, en Irlanda hay diferentes visiones sobre lo que ha ocurrido en los últimos 800 años», resaltó, para agregar que «la clave es el respeto mutuo, comprender la opinión del otro y compartir una sociedad, pero no vamos a tener todos la misma opinión».

El encuentro, con apoyo financiero del Parlamento Europeo y en el que participaron electos jelkides y del Partido Demócrata Europeo, contó con la intervención de Patrick Colgan, responsable del Programa de la UE para la Paz y la Reconciliación para Irlanda del Norte y asesor del Gobierno de Irlanda en Colombia. Colgan resaltó que los fondos destinados por la UE y los gobiernos británico e irlandés para impulsar proyectos de reconciliación han sido fundamentales, y citó como ejemplo la construcción de un puente en Derry, al que el consenso bautizó como Puente de la Paz y que consiguió unir física y culturalmente dos comunidades históricamente enfrentadas.