2019/06/12

La vuelta al sexo en ochenta planos y contraplanos
Koldo LANDALUZE
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Una de las peores ediciones del festival de Berlín de los últimos años otorgó su galardón más prestigioso a este lamentable producto que abandera un supuesto discurso transgresor, pero que manifiesta una soflama tan pedante como reaccionaria en su manera de plasmar imágenes y conceptos. Para empezar, la propia directora se coloca ante la cámara para prolongar sus miedos y traumas en torno a lo que supone el tacto sobre una piel humana, la catarsis interior que asoma en cuanto se siente un roce que no se asume como algo cálido o amable. Ese calambrazo que causa repulsa. Curiosamente, la valentía de la directora desaparece entre la maraña de un ejercicio que tiende a querer ser existencial y artístico, pero que rezuma cobardía en cuanto dicha realizadora delega en una actriz las secuencias duras que salpican el metraje. “Touch Me Not” quiere ser un viaje interior e íntimo a lo más profundo de los engranajes del sexo entendido como lenguaje universal pero en momento alguno logra la calidez que requería una obra de estas características. Lenta, mediante planos fríamente calculados, la película transita por derroteros zigzagueantes en los que se dan cita la ficción y el documental, en su empeño por dotar de cierta coherencia algo que en realidad no lo requiere.

El sexo entendido como una bella arte estética, al menos en lo que plantea Adina Pintilie, no es más que un escaparate de diseño disfrazado de sesión de terapia en la que hubieran merecido mayor consideración los muy diversos personajes que participan en este juego de planos y contraplanos y de espejos distorsionados convenientemente dentro de un ejercicio fílmico que, al parecer, forma parte de un ambicioso proyecto artístico multidisciplinar.