2019/02/14

Diez años desde que el Baskonia levantara su Copa más emotiva

Superó a Unicaja en una final electrizante haciendo buenos los pronósticos y con un equipo espectacular dirigido por Dusko Ivanovic.

Arnaitz GORRITI
0214_kir_baskonia1

Un tapón sobre la bocina de la prórroga de Pete Mickeal a Berni Rodríguez certificaba el 98-100 final en aquel ya lejano 22 de febrero de 2009. El propio Mickeal había anotado la canasta decisiva de aquella durísima final ante un Unicaja que, salvo la Eurocup de 2017, no ha vuelto a disputar ni una final desde entonces. Fue el penúltimo título a las órdenes de Dusko Ivanovic, solo por delante de la Liga ACB de 2010. Fue la última final de Copa sin que estuvieran ni el Barça ni el Real Madrid.

Fue el último trofeo copero que levantó el conjunto gasteiztarra, cuando el arranque del siglo XXI lo había situado como monarca del «torneo del KO», logrando los títulos de 2002, 2006 y 2009, amén de disputar las finales de 2003 y 2008. La crisis económica ya era una realidad y la más tarde cacareada «bipolaridad» de la Liga ACB empezaba a hacerse real, pero la plantilla gasteiztarra, leída en perspectiva, hace que salten las lágrimas. Prigioni e Ilievski –que llegó en lugar de Mustafa Shakur– los bases; Rakocevic, Sergi Vidal, Pete Mickeal y Fernando San Emeterio –muy lejos aún de lo que acabó siendo– en las alas; Mirza Teletovic, Tiago Splitter, Will McDonald –a su mejor nivel– y Stanko Barac –tras un año cedido en Valencia– en la pintura. Y Ariel Eslava.

Favoritismo bien entendido

Aquel Baskonia acabó la primera vuelta de la Luga Regular primero y con solo una derrota, por lo que llegaba a la cita madrileña con un favoritismo que, como suele ser norma, el entrenador quería ahuyentar. «Espero que mi equipo no se engañe a pesar de ir primero en la Liga actual, porque en la Copa todo el mundo puede ganar», advertía Dusko Ivanovic antes de cruzarse ante Valencia Basket.

Un Valencia Basket entrenado por Neven Spahija, entrenador con el que la anterior campaña los gasteiztarras habían conquistado la Liga ACB, jugado la final de Copa y llegado a la Final Four de Madrid. Pero el de Sibenik no fue capaz de sostener un vestuario un tanto díscolo y Josean Kerejeta prefirió rescatar a Dusko Ivanovic, cesado del Barça tras la Copa de 2008.

Los taronja empezaron fuertes y aguantaron firmes durante 30 minutos, pero un parcial de 28-16 ropería el duelo para firmar el 82-66 y llegar a semifinales. Allí esperaba el Barça de Xavi Pascual, técnico encargado del banquillo culé tras el cese de Ivanovic y que acababa de eliminar al Real Madrid.

Por la otra rama del torneo, un Estudiantes que llegaba en calidad de anfitrión –y dejaba al Manresa en la cuneta, igual que diez años después– eliminaba al Joventut de Sito Alonso y Ricky Rubio, mientras que Unicaja superaba sin problemas a un triste Gran Canaria.

Un MVP y un héroe

Igor Rakocevic, con 27 puntos, y Tiago Splitter, con 17, fueron los héroes de aquella semifinal, resuelta en favor de los gasteiztarras por 77-90.

«No sé qué pasará en la final. Pero si hacemos bien nuestro trabajo podemos tener una gran confianza», declaraba «Rako» después de firmar un partido casi perfecto, superando a todo un Juan Carlos Navarro. Unicaja, en cambio, sudaba tinta para batir a un Estudiantes que, crecido por su ambiente, solo dobló la rodilla ante la calidad del díscolo Marcus Haislip.

Y llegó la final. Por si no la ha visto alguien, es fácilmente encontrable por internet, pero es muy difícil verla sin sentir una profunda emoción. Los gasteiztarras llevaron la iniciativa, con Sergi Vidal, Teletovic, Mickeal y Rakocevic a gran nivel. Unicaja, entrenado por Aíto García Reneses, aguantaba gracias a su juego interior, ya que entre Haislip, Archibald y Ndong superaban a Splitter. El combo guard francés Joseph Gomis era el estilete exterior de los mañagueños. Nadie adivinaba cómo de importante iba a resultar el jugador falo.

El Baskonia tuvo ventajas que no logró estabilizar, y Sergi Vidal, con 85-87 en el marcador, dispuso de dos tiros libres para decidir la final. El badalonés erró, y Gomis casi reescribió la historia logrando un «dós más uno» a escasos segunsos. Por suerte para el Baskonia, erró su tiro libre. En el tiempo extra, con las faltas mediatizando a ambos equipos, fue Mickeal quien ejerció de héroe. El MVP fue para Teletovic, pero fue Mickeal quien decidió aquella Copa.

Sonrisas y lágrimas

Aquella final, sin embargo, tuvo un prólogo amargo y un epílogo agridulce. Tras la euforia del triunfo, en los vestuarios del Baskonia esperaban Cassio y Elisabete, los padres de Tiago Splitter. Llegaron por sorpresa desde Brasil, después de que el 3 de febrero falleciera Michelle Splitter, la hermana de Tiago, por culpa de una leucemia. Solo tenía 18 años. Una semana antes, lesionado y sabedor de que su hermana se apagaba, Tiago viajó a Brasil para poder estar con ella por última vez.

«Es una situación muy especial para ellos. Han querido estar aquí con él, vinieron por sorpresa. Lo recordarán de una manera alegre y amarga a la vez», decía Sergi Vidal, a la sazón capitán del equipo, que se fundía en abrazos con la familia de Splitter, su otra familia antes de que Alfredo Salazar lo trajera a Gasteiz.

Familia. Una a cada lado del Atlántico. He ahí la gran palabra quizá añadiera aún mayor valor a aquel trofeo de Copa, después de escuchar a don Cassio Splitter, mezclando alegría y dolor en sus palabras. «El Baskonia significa para mí un concepto de familia que está desapareciendo en el mundo. Tengo la certeza de que Tiago cayó en el lugar correcto. Quiero utilizar también la palabra orgullo. Orgullo por Tiago y por todos vosotros, del pueblo vasco. En cualquier casa percibimos su solidaridad, su dignidad», dijo.

Han pasado diez años de aquella Copa. Demasiado tiempo y paradójicamente tan a flor de piel en el recuerdo.

Josean Kerejeta se disfraza con la piel de cordero

Más de 2.000 aficionados de Kirolbet Baskonia se van a encontrar en Madrid a la espera de que su equipo rompa de una vez la hegemonía de los clubes de fútbol, siendo por otro lado, la afición más numerosa tras las locales.

Es evidente que los gasteiztarras confían en su equipo. Sin embargo, Josean Kerejeta prefería ponerse la piel de cordero y no pecar de exceso de optimismo. «La Copa siempre es difícil», admitía. «Nunca sabes cómo van a venir las cosas; a veces los equipos favoritos no ganan, y viceversa. Creo que, pese a nuestros problemas de lesiones, el equipo llega bastante bien, pero no podemos pensar más allá del primer partido», añadía.

Por otro lado, se le volvió a preguntar si la escuadra gasteiztarra se va a reforzar más allá del fichaje de Jalen Jones. El mandatario de Lazkao replicó al respecto que «aún es pronto. Hemos tenido demasiados problemas de lesiones, pero el momento de tomar decisiones tendrá que ser al final de temporada, no ahora». A.G.