2018/09/12

ALBA CENTENO PÉREZ
INVESTIGADORA SENIOR DE GRAPHENEA

Alba Centeno Pérez, natural de Oviedo y de 37 años de edad, trabaja en el centro Graphenea desde hace ocho. Estudió la carrera de Química y, tras hacer una tesis en Ciencia de los Materiales, entró en el laboratorio donostiarra el mismo año de su creación. Ayer habló de su experiencia como mujer científica e investigadora en la jornada “Women in Graphene” que vio la luz en el año 2015.

«En ciencia muchas veces se pospone el momento de ser madre»
Ane URKIRI ANSOLA|DONOSTIA
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El Kursaal de Donostia acoge desde el lunes el congreso internacional Graphene Week –organizado por CIC nanoGune y Graphene Flagship–. En el día de ayer, además de las sesiones plenarias, hubo una jornada para remarcar la presencia de la mujer en la ciencia y la investigación; y, más concretamente, en el ámbito del grafeno.

¿Por qué son necesarias las jornadas como “Women in Graphene” en el marco del congreso Graphene Week?

Con los años las cosas van cambiando, pero al final los puestos de mayor visibilidad las mujeres los ocupan en porcentajes muy bajos. Un caso claro es el techo de cristal, que conforme vas subiendo la escala en los puestos de investigación va cayendo en picado el porcentaje de mujeres. Al principio, en los puestos más básicos, el porcentaje de las mujeres es más alto que el de los hombres, pero luego hace el efecto tijera; es decir, se invierte la situación. Y eso es lo que hay que ir cambiando.

Precisamente, la científica Annic Loiseau mencionó en 2015 que en cargos más altos hay menos mujeres y que suele ser por la conciliación familiar.

El balance de la vida familiar y la carrera científica, que resulta ser una carrera muy exigente, cuesta un poco compaginar. Creo que en ese aspecto las mujeres deben romper barreras mentales. Yo, por ejemplo, no tengo hijos, y al final es algo que te preocupa. Las carreras científicas son muy exigentes porque tienes que viajar mucho, estar muy al día, mucho tiempo fuera de casa. No tienes una hora de entrada ni una hora de salida, y el trabajo no acaba nunca porque siempre hay más.

Es decir, ¿sigue siendo difícil ser madre y científica?

Es compatible, pero se necesita más ayuda de cara a los puestos de trabajo. Es decir, tener más flexibilidad, más ayudas por parte de los gobiernos. Y en pareja, no todo tiene que recaer sobre la mujer; ni siquiera la mujer tiene que creer que tiene que hacerlo todo ella. Hay que tratar de igualar. En ciencia muchas veces se va posponiendo el momento de ser madre.

¿Por qué decidió optar por la ciencia y la investigación?

A mí me gustan mucho las cosas nuevas, no soy de rutinas. Me gusta descubrir, hacer un trabajo con el que puedas repercutir en una mejora de la calidad en el ámbito de la tecnología o en la calidad de vida. Estudié Química, y me gustaba mucho el trabajo relacionado con el laboratorio. Es decir, experimentar.

Hace ocho años que entró en Graphenea.

Empecé desde el principio. Cuando acabé la carrera de Química hice un tesis en Ciencia de los Materiales, en materiales basados en carbono. Pero eran para reactores de fusión nuclear, un campo totalmente diferente. Cuando terminé no sabía muy bien qué hacer. Salió un puesto de trabajo en Graphenea y el grafeno me parecía un material muy prometedor. Y me llamó mucho la atención empezar una startup desde el inicio.

Luego, además, tuve que hacer una apuesta muy grande: a los dos meses de empezar en Graphenea me dieron una beca Marie Curie para irme a Oxford. Cuando me la concedieron fue un dilema para mí. No es muy común rechazar una beca de ese tipo. Al final, pospuse la decisión para ver qué pasaba con Graphenea. Entonces éramos solo tres trabajadores: el SEO de la empresa, la directora científica y yo, que fui la tercera en empezar. Me costó la decisión pero quería un reto y la rechacé. Ahora puedo decir que salió bien (se ríe).

¿Cuantas personas trabajan actualmente en Graphenea?

Somos 25, y estamos bastante a la par en cuanto a mujeres y hombres. Como anécdota, en los primeros tres años, nos llamaban las “Graphenea girls” porque solo había un chico y era el director de la empresa.

En algunos sectores hay más mujeres que en otros. ¿Cuál es la situación en el campo del grafeno?

En el grafeno hay muchos hombres porque hay mucha física. En las carreras de Física, Matemáticas e ingenierías hay menos mujeres, aunque a ellas se les empieza a ver cada vez más. Pero es verdad que ahora, por ejemplo, en las sesiones plenarias, en las charlas más importantes del Graphene Week la mayoría son hombres. Es otro caso claro. ¿Por qué hay tan pocas mujeres si hay muchas con mucho talento investigando?

¿Y qué ha de cambiar para que en esas sesiones plenarias haya más mujeres?

Que reconozcan el talento que tiene la mujer. Pero la verdad es que no sé contestar por qué no hay más mujeres.

¿Y para que estudien Física, Matemáticas o Ingeniería?

Que se rompan los estereotipos. A mí me pasó eso mismo con la tesis. Era para reactores de fusión nuclear, y empecé a buscar información en ese ámbito y toda la información de investigación provenía de hombres. Llegué a plantearme si ese tema era para mí. Luego me pregunté: ‘¿y por qué no?’ De hecho, cuando iba a congresos, era de las pocas chicas que había.

¿Actualmente, qué puesto ocupa en Graphenea?

Soy senior research. Soy de las que más tiempo lleva. Coordino el trabajo experimental del laboratorio y gestiono los proyectos de investigación. También trato mucho con los clientes que nos contactan para intentar integrar el material en sus aplicaciones porque el grafeno no es un material estándar.

En las sesiones plenarias, en las charlas más importantes del Graphene Week, la mayoría de los discursos corren a cargo de los hombres».