2018/09/02

Raúl Zibechi
Periodista
Sánchez relanza relaciones con América Latina
La obra del Corredor Ferroviario es realmente importante. Se trata de 3.500 kilómetros de vías férreas, de los cuales casi 2.000 estarán en Bolivia, además de ramales que llegarán a Paraguay, Uruguay y Argentina

La gira del presidente Pedro Sánchez por cuatro países de América Latina (Chile, Bolivia, Colombia y Costa Rica) busca reposicionar a las multinacionales españolas en el continente, para que recuperen el papel protagónico que tuvieron en la década de 1990, cuando se beneficiaron de las privatizaciones de empresas estatales encaradas por los gobiernos neoliberales de la época.

La visita más importante la realizó en Bolivia donde espera que las empresas privadas y públicas participen en el Corredor Ferroviario Bioceánico que unirá el Pacífico y el Atlántico, entre Brasil y Perú atravesando Bolivia. «Las grandes multinacionales españolas aguardan con expectación al que será el mayor contrato de infraestructuras de América Latina», se sincera el portal “El Economista” (goo.gl/achgcS).

Para Bolivia el Corredor es una iniciativa estratégica para su desarrollo, al punto que Evo Morales lo definió como el «Canal de Panamá del siglo XXI», ya que unirá el puerto de Santos (Brasil) con el de Ilo (Perú), lo que permitirá que buena parte de las exportaciones bolivianas ya no dependan del puerto chileno de Arica (que absorbe el 80% de las importaciones y el 60% de las exportaciones bolivianas), país con el que no tiene buenas relaciones.

Bolivia perdió su salida al mar a raíz de la Guerra del Pacífico, entre 1879 y 1883, cuando Chile atacó Bolivia y Perú y ocupó las ciudades de Antofagasta y Arica, que luego fueron anexadas. El trasfondo de la guerra fue el salitre que era la principal riqueza en la región desértica de Atacama, pero puso en evidencia la superioridad militar chilena y las debilidades internas de sus adversarios.

La obra del Corredor Ferroviario es realmente importante. Se trata de 3.500 kilómetros de vías férreas, de los cuales casi 2.000 estarán en Bolivia, además de ramales que llegarán a Paraguay, Uruguay y Argentina. El costo inicial de la obra se estima en 12.000 millones de euros.

Para tener una idea de la importancia económica del corredor (no sólo para Bolivia sino en particular para el comercio entre Brasil y Asia que es con mucho el más trascendente del continente), debe decirse que el viaje se reducirá en 25 días. Actualmente la carga demora 67 días entre Brasil y Asia si atraviesa el Canal de Panamá y 58 días por el Cabo de Hornos. El tren reduce el viaje a 42 días, lo que es importante ya que China es el principal mercado brasileño.

La magnitud de la obra ha despertado el apetito de las grandes empresas, en particular de las constructoras como Sacyr, Ferrovial, Acciona, OHL y FCC, entre otras. Algunas ya están construyendo líneas de metro o vías de ferrocarril en varios países y habría hasta cuarenta empresas interesadas según “El Economista”. Puede presumirse que ante las dificultades que presenta el mercado inmobiliario español, la presencia de estas empresas en América Latina puede mejorar sus balances, como ya sucede con el Banco de Santander que obtuvo en este continente el 53% de sus ganancias globales en los tres primeros meses de 2018 (goo.gl/7wy9b1).

La gira de Sánchez promueve algunas reflexiones generales y otras vinculadas directamente al caso de Bolivia.

El reposicionamiento del capital ibérico es la primera. Según el analista mexicano Luis Hernández Navarro, editor de “La Jornada”, para fines de la década neoliberal de 1990 «la presencia española en América del Sur se ha vuelto complementaria, y, hasta cierto punto, sustituta de la tradicional hegemonía estadunidense» (goo.gl/SLUS7U). Para 1999 las empresa españolas eran el mayor inversor directo en América Latina. Las inversiones directas pasaron de 780 millones de dólares en 1990 a 100.000 millones de euros en 2001, con destaque en Argentina, Brasil, México y Chile.

Por otro lado, las multinacionales españolas parecen querer aprovechar el clima de inestabilidad económica y política en la región, tal como lo hicieron en los 90. Las empresas argentinas perdieron este año la mitad de su valor a raíz de la imparable escalada del dólar, que subió de 18 pesos en enero de este año a más de 40 pesos esta semana (goo.gl/ATCM7B). Una debacle que, como siempre, favorece a los especuladores dispuestos comprar barato.

La segunda cuestión es que las empresas del Norte buscan aprovechar el hueco dejado por Odebrecht, así como otras grandes constructoras brasileñas, que eran las encargadas de las principales obras de infraestructura en la región durante los gobiernos del Lula y Dilma Rousseff (2003-2016). El banco de fomento de Brasil (BNDS), ofrecía créditos para represas hidroeléctricas, carreteras, puertos y aeropuertos, metros y ferrovías, pero debían contratar a las constructoras de Brasil. Ese hueco está siendo ocupado por empresas chinas, europeas y de América del Norte.

En tercer lugar, China enfrenta algunas dificultades. El tren bioceánico fue inicialmente una iniciativa del primer ministro chino Li Keqiang en una gira por la región en mayo de 2015. El trazado propuesto atravesaría la selva amazónica desde Santos hasta el norte, a través de los estados de Rondonia y Acre, para cruzar la cordillera andina hasta el Perú. En este proyecto la estrella era la exportación de soja, cuyo epicentro son los estados que este trazado preveía recorrer.

Sin embargo, surgieron problemas y ahora el proyecto que atravesaría Bolivia sería el que tiene más posibilidades. A comienzos de este año Brasil comunicó que no participaría en la construcción del corredor que ya contaba con financiación de bancos estatales chinos (goo.gl/gUhA3L). Por su parte, Bolivia se empeñó en que pasara por su territorio, entabló relaciones con empresas suizas y alemanas, y en la disputa con Perú aceptó que el corredor finalice en el puerto de Ilo, en el Pacífico, que se verá enormemente beneficiado con la obra (goo.gl/UwsgyH).

La cuarta es que la anterior «reconquista del nuevo mundo» (como la define Hernández Navarro), desde comienzos de los 90 hasta la llegada de los gobiernos progresistas a comienzo de la década de 2000, la protagonizaron gobiernos del PP, en operaciones comandadas por Rodrigo Rato y José María Aznar. «En esta ocasión se armaron no con ballestas y armaduras, sino con pesetas (euros) y relaciones con la corrupta elite política que subastó los bienes de sus países. Compañías estatales telefónicas, eléctricas, petroleras y de aviación pasaron a manos de propietarios de la madre patria en un abrir y cerrar de ojos» (goo.gl/SLUS7U).

Ahora gobierna el PSOE, lo que puede representar un cambio en el tipo de relaciones entre el Estado español y la región latinoamericana, sobre todo si se tiene en cuenta que accedió al Ejecutivo gracias al apoyo de Podemos y de otras fuerzas de izquierda. A mi modo de ver, el tipo de relaciones que establezca el actual Gobierno de Madrid será decisivo para observar si se distancia de las que mantuvo el PP, donde la voz cantante la llevaban las multinacionales ibéricas.

Por ahora el Gobierno de Sánchez ha evitado condenar al Gobierno de Venezuela, que tuvo muy malas relaciones con el Gobierno de Rajoy que siempre se alineó con la oposición. Su negativa a considerar que en Venezuela existe una dictadura y su llamado a superar la crisis con una salida «democrática y negociada», son esperanzadores en el sentido de que se establezcan relacionales más equilibradas con América Latina.