2019/07/25

ANDREY AMADOR
CORREDOR DEL MOVISTAR

El mejor ciclista costarricense de la historia ha preferido ser un gran gregario que un líder limitado y es clave en la nueva forma de correr al ataque de Movistar. Es al que le toca endurecer la carrera. Deja claro que lo hará desde hoy en los Alpes con una táctica agresiva para buscar el podio de Mikel Landa.

«Vamos a jugárnosla, nos da igual ser sexto que undécimo, queremos estar en el podio»
Joseba ITURRIA|GAP
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Es un corredor diferente con una determinación que le viene en la sangre. La familia paterna gallega se exilió en la Guerra Civil en Venezuela, su padre fue a Rusia a estudiar, conoció a su madre y fueron a Costa Rica. Con esos antecedentes no extraña que viniera a Iruñea para ser ciclista.

¿Le ha marcado en su carácter abierto su historia familiar?

He crecido con la cultura de mi madre, que viene de Rusia y las costumbres en mi casa y los hábitos de comidas eran rusos, con muchas supersticiones… La casa estaba decorada como si estuviéramos en Rusia. Mi madre y mi padre se conocieron porque mi abuelo paterno fue comunista, lo echaron del país porque en España con la Guerra Civil permitían el exilio de las familias con hijos menores de edad, que iban a Venezuela o Argentina. Mi abuela, que era gallega, tuvo a mi padre y a los hijos de comunistas les daban becas en Cuba y Rusia y se fue a estudiar a Rusia y así conoció a mi madre. Allí tuvieron a mi hermano mayor, Rudy, y al acabar los estudios decidieron regresar a Costa Rica. Mi madre no sabía hablar español y fue duro para ella.

¿Es verdad que su familia era humilde y se sacrificó para que sus hijos pudieran tener bicicletas?

Mis padres vivieron muchísimas dificultades económicas en Rusia. Luego mi padre se graduó como ingeniero agrónomo y tanto él como mi madre consiguieron un trabajo y pudieron mejorar económicamente. No vivimos grandes lujos, éramos de una clase media y no nos faltó comida. No podíamos tener ropa cara, pero a final de año como premio de graduarnos en el colegio con buenas notas nos compraron una bicicleta de una gama media baja.

¿Cómo pide una bici en un país futbolero sin tradición ciclista?

Fue por mi hermano mediano. Mi madre quería que fuera gimnasta, pero lo tenía complicado porque la sangre de mi padre era indígena y para la gimnasia no había nacido. En unas Navidades nos compraron una bici y empezamos a entrenar e ir a las carreras. Empezamos con la BTT y como andábamos bien nos compraron una de carretera y con 15-16 años, mejorábamos y fuimos a equipos de más nivel.

En 2006 sale por vez primera para correr con el Burgos...

A Julio Izquierdo le gustaba buscar corredores de allá, contactó con mi equipo, le dijeron que yo andaba bien y me vine a correr el Circuito Montañés. Yo hacia BTT y se me hizo durísimo con un nivel altísimo, con equipos continentales. Del equipo era de los que mejor andaba, pero José Adrián Bonilla, un costarricense que era profesional con Kelme, me aconsejó que intentara empezar de amateur y que fuera en 2007 a Lizarte, que iba a tener más opciones porque todavía era muy joven y al ser filial podía pasar a profesionales con el Caisse d’Epargne. Le dije a Julio que muchas gracias, pero que me quería buscar un nuevo equipo, una nueva aventura. Él se enojó, pero me fui a Lizarte.

¿Qué recuerdo tiene de esos dos años 2007-08 en carreteras vascas con victorias en Bidasoa o en una etapa del Tour del Porvenir?

Eran carreras que nosotros las tomábamos como campeonatos del Mundo. Tenia la motivación de ser profesional entre ceja y ceja y me encontré un grupo de directores y compañeros que eran amigos. Era un ambiente muy bueno. Fue increíble. A Manolo Azcona le debo todo, fue como un padre. El primer año fue un golpe duro porque había ganado muchas carreras y creía que iba a pasar, pero hablamos con Eusebio y me dijo que si repetía resultados y mantenía la línea habría un hueco y así fue.

Y en diciembre de 2010 vuelve a nacer cuando es atracado y agredido en Costa Rica y le dejan inconsciente, abandonado y malherido y consigue recuperarse...

Son cosas que pasan. No me gusta hablar de lo negativo. A veces toca la mala suerte. No tenía que estar en ese momento en ese lugar. Es un país un poco más inseguro, me entrenaba en una zona que normalmente no me entrenaba, pero me recuperé bien y no tengo ningún miedo. Si tuviera que pasar mañana por el mismo sitio lo haría.

El Giro de Italia es su carrera al ganar una etapa en 2012, ser cuarto en la general de 2015, vestir la maglia rosa y acabar octavo en la general en 2016. Pero ha preferido ser gregario que líder y así ha ayudado a ganar dos veces la prueba a Nairo y Carapaz.

Son gustos, momentos de la temporada en los que estás bien. Viví un año en el que todo estaba bien y estuve cerca del podio y fui cuarto que para mi clase de corredor es para estar orgulloso, pero no soy un líder, ni soy un ganador. Gano cuando gana un líder y ojalá mi aportación sea la mejor. Hay carreras en las que me dan oportunidades y muchas veces no las aprovecho. Uno madura, aprende, tienes más calma y ayuda estar rodeado de un gran equipo.

Es un gregario muy apreciado por los líderes y su actuación fue sobresaliente en el Giro para Carapaz y ahora en el Tour para Landa.

Si los líderes confían en uno quiere decir que hago el trabajo bien. Yo por supuesto confío plenamente en ellos y trato de dar lo mejor de mí. El Giro perfecto no fue porque siempre se puede mejorar, pero ha sido una carrera en la que hemos conseguido cumplir con las estrategias planteadas con dos líderes fortísimos como Richard y Mikel, que tuvo un día mala suerte, pero salía todo como lo planteábamos y fue bonito. Y aquí en el Tour hemos tenido mala suerte, pero también hicimos una etapa bonita al ataque y podemos hacer muchas cosas aún.

¿En Pirineos ha sido el corredor más odiado del pelotón por el ritmo que marca?

Otras veces me ha tocado sufrir a mí por otros... Ahora estoy en un momento bueno, aquel día queríamos endurecer la carrera. Nos atacaban diciendo que corremos de forma más pasiva y se demostró lo contrario. Cogimos la responsabilidad para intentar dar un vuelco a la carrera y la pena fue que Nairo no tuvo su día porque al apartarme yo Marc Soler iba a hacer unos kilómetros superfuertes, iba a reducir el grupo y al final se tuvo que quedar con Nairo. Pero Mikel y Alejandro están muy bien, se vio el domingo que hubo una buena estrategia y Mikel hizo un gran ataque aunque las diferencias no fueron las más grandes, pero se corrió de manera agresiva al ataque.

¿Lo van a repetir en los Alpes?

Si hay fuerzas y los líderes están en las mejores condiciones los Alpes son durísimos y vamos a correr totalmente agresivos al ataque. Vamos a jugárnosla con todo. Estamos en una posición en la que daría igual hacer sexto que undécimo y queremos estar en el podio en París.

Mi madre era rusa y quería que fuera gimnasta, pero lo tenía complicado porque la sangre de mi padre era indígena y para la gimnasia no nací.