2019/08/12

Erreportajea
MAPA ELECTORAL DEL ESTADO ESPAñOL
LAS DERECHAS CONSAGRAN SU ALIANZA ANTE UN PSOE REFORZADO

Menos La Rioja, el resto de las comunidades autónomas ya tienen resuelto el enigma de sus gobiernos. Los socialistas crecen en poder territorial, ayudados por Podemos como socio, mientras que el bloque conservador PP-Ciudadanos-Vox cristaliza su cooperación. Madrid, por poco, oxigena el liderazgo de Casado.

Daniel ZANGITU
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Después del intenso ciclo electoral de abril y mayo, los últimos dos meses han sido de entretejido de alianzas para formar gobiernos. Sin éxito en el caso de Moncloa pero sí en las comunidades autónomas, que ya tienen ejecutivos, en muchos casos mediante pactos inesperados. A excepción de La Rioja, que se encamina a definirlo en setiembre, y tampoco a la CAV, Catalunya, Galicia y Andalucía, cuyos gobiernos tienen otra fecha de constitución.

Visto en perspectiva, el cambio con respecto al mapa anterior en todo el Estado no ha sido tan fuerte como el que se produjo de 2011 a 2015. En aquella oportunidad, el PP venía de una casi hegemonía y perdía algunos feudos como el País Valenciá y Nafarroa (con su marca local, UPN). En 2019, las autonomías cuyo presidente cambia de color político son Canarias, también Nafarroa y con toda probabilidad La Rioja, todas a favor del PSOE.

Pero en donde sí se refleja un cambio es en la composición de aquellos ejecutivos. El PSOE ha consolidado su poder en donde ya gobernaba, obteniendo triunfos más amplios (como en el País Valenciá o Balears) o alcanzando directamente mayorías absolutas (como en Extremadura y Castilla-La Mancha). Esto le ha permitido depender menos, o directamente prescindir, de Unidas Podemos.

En la acera de enfrente, el cambio es más notorio. No solo por la irrupción en las instituciones de la extrema derecha, sino porque el Partido Popular ya no logra mayorías absolutas (solo la ostenta el presidente de la Xunta gallega, Núñez Feijóo) y requiere de Ciudadanos o de Vox, y en muchos casos de ambos, para investir un gobierno propio.

Este entramado de alianzas lleva al partido de Albert Rivera a su mayor crecimiento de poder institucional desde su creación, con decenas de consejerías y varios cogobiernos. También, a la peligrosa dependencia con Vox, cuyo cambio de humor podría desbancar a presidentes «populares» de nada menos que Andalucía, Madrid y Murcia.

El efecto Sánchez

El crecimiento del PSOE con Pedro Sánchez en Moncloa tuvo su repercusión en las autonómicas del 26-M y, por consecuencia, en los ejecutivos que derivaron de esa elección. La gran conquista se la ha apuntado, sin dudas, en Canarias. El socialista Angel Torres ha logrado gracias a un pacto progresista y heterogéneo hacerse con el gobierno del archipiélago tras 26 años de hegemonía de Coalición Canaria.

En Canarias había posibilidades de un gobierno nacionalista-conservador, pero fueron las fuerzas minoritarias las que volcaron la balanza a favor del PSOE. Torres logró sumar, además de Podemos, a los legisladores de Nueva Canarias (una escisión progresista de CC) y a la Agrupación Socialista Gomera (ASG). Otro detalle no menos es que el PSOE se hizo con los poderosos Cabildos –juntas insulares con muchas competencias– de Fuerteventura y Lanzarote.

En Castilla-La Mancha, en tanto, el barón Emiliano García-Page pudo constituir un gobierno sin socios. El exalcalde de Toledo había pedido en campaña un apoyo contundente porque gobernaba «mejor sin muletas». El electorado le dio el gusto: con casi medio millón de votos, barrió a Podemos y le permitió constituir un gabinete monocolor. Algo insólito ha sido que a pocos días de investido Page, su grupo ha presentado una proposición de ley para eliminar la limitación de ocho años para presidentes de la junta. El líder socialista manchego ya piensa en 2023.

En Extremadura, otro de los barones territoriales del PSOE, Guillermo Fernández Vara, ha sido investido solo con los votos de su partido porque también alcanzó la mayoría absoluta. Ciudadanos y Podemos le regalaron una abstención y únicamente tuvo los votos en contra del PP y Vox. Los socialistas, además, lograron mantener las diputaciones de Cáceres y Badajoz.

Lejos de la mayoría absoluta pero con notable crecimiento de escaños fueron los casos de los socialistas en el País Valenciá y en Balears. Allí fueron investidos Ximo Puig en la Generalitat y Francina Armengol en el Govern, respectivamente.

En el primer caso, ha repetido la alianza con los valencianistas de Compromís y con Unides Podem (que incluso ostentan cada uno una vicepresidencia). En el segundo caso, la coalición es aún más heterogénea: además de UP (que mantiene una vicepresidencia), se renueva la alianza con los nacionalistas de izquierda de Més, junto al apoyo legislativo de Gent per Formentera. 

No es casualidad que estos dos casos son los esgrimidos por Podemos para pactar una coalición a nivel estatal: a pesar de verse en mejor posición en la correlación de fuerzas (en ambos casos el PSOE creció en votos y los morados descendieron), e incluso sin la posibilidad aritmética de un gobierno alternativo de derechas, tanto Puig como Armengol nunca titubearon en ofrecer consejerías a sus socios.

Por parte de Asturias, Aragón y Cantabria, han renovado los ejecutivos socialistas. El Principado presenta la particularidad que el PSOE cambió de líder: Adrián Barbón –muy cercano a la portavoz Adriana Lastra– relevó a Javier Fernández y fue investido con el apoyo de Izquierda Unida pero sin el de Podemos.

En la Junta aragonesa, el socialista Javier Lambán ha logrado repetir gracias a un cuatripartito integrado por el Partido Aragonés (PAR) –una especie de Convergència pero menos nacionalista–, que tendrá la vicepresidencia, más Podemos y la Chunta, todos con consejerías. La habilidad del presidente, además de haber mejorado sus resultados, fue evitar una alianza entre PP, Ciudadanos y Vox con el PAR, quien ha sido el que definió la suerte del ejecutivo.

Cantabria mantendrá su presidente regionalista, Miguel Angel Revilla (PRC), en lo que será su cuarto mandato consecutivo, con el apoyo del PSOE (que tendrá la vicepresidencia y cuatro consejerías), la abstención de Vox y los votos negativos de PP y Ciudadanos. Podemos ha desaparecido del Parlamento cántabro.

El PP resiste gracias a los pactos

La debacle de Pablo Casado en las generales no se repitió en las autonómicas y municipales. No porque no haya perdido votos, sino porque gracias a sus aliados ha logrado mantener tres de sus principales feudos históricos –Madrid, Castilla y León y Murcia– con el modelo andaluz de pacto y gobierno.

Sin duda, Madrid es la joya de la derecha y para mantenerla bajo su órbita el PP y Ciudadanos han debido acercar posiciones en una desgastante negociación con Vox, que les permitirá el próximo miércoles investir a Isabel Díaz Ayuso. La formación de Abascal no pide consejerías en ninguna autonomía sino solo concesiones en los programas, especialmente en las áreas de LGBTI y de violencia machista. Eso ha permitido que los de Rivera acepten sus votos y puedan seguir diciendo que no gobiernan con ellos, pero sí gracias a ellos.

Con un presupuesto de 21.000 millones de euros –el mayor después de Andalucía y Catalunya– y un cuarto de siglo de gobiernos «populares», la comunidad de Madrid debutará en el modelo de gobierno de coalición y lo hará con una mayoría exigua: tan solo un escaño de diferencia ha dejado a PSOE-Más Madrid-Unidas Podemos fuera de la emblemática Casa de Correos de Puerta del Sol.

En Castilla y León, el PSOE fue el más votado pero Ciudadanos decidió que no hacía falta la renovación en la comunidad, a pesar de que el PP gobierna allí hace 32 años, y ha pactado para que permanezca Alfonso Fernández al frente de la Junta. En este caso no hizo falta el apoyo de Vox (que se abstuvo), al igual que los regionalistas de Por Ávila. Diferente lo que sucedió en Murcia, donde ha renovado Fernando López Miras en cogobierno con Ciudadanos, gracias al apoyo legislativo de la extrema derecha, cuyos votos fueron necesarios para evitar que la lista ganadora del PSOE llegue al Ejecutivo.

Además de la nueva posición de fuerza del PSOE y la nueva dinámica de las derecha, el mapa autonómico que ha quedado tras el 26-M escenifica el fin del bipartidismo, un hecho que ya lleva años pero que 2019 ha terminado de cristalizar. Los números son tajantes: tan sólo tres de las 16 comunidades autónomas son gobernadas con mayoría absoluta de un solo partido. En aquellas tres viven 5,8 millones de personas, por lo que el 88% de los habitantes del Estado son gobernados por administraciones regionales en las que hay gabinetes de dos o más partidos.

Solo parece restar que el PSOE de Pedro Sánchez sume a Moncloa a esta nueva y definitiva realidad.

La Rioja, en proceso de definición

La candidata del PSOE a presidenta riojana, Concha Andreu, no pudo ser investida el mes pasado por la oposición de Podemos, cuya única diputada se negó a dar su apoyo por no haber alcanzado un acuerdo a su entender satisfactorio. El hecho también cristalizó la división estratégica con IU, cuya legisladora sí votó a favor.

Pero el golpe surtió efecto y el PSOE riojano ha anunciado públicamente que el próximo lunes reanudará negociaciones «sin líneas rojas». Por su parte, fuentes de Podemos dijeron a GARA que buscan mantener la discreción en las conversaciones y que aguardan recibir un documento escrito por parte de los socialistas.

«Hay buena sensación», respondieron a GARA ante la pregunta de la posibilidad de que en setiembre sí se pueda formar gobierno. La pequeña comunidad autónoma sería un nuevo triunfo para el PSOE, que se la arrebatará al PP.D. ZANGITU