2018/08/24

Aitor Oribe Basarrate
Educador social
Levantar la mirada desde los de abajo
Nuestro único objetivo debe ser la persona migrante, ya este de paso o haya decidido quedarse, ya sea mujer u hombre, adulta, joven o menor, ya sea con recursos o sin ellos...

Durante las últimas semanas, hemos podido ver en los telediarios, leer en la prensa, y redes sociales... muchas noticias sobre la llegada de personas migrantes. Estas noticias no son más que una pequeña parte de la realidad migratoria que se da en nuestra sociedad, y que se lleva reproduciendo en la historia de la humanidad desde sus inicios. Por lo que podemos llegar a afirmar que es algo innato del propio ser humano y por extensión un derecho que tiene toda persona si así lo estima oportuno, independientemente de las razones (huir de la guerra o persecución de cualquier tipo, migración ecológica, migración económica, migración turística…).

Debido a lo apremiante de la situación, las diferentes instituciones han intentado dar la respuesta que han entendido más adecuada dentro de sus momentos, puntos de vista y posibilidades iniciales. Muchas veces, los tiempos políticos no son los tiempos apremiantes que la realidad necesita y las respuestas que se suelen dar, se quedan cortas e incluso llegan tarde.

Por otro lado, la respuesta dada por las entidades y, sobre todo, por la sociedad civil de algunos de nuestros barrios ante una situación de las mal llamadas «personas en tránsito» ha sido, con sus fallos y aciertos, alternativa, solidaria e intentando dar una primera cura a esas heridas y situaciones que desgarran y muchas veces deshumanizan. Seguramente sea una nueva perspectiva a profundizar con la mayor premura.

A toda esta situación debemos unir la cada vez mayor percepción negativa del colectivo, debido al oportunismo de algunos partidos políticos, medios de comunicación... que tienen la derivada del parcheo en las intervenciones del resto de partidos políticos, el cambio de criterio constante y que estos miren hacia instancias superiores (Gobierno de España, Europa...) para justificar o tapar el no haber hecho sus deberes, en vez de mirar hacia abajo. Todas estas respuestas ven la migración como un problema, una crisis, un gasto y se olvidan de lo principal: la defensa de los Derechos Humanos, se debe realizar para todas las personas y en todas las situaciones, independientemente de donde vengan o a donde vayan, si deciden quedarse aquí o si tras descansar, deciden continuar su viaje. Todas las personas con sus diferentes situaciones son necesarias, y sobre todo, son una oportunidad de enriquecernos personalmente y a nuestras sociedades. Por ello es importante el humanizar nuestra acogida.

Aún así, no debemos olvidar nunca que toda iniciativa política, y sobre todo institucional, debe de dar una respuesta real a las necesidades que tienen las personas. Debido a ello, desde las diferentes entidades sociales que trabajamos en el ámbito de las migraciones englobadas dentro de Harresiak Apurtuz (coordinadora de entidades de apoyo a inmigrantes y asociaciones de inmigrantes de Euskadi), las cuales tienen reconocido su valor añadido y su legitimidad dentro de la Ley del Tercer Sector Social de Euskadi que en mayo cumplirá ya tres años, y desde la sociedad civil, vemos que no hay ningún problema con la inmigración. No hay una crisis y mucho menos una avalancha, sino más bien un reto en mayúsculas. Tenemos la oportunidad para que el modelo de sociedad que construimos sea más humano, más inclusivo. Al realizar esta primera mirada hacia abajo, se cumplirá lo que se dijo en Medellín «Lo más bello para los humildes».

Desde hace un tiempo, las entidades sociales vienen demandando en distintos espacios la necesidad de un trabajo coordinado entre las instituciones, el tercer sector y la sociedad civil; el cual pivote sobre un plan, dando una respuesta real y humanizada a las situaciones de vulnerabilidad y exclusión que sufren en general las personas migrantes: dificultades o cobros para empadronarse, trabas para regularizar su situación, imposibilidad de abrir cuantas bancarias, tramites extensísimos para la concesión de asilo, no disposición de las tres comidas diarias, la falta de calidad o proyecto en la atención de los menas (menores extranjeros no acompañados) dentro del sistema de protección, el abandono social e institucional de los antiguos menas al cumplir la mayoría de edad, dificultad para acceder a la formación, el gran problema de la falta de un hogar o de recursos de acogida inicial, temporal... A las cerca de 285 personas en situación de calle, según el último Estudio sobre Personas en Situación de Exclusión Social Grave en Euskadi, se le pueden sumar las 150 que atienden actualmente los colectivos vecinales y las salidas de los próximos exmenas que se encuentran a día de hoy en los servicios de infancia.

Como ya se ha mencionado con anterioridad, está segunda mirada hacia abajo tiene que enfocarse hacia nuestras propias ciudades y pueblos. Se debe comenzar ese trabajo en conjunto, en comunidad, entre las instituciones, entidades sociales y sociedad civil. Apelando a la convivencia como el gran motor de una sociedad moderna, democrática, plural e intercultural, como la que queremos ser. Nuestro único objetivo debe ser la persona migrante, ya este de paso o haya decidido quedarse, ya sea mujer u hombre, adulta, joven o menor, ya sea con recursos o sin ellos... Es una tarea que no puede demorarse más en el tiempo, ya lo ha hecho bastante. Es un gran reto. Es una gran oportunidad de hacer nuestra tierra un lugar de acogida, un lugar de valores y en el que se cumpla el «Fui extranjero y me acogisteis».