2018/09/10

EDITORIALA
Diez años de crisis sin enmienda y alternativas

La caída de Lehman Brothers, el 15 de setiembre de 2008, se ha establecido en los libros de historia y economía como el detonante de la mayor crisis del capitalismo. Es el momento en el que se activaron las alarmas de todo el desbarajuste socioeconómico y el sufrimiento humano que vendrían después. No es que no se hubiese anunciado antes, porque los problemas estructurales del capitalismo estaban ahí desde sus orígenes y los indicadores dejaban claro que la deriva neoliberal resultaba insostenible. Lucrativa para unos pocos, devastadora para la mayoría, inviable en términos económicos y medioambientales, planetarios.

Si el neoliberalismo quebraba las normas escritas del capitalismo, en su rescate se violaron las no escritas. No deja de ser paradójico que el símbolo de esta crisis sea un banco al que no se rescató, cuando lo único que se ha salvado durante esta década han sido precisamente bancos. Ni las personas desahuciadas o desempleadas, ni las fábricas y talleres cerrados, ni las comunidades más desfavorecidas, ni pueblos condenados como el griego, han tenido acceso a los beneficios a los que se han acogido los causantes directos de la crisis. Es inaceptable que la imagen icónica de la crisis para algunos sean esos banqueros que jugaron al casino con la vida de las personas y las naciones recogiendo sus bártulos, compungidos, y no quienes eran despedidos de sus trabajos, desterrados de sus casas y países.

Han pasado diez años del estallido de la crisis y, tras un primer momento en el que dirigentes mundiales como Obama o Sarkozy llamaban a «refundar el capitalismo», los mecanismos del mercado global se han pervertido aún más, todo es más opaco y se están reproduciendo las mismas tendencias, las mismas trampas. Se masacró a Grecia, se saboteó la alternativa de Bernie Sanders en EEUU, se ataca al laborismo de Corbyn en Gran Bretaña. Y, sin embargo, todo el mundo sabe que la alternativa vendrá de ahí, o no vendrá. Es tiempo de esperanza, no de fatalismo.