2019/08/14

Raimundo Fitero
Rictus

Los tertulianos han decidido utilizar una coletilla para tapar algunas de sus deficiencias analíticas o para esconder sus convicciones, si es que las tuvieran. Me refiero al discurso de investidura de la candidata del trifachito a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y como lo expresado verbalmente era tan mecánico, tan mal leído, siguiendo coma por coma lo escrito por otros, han decidido que no estaba cómoda, que su lenguaje corporal le delataba. Pero no han añadido nada más. ¿Por qué no estaba segura, ilusionada, convincente? Lo digo yo: es una candidata que será presidenta post mortem política. Ya está amortizada, ya se puede sustituir, ya debería estar dimitiendo. Tiene unos ojos muy abiertos, pizpiretos, pero el rictus de toda su cara la señala como una momia política viviente. Su enmascaramiento al proclamar la tolerancia cero con la corrupción, fue su momento cumbre. Los aplausos cínicos de las bancadas de la izquierda fue su puntilla.

Es lo mismo que contemplar el rictus de jurados, entrenadores, competidoras y públicos ante la maravilla realizada por Simone Biles, dejando obsoleta la ley de la gravedad, la de la relatividad y la de cordura al realizar en los campeonatos de USA de gimnasia, un salto triple doble. Tres veces, dos veces, pero en el aire, saltando desde tierra, por impulso de sus piernas. Esta muchacha es un prodigio de facultades, voluntad, entrenamiento, constancia y ganas de ir un poco más allá. Parece estar imbuida por el espíritu del circo, de lograr siempre lo que los ingenuos y conformistas consideran imposible. Esta atleta, bailarina, acróbata es la que consiguió hace unos meses varias puntuaciones de diez. Es decir, la perfección. Lo que ha hecho ahora va un poco más allá, es colocar la tabla de medir en otro lugar. Es inaugurar otra era de la gimnasia. Las mujeres vuelan.