2019/06/11

«El sistema de Vucic destroza y absorbe a los que optan por caminar en solitario»

Borko Stefanovic es actualmente vicepresidente del partido SSP y referencia de Alianza por Serbia (AS), una unión de grupos políticos integrada en el movimiento «1de5millones», que exige desde hace meses en la calle la dimisión del presidente serbio, Alek&dcThree;andar Vucic, y la convocatoria de elecciones libres.

Miguel FERNÁNDEZ IBÁÑEZ|BELGRADO
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Borko Stefanovic (Vojvodina, 1974) es un apasionado de la historia española, de la socialdemocracia nórdica de la década de los años 60 y, sobre todo, de la música: fue bajo del extinto grupo de punk-rock ‘Generacija bez buducnosti’ (Generación sin Futuro). En política, fue miembro del Partido Democrático (PD) representando a Serbia en el diálogo entre Belgrado y Pristina para resolver la causa de Kosovo, y posteriormente fundador del partido Levica (Izquierda). Ahora es vicepresidente del SSP, creado hace menos de un año tras unirse con Los Verdes y Dragan Dilas, el exalcalde de Belgrado.

Desde que hace 6 meses sufrió una paliza en Krusevac, es una de las máximas referencias políticas de «1de5millones», movimiento popular que reclama en las calles el final del presidente serbio, Aleksandar Vucic, y elecciones libres. «Hay pocas cosas que den tanta satisfacción en Serbia como ver a un político corrupto caer», guiña Stefanovic a GARA en el balcón interior de la sede del partido.

¿Por qué Vucic mantiene un apoyo superior al 50%?

Todos le dirán que es por la propaganda y, sin duda, es un aspecto clave. Pero hay otras razones: controla todo el flujo de dinero en este país, los servicios secretos, los procesos electorales. Me sorprende que aún no llegue al 99%. Además, fuera de Belgrado la compra de votos es común porque no es posible encontrar un trabajo sin estar cerca del partido en el poder. Otra forma de comprar lealtades es a través de una estructura piramidal en la que los trabajadores de fábricas tienen que enrolarse en el Partido Progresista Serbio (SNS) y luego dar los nombres de otros diez que quieran unirse, que a su vez harán lo mismo con otras personas. Esta gente sufre una gran presión porque temen perder su trabajo. Serbia tiene una fachada democrática falsa. Cuando vienen los oficiales de Bruselas ven los procesos sobre el papel y confían en que haya cambios, pero nada se mueve. Y ya van siete años..

¿Cuáles son las demandas de Alianza por Serbia (AS)?

Elecciones justas y libres, libertad en los medios de comunicación, y que el Gobierno comience un diálogo. Pero Vucic lo rechaza, y así no se podrá salir de la crisis porque boicotearemos el Parlamento y será un líder ilegítimo. Y eso tendrá que explicárselo a (Angela) Merkel.

¿Cree que la UE está realmente interesada en elecciones libres o en la democracia?

Están obsesionados con que Vucic termine por negociar un acuerdo sobre Kosovo. Por eso le dan carta libre. Pero la mayoría de la sociedad está decepcionada con la UE porque tenemos decenas de miles de personas abandonando Serbia por el alto desempleo y la falta de libertades. El problema es que Vucic está engañando a la UE: no tiene intención alguna de resolver la causa de Kosovo. Ha estado negociando con el llamado presidente (kosovar, Hashim) Thaçi, pero no se puede resolver el conflicto con dos élites políticas aisladas y relacionadas con estructuras criminales.

¿Vucic convocará elecciones anticipadas, tal y como amenazó?

No. Su apoyo es hoy del 50%, que se traduce por la ley D'Hont en 2/3, pero las encuestas vaticinan que tiene un 43% de intención de voto. Tiene miedo.

¿Cuáles son las diferencias entre el movimiento popular «1de5millones» y AS?

«1de5millones» es un movimiento cívico de la gente de la calle, aunque dentro hay actores políticos. Por primera vez en siete años hemos conseguido unirnos. Antes íbamos por separado, sin la sociedad civil, y no había resultados. Esta unión no es sencilla porque hay gente de izquierda y de derecha, es como tener unidos a Vox, PSOE y Podemos, pero hay tiempos convulsos en los que la necesidad obliga a gente dispar a juntarse.

¿Qué opina de Bosko Obradovic, líder del partido de ultraderecha Dveri?

En privado es una gran persona. Lo que le distingue de otros es su disposición a luchar por sus ideas de una forma democrática, sin arrebatar los derechos a las minorías.

¿Es la ultraderecha democrática en Serbia?

Sí, y sé que hay gente que teme a Obradovic o a la izquierda radical. AS está formada por 11 partidos y decenas de organizaciones. Hay banderas de Serbia y Rusia junto a otras del colectivo LGTB. Es caótico y al principio puede parecer artificial.

¿Puede la sociedad confiar en que no comenzarán a pelearse una vez que no esté Vucic?

Claro que hay una pugna política entre nosotros, pero luchamos por cambiar el sistema. Tenemos que transformar la justicia, la educación... todo. Nuestra casa ahora está ardiendo. Entonces, ¿tenemos que preocuparnos por el color del agua que va a extinguir el fuego o por extinguirlo? Obradovic puede preferir el color azul, yo el rojo, otros el amarillo. Pero lo primero es arrojar el agua sobre el fuego. Por eso nuestro programa de 30 puntos habla de un gobierno de transición formado por expertos para transformar el sistema. En nuestro programa no hay nada sobre si Serbia tiene o no que unirse a la UE. Y es que ahí diferimos.

¿Difieren sobre Kosovo?

Estamos unidos en la necesidad de respetar y defender la Constitución de Serbia.

No pocos miembros de AS han formado parte de gobiernos corruptos. Usted fue el negociador jefe de la controvertida privatización de Naftina Instustrija Srbije, vendida a Gazprom por 1/5 de su valor. Usted parece parte del sistema que quiere derrocar. ¿Cómo se puede confiar en AS?

La situación no es la misma. En el pasado se cometieron errores, aunque no son comparables con la situación actual: se mejoraron los estándares de vida y la situación de la prensa era mucho mejor. Yo debatía con la oposición sobre Kosovo, y eso ahora es impensable. Algunos de nosotros formamos parte de gobiernos pasados, con aciertos y errores, pero Vucic insiste en intentar criminalizarnos. Lo hace para presentar a una oposición atomizada, que es más de lo mismo y que no es una opción más allá de Vucic.

Nos dimos cuenta de que si continuábamos atomizados Vucic nos iba a destruir. Y tiene el primer problema: hemos conseguido unir a la izquierda, la derecha y el centro. Tenemos debates, desacuerdos por las diferencias ideológicas, pero tenemos un papel firmado para posibilitar la democracia más allá de nuestras diferencias.

Nosotros vemos las encuestas, y si fuéramos en diferentes listas, los resultados serían peores. «Ne Davimo Beograd» es un movimiento alternativo de gente joven con buenas ideas e ilusión, pero obtuvieron en las últimas locales en Belgrado un 3%: no pasaron el corte electoral del 5% y sus votos acabaron beneficiando a Vucic. Es todo un ejemplo de algo genial que queda en nada por su negativa a juntarse con Dilas, Obradovic o Stefanovic. El sistema de Vucic destroza y absorbe al que camina solo. Ahora, como alianza, parece que podemos alcanzar un 17%, y esto está empezando a poner nervioso a Vucic.

¿Por qué no protestan a diario?

Si es demasiado y, además, ahora viene el verano. Tenemos que actuar con calma: a veces somos más personas, otras menos, a veces la protesta tendrá una forma y a veces, otra. Hace un año no había nada de esto en la calle. La gente está harta del régimen, sabe que no hay una solución rápida, y nuestras emociones nos pueden pedir cambios rápidos, que es lo que desea Vucic, pero tenemos que actuar con cabeza. Lo que estamos viendo ahora mismo es maravilloso: meses de protestas tras siete años de autocracia.

Las protestas en los Balcanes no cambian nada. En Bulgaria, las masivas manifestación de Ostavka en 2013-14 terminaron en más de lo mismo: Boyko Borisov. ¿Dónde puede buscar ilusión la sociedad?

Borisov fue inteligente para dimitir y luego ganar. Tenemos que evitar repetir errores, por eso pedimos realismo. Si tuviéramos cada día más de 100.000 personas en la calle sería otra historia. Tenemos que tomar otras acciones que permitan a las personas sentirse partícipes. Es un comienzo, pero aún no estamos en el momento decisivo: no digo que vayamos a ganar mañana, pero venceremos –concluye en castellano–.

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