2019/08/14

Una elegante crónica emocional y urbana
Koldo LANDALUZE
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En esta su cuarta experiencia como cineasta, el también actor Jean-Paul Rouve ha recurrido nuevamente a un original literario de David Foenkinos, escritor al que ya adaptó con anterioridad en la película “Los recuerdos” (2014).

En esta oportunidad y siguiendo un tono que coquetea con la comedia dramática, Rouve esboza una cuidada y elegante crónica emocional habitada por urbanitas con su brújula existencial estropeada. Ejerciendo como epicentro de la catársis familiar, a la excelente actriz Ludivine Sagnier le corresponde dar vida a la mujer destinada a equilibrar la balanza de sus dos hermanos, interpretados con igual solvencia por José García y el propio Rouve. Ellos simbolizan una etapa vital catárquica desde dos perspectivas bien diferentes. Mientras uno debe asumir los sudores fríos que le provoca la inminente maternidad de su tercera compañera sentimental, el otro intenta encontrar su lugar en el mundo tras un accidente. En mitad de este terreno tan telúrico como resbaladizo, ella intenta reiniciar su vida mientras ultima los papeleos de su divorcio. Diametralmente opuestos en sus caracteres, los tres hermanos que protagonizan esta cálida propuesta aciertan a plasmar los vértigos, anhelos y pequeñas alegrias cotidianas que comparten en una escenografía urbana que a ratos se muestra como un personaje más y  dentro de un conjunto que nunca tiende al subrayado gratuito. Rouve se muestra seguro con el material con el que ha trabajado y ello se traduce en una cuidada composición en la que impera el respeto hacia los personajes y sus circunstancias. Con rabiosa naturalidad y saludable vitalidad, el metraje transcurre afable y deja entrever ese oportuno toque de melancolía que dota al conjunto de una madurez que aporta empaque a unos diálogos muy bien desarrollados y arraigados a nuestras conductas cotidianas.