2018/09/11

CLEMENTE BERNAD
FOTÓGRAFO

GARA fue testigo de la primera visita del fotógrafo y artista Clemente Bernad a su exposición «Hitz egin» junto al director de GetxoPhoto Jokin Aspuru. Jokin encendió los focos y Clemente nos narró lo que vivió los días que entró en la redacción y rotativa del diario clausurado por la fuerza hace ahora 20 años.

«Entrar en ‘Egin’ fue como asistir a una exhumación de una fosa»
Patxi GAZTELUMENDI|GETXO
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Han pasado 20 años del cierre del diario «Egin» y la radio Egin Irratia. ¿Cómo ha sido el proceso de creación de esta exposición?

La exposición yo la veo como una culminación y colofón a un trabajo que hice durante 15 años sobre el conflicto vasco desde los ochenta al año 2000 más o menos. Veía que no tenía manera de cerrarlo. En esos momentos me di cuenta de que el cierre por la fuerza de “Egin” fue uno de los hechos cruciales del mismo conflicto. Sabía que el caso estaba en un limbo, la nave estaba expoliada pero pude acceder a las instanaciones en Hernani. Desde el primer minuto, desde que entró la Policía Nacional con el juez se expolió aquello. Una vez abierto el precinto en 2003 se expolió mucho más. Yo entré por un butrón que había en la parte trasera al lado del río. Y me di cuenta de que verdaderamente ese colofón que estaba buscando lo tenía ante mis ojos. Tenía todo el conflicto concentrado, como si se tratara de una “cápsula del tiempo”. Era una cápsula del tiempo brutal, hecha por la fuerza. No tenía cosas insignificantes en su interior, estaba allí todo el patrimonio de un periódico que ocupó un lugar central dentro del conflicto y dentro de la prensa en general. Era un paisaje de guerra.

En esta exposición se ve lo que me encontré allí. Trabajé durante varios días, pero incluso me fue difícil físicamente trabajar en aquellas condiciones, aparte de la reacción emocional que te produce. Aquello se había detenido en el tiempo en el año 98. Ordenadores de aquella época, disquetes de entonces, cintas de casettes del 98... todos los archivos son analógicos, las fotografías en papel. Un conflicto detenido en el 98. Fue un “shock” entrar allá. Físicamente estaba todo deteriorado y contaminado, lo que hacía duro trabajar en aquellas condiciones.

¿En algún momento pensó abandonar aquello, dejarlo y marcharse a casa?

En algunas partes de la rotativa había lugares peligrosos. Yo creo que en algunos momentos sentí una bajada de energía brutal, en más de una ocasión se me cayó el alma a los pies. Me propuse fotografiarlo no como un autor, sino casi como un forense; quería documentar exactamente cada despacho, la rotativa, los estudios de Egin Irratia, cada mesa, cada lugar… para dejar testimonio de cómo está aquello. Poco antes de esta exposición se vació el local y afortunadamente se ha trasladado todo el material al Archivo del Gobierno Vasco.

Hemos mencionado las herramientas, archivos y tecnología de aquella época, usted entra 20 años más tarde, en plena era de Internet y la tecnología digital a «Egin». ¿Como artista, fotografo y persona de Euskal Herria cómo vive esos días en el interior del diario?

Había cosas digitales, pero la redacción era totalmente analógica. Pero para mí la principal sensación era el estar en un paisaje de guerra. Me preguntaba a mí mismo cómo era posible que eso estuviera así, y me propuse que esas imágenes tenían que servir para dar testimonio. Yo hago fotografía documental, y creo que la fotografía es válida para eso, para contar cómo se vive, lo que sucedió. Quiero que la gente se entere de que pasó con “Egin”, que hubo un montón de derechos que fueron vulnerados y quedó impune. Las fotografías de la nave de “Egin” nos indican cómo se puede arrasar con la libertad de expresión y de información de una forma gratuita.

Esta edición de GetxoPhoto gira en torno a los post conflictos. 20 años después de cerrar «Egin», en estos nuevos tiempos parece que los conflictos siempre son lejanos a nuestro lugar y tiempo. ¿Cómo lo ha llevado a la hora de plantear la exposición «Hitz egin»?

Hay ciertas contradicciones, pero me parece pertinente enmarcar esta exposición de post conflicto aunque reconozco que se me hace incómodo, porque estamos mostrando unas fotos de algo que se detuvo en el tiempo en pleno conflicto. Pero de otra forma, justo ahora que parece que el conflicto va por otros caminos, ponemos sobre la mesa esas imágenes de un tiempo detenido. “Egin” era un medio de comunicación dentro del conflicto, pero su papel principal era informar, no era un actor de ese conflicto. Un medio de comunicación no se cierra. Las cosas las hacen las personas. Hubo un silencio y una tibieza importante, incluidos el resto de medios de comunicación.

Entrando en lo que es la exposición, vemos tres grandes paneles de una única fotografía grande cada uno, y luego tenemos todo un panel de 150 fotos. ¿Cómo planteó esta muestra?

Me marcó mucho el sitio. Es muy coherente con el espíritu de esta exposición. Hay unas fotos grandes, que quieren expresar la situación de la redacción y talleres de “Egin”, hay una foto grande de una bobina de papel de prensa –una de las cosas que más impresiona, el montón de papel de prensa que jamás se utilizaría en el tiempo–, hay una foto del detalle de las cintas de la Dirección General de Policía, una vista general de la rotativa y un gran mosaico de 2 metros por trece metros que intenta reproducir esa sensación al entrar ahí –despachos, lugares, talleres…– de todo lo que quedó dentro de “Egin”. No solamente había material periodístico, había materiales que utilizáis los profesionales de los medios de comunicación. Había bolígrafos, cintas, medicación, botes de pomada, llaves, post its...., cosas que se quedaron detenidas en el tiempo y son parte de la vida normal de unos periodistas. Son más de 150 fotos juntas, y creo que no hubiese sido lógico poner muy buenas fotos, con buena luz y super bonitas. Quería que se reflejara lo que viví en el interior de “Egin”.

Volviendo al espacio donde presenta su obra, el espacio esta como derruido, con una luz de obra, y sobre todo destacaría que los colores coinciden, no es solo suciedad pero parece que todo está como embarrado.

De verdad, aquello estaba lleno de barro. Había habido expolio, sobre todo policial, hubo inundaciones y ese aspecto oscuro se tiene que notar. Lo hemos querido reflejar. El espacio de Punta Begoña es propicio para estas fotografías.

En una segunda mirada, se empieza a apreciar colores, un poco de vida… foto a foto.

Surgen los colores, los detalles. Es una buena apreciación, según te acercas ves que la redacción estaba llena de pequeños detalles. Quiero reproducir la sensación que tuve al entrar. Quise abandonar aquello y no volver. Era algo complicado para gestionar como fotógrafo, era difícildecidir lo que quería recoger. Por tanto, decidí contarlo todo, lo máximo. Y he puesto 150 fotografías en este mosaico, no intentar resumirlo, sino mostrar esa propia sensación.

En sus anteriores trabajos ha realizado una crónica memorística del siglo XX, sobre el conflicto vasco pero también las fotos de fosas comunes. ¿Qué nos queda de ese siglo XX que hemos dejado atrás?

Nos queda la memoria. Tanto en temas relacionados con la guerra, o este de “Egin”, lo que nos queda es la memoria. La extraña sensación de trabajar con los restos de lo sucedido. Pero tú accedes ahora, en directo. En ambos casos son fotografías de guerra: las fosas llenas de asesinados después del golpe de estado, lo fueron en medio del silencio y de la impunidad. Y es ahora cuando se abren las fosas se ven y se completa esa documentación.

En esto pasa lo mismo. Es algo que quedó ahí en el 98. Esto ha sido como una exhumación para mí. Entrar en “Egin” fue como asistir a una exhumacion de una fosa. Abres la fosa y aparecen los muertos, los huesos, y tienes que saber cómo fotografiar eso. Lo que sale de la nave de “Egin” es lo mismo: vulneración de derechos humanos, es violencia, es un poco similar. ¿Qué pasa cuando las cosas se quedan sin resolver? Tanto en un caso como en el otro sucede lo mismo. Hay heridas que están cerrradas en falso y hierve la historia.

Han pasado 20 años, y toda una generación ha vivido no solo sin «Egin», sino sin esa parte de memoria.

La mayoría de gente no tiene ni idea de lo que sucedió con “Egin”. En esta misma edición de GetxoPhoto, en el suplemento cultural de “El Mundo”, el periodista decía que mi exposición iba “sobre fotografías de edificios abandonados”. Efectivamente edificios abandonados. Como cuando dicen que Lorca falleció en el 36… si para algo deben servir estos trabajos es para dar contexto. La gente no sabe, nos quedamos sin un referente, sin una pieza clave. Y organizaciones como Reporteros Sin Fronteras pasó de este tema con una tibieza increíble.

¿Y ahora, qué?

Con todo este material quiero hacer un libro. Quiero mostrarlo de una forma diferente. No es lo mismo hacerlo en una sala o contarlo en un libro. Quiero ver cómo lo organizo, no va a ser un mosaico con tantas fotos, sino que tiene que ser una forma coherente con un libro. Tengo ganas de contar esta historia de “Egin”.

En más de una ocasión se me cayó el alma a los pies. Me propuse fotografiarlo no como un autor, sino casi como un forense.

Quiero reproducir la sensación que tuve al entrar. Quise abandonar aquello y no volver. Era algo complicado para gestionar como fotógrafo, era difícil decidir lo que quería recoger. Decidí contarlo todo, lo máximo. Y he puesto 150 fotografías en este mosaico, no intentar resumirlo, sino mostrar esa propia sensación.