2019/05/25

Erreportajea
 
AUSTRIA PASA DE UNA CRISIS DE GOBIERNO A UNA CRISIS DE ESTADO

Austria entra en una fase difícil después de que un video grabado ilegalmente haya acabado con el bipartito de Sebastian Kurz. El próximo lunes, el canciller tendrá que enfrentarse a una moción de censura que podrá acabar con su carrera de jefe de Gobierno o incluso con todo su ejecutivo.

Ingo NIEBEL
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Lo que el viernes por la noche empezó como una crisis de gobierno, formado por el derechista Partido Popular Austríaco (ÖVP) del canciller Sebastian Kurz y el ultraderechista Partido Liberal de Austria (FPÖ) de su vice Heinz-Christian Strache, se está convirtiendo en una crisis de Estado. Después de la dimisión de Strache el domingo y la de todos sus ministros, el siguiente climax de este thriller político se espera para el próximo lunes. Entonces se reunirá el parlamento austríaco, el Consejo Nacional, que votará la moción de censura contra el canciller Kurz la cual ha activado el grupo parlamentario Jetzt, una escisión del partido verde.

Esta moción tiene carácter destructivo y no constructivo, como es el caso en Alemania, donde en una moción de censura hay que presentar a un candidato a canciller que debe sustituir al jefe de gobierno. En el caso de que Kurz pierda la votación, el presidente de la República, el verde Alexander van der Bellen, ha de nombrar un sustituto que actuará en funciones hasta que se celebren las elecciones anticipadas en setiembre. Kurz pasaría a ser un parlamentario. Si se ampliase la moción de censura contra los restantes ministros del ÖVP, el jefe de Estado podría verse obligado a reemplazar también a ellos por tecnócratas procedentes de los ministerios respectivos.

El dilema de los socialdemócratas

Para que se diera este extremo, no sólo los diputados del FPÖ tendrían que votar en contra del ÖVP sino también los parlamentarios del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ). La cuestión es si estos últimos acceden a cerrar filas con los ultras para aprovechar el actual escándalo para hacer campaña contra su histórico enemigo conservador. El SPÖ no ha olvidado que fue Kurz quien acabó la coalición con ellos en el año 2017 iniciando así el primer ejecutivo con los ultras en la Europa central. El joven canciller lo justificó con que quería salir de la paralización que se debía a la época de bipartitos formados por el ÖVP y SPÖ.

La crisis de Estado se debe a que el FPÖ, por ahora, no perdona a Kurz haber terminado la coalición porque podría haber seguido aceptando la dimisión de Stache y la del jefe del grupo parlamentario Johann Gudenus. No obstante, el canciller quería quitarse de encima al ministro de Interior Herbert Kickl, uno de los duros del FPÖ. Ahora, el futuro político depende en buena parte del presidente de la República, que en su día ganó por un escaso margen al candidato ultraderechista, Norbert Hofer. Este es igual de radical que Kickl o Strache pero mantiene las formas ya que en otoño tendrá que negociar quizás otra coalición.

Hasta ahora el FPÖ, por medio de Kickl, ha ampliado su base de poder en las estructuras del Estado partiendo del Ministerio de Interior. Poco después de asumir el cargo, un comando especial de Policía, registró las instalaciones del servicio secreto de interior BVT – con la correspondiente orden en mano – por un caso de traición. De paso los policías se llevaron también las informaciones que los agentes secretos habían juntado sobre grupos ultraderechistas que simpatizan con el FPÖ. Ante este fondo, Kurz sí ha tenido motivos fundados para temer que Kickl podría utilizar su posición para intervenir en las diligencias que podrían abrirse contra Stache y Gudenus por la financiación ilegal del partido.

hechos y especulaciones

En el video, grabado en un chalet de lujo de Ibiza en 2017, los dos explicaban a la supuesta sobrina de un oligarca ruso cómo se podría hacer llegar dinero a la FPÖ esquivando el control estatal. De paso detallaron un plan para que los presuntos rusos se hicieran con el influyente diario conservador y cercano al ÖVP, Kronen-Zeitung, para convertirlo en un altavoz del FPÖ. A cambio, Stache se comprometió a recompensar a los «inversores rusos» con obras publicas.

Han sido dos medios alemanes – el semanario Der Spiegel y el diario Süddeutsche Zeitung – los que publicaron partes del video que procede de una fuente anónima. «Eso huele a servicios secretos» dice nadie más ni menos que el presidente del parlamento alemán, el demócratacristiano Wolfgang Schäuble (CDU), sobre el origen de la grabación. También se especula sobre si el conocido cómico de TV, Jan Böhmermann, tiene algo que ver con ello porque antes de su publicación hizo comentarios que se refieren al contenido.

El FPÖ se hace la víctima mientras que Kurz lleva la atención al asesor de campaña del SPÖ, Tal Silberstein, quien en 2017 diseños dos páginas falsas sobre el entonces candidato a canciller. Dado que el experto para trucos sucios es israelí, resurge así la imagen del «eterno judío» al que la propaganda nazi culpó «de nuestra desgracia».

El FPÖ nunca se ha distanciado de su pasado neonazi. Hace poco, en una entrevista el periodista de la TV pública ORF, Armin Wolf, confrontó al secretario general ultraderechista, Harald Vilimsky, comparando un cartel de sus juventudes con un título parecido de la revista nazi “Der Stürmer”. El político le respondió iracundo advirtiendo de que esa comparación «no puede quedar así, sin consecuencias».

Para que las haya el FPÖ tiene que iniciar la reconquista del poder perdido levándose a Kurz por delante el próximo lunes.