2019/02/10

MICHEL PORTAL
MÚSICO DE JAZZ Y COMPOSITOR CINEMATOGRÁFICO, CLARINETISTA Y SAXOFONISTA

El músico baionarra, conocido y reconocido a nivel internacional, sobre todo en el mundo del jazz, desde ayer es también el artista que da nombre al que hasta ahora se conocía como Teatro de Baiona. Homenajeado por el Consistorio baionarra, ayer tuvo lugar la ceremonia en la que se rebautizo el nuevo Teatro Michel Portal.

«Adoro la libertad; mañana podría tocar Mozart y pasado, pasodoble»
Idoia ERASO|BAIONA
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Con su instrumento siempre acompañándole, Michel Portal vive la música. Cada artista lo hace de manera diferente, y en su caso llega incluso a formar parte de su discurso hablado. En él tararea ciertos recuerdos, e incluso coge su saxofón para hacer entender sus ideas. Así lo ha hecho en esta entrevista, que contiene entre sus letras una de sus improvisaciones.

Portal empezó su andadura musical en la banda municipal mientras estudiaba en la Escuela de Música de Baiona. Un camino que le ha llevado a ser considerado como uno de los músicos de jazz moderno más importantes de Europa. Se trata de un músico especialmente ecléctico, que también ha realizado un gran trabajo con decenas de composiciones tanto para el cine como para la televisión. Un eclecticismo que además de en su música, se deja también ver en sus palabras.

¿Cuál fue su reacción cuando recibió la noticia de que el teatro principal de su ciudad natal llevaría su nombre?

Mi reacción ha sido de sorpresa, realmente, no me lo esperaba. Sorprendido al saber que fue el alcalde y el pleno del Ayuntamiento el que propuso mi nombre. También estoy muy contento, es un honor.

Teniendo en cuenta que no voy mucho a Baiona, tengo el recuerdo de mi infancia en la ciudad, ya que comencé a tocar muy joven, y era siempre muy curioso. Cuando era muy joven tocaba mucho en las fiestas populares, y trabajaba en la Escuela de Música de Baiona. Ahora todo vuelve a mí como en mi adolescencia, me emociona mucho. Cuando era muy joven toqué en el teatro que ahora lleva mi nombre. Mi infancia y mi adolescencia son el País Vasco, el Teatro de Baiona, las fiestas populares… son mi aprendizaje.

En las fiestas, solía tocar las canciones tradicionales para que la gente bailase.

¡Ja, ja, ja! Sí, porque tocaba el clarinete e iba a tocar a las fiestas de los pueblos, tocaba fandangos en todo el País Vasco. Conocía el repertorio vasco, porque tenía que tocar para la gente que bailaba. Cuando era joven era muy curioso, todo me interesaba. Tenía que profundizar en muchos ámbitos, era un appassionato.

Precisamente al mirar su carrera musical se puede apreciar que es un apasionado, que se interesa por diferentes tipos de música. Comenzó con la música tradicional vasca y la música clásica, se convirtió en una estrella en el mundo del jazz, también ha compuesto música para un gran número de películas de cine y televisión.

Lo que adoro es la libertad de hacer lo que quiera sin fronteras, eso nunca lo he abandonado. Mañana podría tocar una obra de Mozart, y pasado mañana un pasodoble. Me ha permitido conocer a muchos músicos muy diferentes. Podía haberme quedado en un tipo de música, pero siempre he sido un poco rebelde. Cuando sentía que se convertía en rutina me gustaba ir más allá.

A pesar de ser un músico muy polivalente, sobre todo es conocido por su faceta de músico de jazz moderno en Europa.

El jazz es una música muy variada, hay influencias de todas partes, puede venir de la rumba, de un bolero, de la música de Haití… En el jazz las influencias son muy abundantes. No se sabe muy bien en qué estilo estás en el ámbito del jazz. Hay una evolución continua y el jazz muchas veces es improvisación. Es un cambio perpetuo.

Yo no sé lo que es, cuando tengo ganas de tocar, improviso y ya se verá qué es lo que sale de ahí. Y al día siguiente haré otra cosa, porque ese es mi propósito, nunca es definitivo, no hay un estilo. No me siento “estilista” de algo, tengo ganas de tocar, estoy en un escenario y toco sin saber cómo voy a reaccionar. Ese riesgo me gusta, soy así.

Usted también ha compuesto muchas bandas sonoras para el cine y la televisión. ¿Cómo consigue encuadrar esa libertad, dentro de un tema y un contexto tan definido?

Eso es más un ejercicio de estilo. La primera vez que trabajé en el cine me sentí como que no era la misma persona, cuando empecé a hacer música para las películas, iba sin saber lo que iba a hacer, pero poco a poco, se convirtió en un estilo según el cual veo una imagen y eso me da ganas de hacer esto o aquello.

Es un ejercicio muy curioso, he abandonado la música que me pertenece para probar un poco de todo, pero siempre me viene alguna idea. No es siempre fácil encontrar la historia, porque en una película hay situaciones muy diferentes y muy difíciles, así que llamo a eso un ejercicio de estilo. Es agotador, porque cuando la película no está todavía hecha, o acaba de hacerse, y hay que hacerlo rápido, es difícil encontrar algo. A veces hago varios ejemplos, luego los pongo junto a la imagen y elijo el más adecuado.

Hay un gran trabajo detrás.

Es un trabajo de sensibilidad. Una película es peligrosa, porque si no se adecúa correctamente se puede convertir en un estilo de dibujos animados, hay que andar con cuidado. Es muy difícil.

También ha publicado varios discos, en ese caso ¿cuál es el método de trabajo?

Todo está calculado, no es como la improvisación. Ahí hay un carácter en el tema. El último disco que hice se llamaba “Bailador”, son temas diferentes, pero hay una continuidad. Como en el jazz en donde se improvisa sobre una armonía.

Al mirar los títulos de su discografía, nos encontramos temas e idiomas muy diferentes: «Alors», «Our Meanings, and our feelings», «Déjame solo»…

¡Ja, ja, ja! Se trata de títulos que pongo en el último momento, pero siempre quieren decir algo. Cada disco también se enmarca dentro de su época, e incluso en algunas épocas es un poco político. Depende de lo que se vive.

También hay algunos que tienen nombres de lugares, como son «Burundi» y «Minneapolis». ¿Por qué?

Porque son canciones que me sacan un poco de casa. África siempre ha sido muy importante para mí. África no guarda la música como algo precioso, sino que está en continuo desarrollo, la gente improvisa, por lo tanto es muy difícil de enmarcar. Tengo una canción que se llama “Mozambiqu”. Estuve allí y había un músico que tocaba en una plaza y hacía “tuturu-tuturuta” (tararea). Tocó durante una hora cosas que cambiaban todo el tiempo. Le pregunté lo que tocaba, y me dijo que no sabía.

Me adapto a donde voy, no tengo un estilo, tengo estilos, porque he oído flamenco, música africana, Mozart o Ravel, se mezcla todo.

Está ofreciendo conciertos de sus diferentes estilos musicales en Baiona, en el marco del festival Confluences.

Sí, tocamos ayer junto con Paul Meyer y Jérôme Ducros un concierto de música clásica. El jueves fue un concierto de jazz muy variado con Bojar Z al piano, el viernes fue sobre la música que he compuesto para el cine, junto con Pierre Vilar. Hoy Vincent Peirani, Émile Parisien y yo formaremos un trío atípico, en el que mezclaremos toda clase de jazz.

¿Qué relación tiene hoy con la música vasca?

Es difícil porque vivo en París, vengo muy pocas veces. Me fui de Baiona hace mucho tiempo, y ahora tengo mi vida allí. Pero sigo siendo muy sensible a la música relacionada con el País Vasco, si oigo una canción vasca me emociono, porque son mis orígenes.

Sigue tocando su música en diferentes lugares de Europa.

Sí, porque soy testarudo ¡Ja, ja, ja!! Siempre tengo mi instrumento a mi lado (sacó su saxofón y tocó durante más de un minuto). No sé lo que he hecho, cualquier cosa, pero no importa. Está siempre conmigo.

La música forma parte de su vida cotidiana.

Sí, tiene que ser así. La música es una obligación, hay que encerrarse con el instrumento y hay que trabajar durante toda la vida, es así.

Pero también es un placer.

Sí y no, porque a veces es largo y repetitivo. ¡Uff! No es como si estuviese en una fábrica, no voy a decir que es lo mismo, pero hay que trabajar.

En este momento de conmemoración a toda su carrera, y con la perspectiva del tiempo, ¿qué es lo que retiene?

Retengo que hay gente que se ha interesado por mí, que les he gustado, aunque también hay algunos a los que no. Si a la gente le ha gustado lo que he hecho, y me recompensan, solo puedo decir gracias. Si la gente viene, para mí eso es el placer de haber trabajado para algo, para que haya una especie de solidaridad, un intercambio con la gente. Y si hay gente que dice que no le gusta lo que hago, simplemente les digo que no vengan a verme. Es un honor para mí que le pongan mi nombre al teatro.

El clarinete y el saxofón son sus dos instrumentos. ¿Por qué los eligió? ¿Qué le aportan?

Yo provengo de una familia en donde había música, instrumentos populares. En Baiona aprendí en una banda de música, ahí hay clarinetes pero no hay violines porque son demasiado frágiles. Además puedes tocar mientras estás andando, es popular.

Mi infancia y mi adolescencia son el País Vasco. Mi aprendizaje es el Teatro de Baiona, las fiestas populares...

Me adapto a donde voy, no tengo un estilo, tengo muchos estilos, porque he oído flamenco, música africana, Mozart o Ravel, se mezcla todo.

 

Podía haberme quedado en un tipo de música, pero siempre he sido un poco rebelde, cuando sentía que se convertía en rutina, me gustaba ir más allá.

 

La música es una obligación, hay que encerrarse con el instrumento y hay que trabajar durante toda la vida, es así. A veces es largo y repetitivo.