2019/06/13

Erreportajea
 
El dilema creacionista entra en Nafarroa con las denuncias a Skolae

Los denunciantes del programa de coeducación Skolae sostienen que no hay pruebas científicas de que vivamos en un sistema capitalista dominado por hombres. Por tanto, lo que trata de enseñar Skolae resulta discutible y no puede impartirse en las escuelas.

Aritz INTXUSTA
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Los creacionistas americanos han logrado poner la creación de Adán y Eva al mismo nivel que la teoría de Darwin en algunos estados. Ha sido una batalla con bandazos. El creacionismo –enseñar en la escuela que el dios cristiano creó el mundo– fue prohibido en 2004. Los creacionistas reaccionaron camuflando sus teorías bajo la idea del «diseño inteligente». Este diseño inteligente viene a asumir que el mundo no fue creado tal cual es hoy y que el ser humano es fruto de la evolución, pero que ese dios lo ideó todo meticulosamente para que se llegara evolutivamente a este preciso momento, negando así la selección natural y sustituyéndola por la voluntad divina. Con este disfraz, aguantaron un poco más, hasta que la Corte Federal declaró que impartir esta enseñanza era «inconstitucional». En 2015, la revista “Science” apuntaba que el creacionismo había vuelto a hacerse fuerte en lugares como Luisiana y Tennesse.

La pugna entre la ciencia y el mito (o religión) ha sido una constante a lo largo de la historia. Y, en el proceso judicial abierto en Nafarroa, reaparece de modo frontal. Esta vez, sucede a la inversa. Varios padres del Colegio elitista San Cernin, una asociación liderada por el evangelista Juan José Cortés y la Confederación Católica de Padres han lanzando un órdago al programa Skolae que planifica la educación en salud sexual, la lucha contra la homofobia y el machismo y la prevención de la violencia de género. Estos padres dicen que los contenidos del programa atacan su moral, que está protegida por la Constitución española y los Derechos Humanos. Argumentan que lo que se imparte no está avalado por la ciencia, sino que se trata de «adoctrinamiento político».

Los denunciantes niegan que esta sea una sociedad machista y el concepto «capitalismo patriarcal» les causa horror. «Se pretende inculcar a los alumnos que vivimos en una sociedad caracterizada por una falsa apariencia de que los hombres y mujeres ya son iguales en derechos. Afirmación del todo falsa, pues en efecto hombres y mujeres ya son iguales en derechos y obligaciones; no hay una sola normativa en nuestro ordenamiento jurídico que otorgue a los hombres derechos diferentes», señalan. Para ellos, todo es «ideología feminista radical».
Las denuncias plantean que la escuela no puede reflexionar sobre lo que Skolae llama «masculinidad hegemónica» y considera que en el programa no puede trabajar en favor de «identidades igualitarias, masculinas y femeninas». Para defender esto, los padres sostienen que «el prototipo de varón heterosexual» que existe hoy no genera ningún problema y que no hay motivo para cuestionarlo. «¿Por qué? ¿En base a qué argumentos? ¿Deconstruir para construir exactamente qué concepto de masculinidad?», se pregunta el redactor de una de las denuncias a las que el TSJN está dando recorrido.

Los escritos argumentan que, al igual que la escuela no puede promover una reflexión sobre la idea de masculinidad, tampoco puede cuestionar los modelos de relación. Y, precisamente, este es uno de los apartados que más trabaja Skolae. Así, el programa promueve materiales que advierten de que la idealización del amor (el amor romántico) puede arrastrar a una situación de peligro, de dominio o de agresión si una persona se enamora de una persona inadecuada. Aquí Skolae trabaja el problema de los celos, el control y la violencia. A ojos de los denunciantes, esto constituye un ataque a su religión. «La vinculación del amor romántico con la violencia contra las mujeres es sencillamente inaceptable», sostienen.

La Unesco nomina el programa

Los redactores de las tres denuncias se cuidan bien de decir que Skolae promueve la homosexualidad y que esto es algo antinatural, pero las insinuaciones son constantes. «El Gobierno no debe decidir con qué juguetes pueden o no pueden jugar los niños», se quejan. También afirman que hablar de homosexualidad a niños siembra «dudas sobre su identidad sexual». En su opinión, los materiales que trabajan la aceptación de otras identidades distintas a la heterosexual, así como la educación sexual más explícita, constituyen lo más grave de todo. A sus ojos, se invade una esfera íntima que la escuela no debe traspasar. Se escandalizan por que el profesorado explique a los estudiantes que el cuerpo es fuente de placer o por hablar demasturbación. Dicen que se inculca  «el erotismo» y, en su opinión, eso es ilegal.

Sin embargo, el debate sobre la coeducación, por mucho que el TSJN haya querido dar curso a la denuncia, está tan cerrado como la discusión sobre si la mujer viene del mono o de una costilla. Unicef determina que la escuela es quien debe garantizar una educación sexual adecuada, porque ciertas familias no son capaces. La OMS sentencia que la salud sexual «requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, así como la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia». Y ayer mismo, la consejera María Solana anunció que Skolae ha sido nominado por la Unesco a mejor programa de educación para niñas y mujeres. Por bien que les pese, Skolae es ciencia.