2019/08/17

MIKEL ALVIRA
ESCRITOR

El iruindarra Mikel Alvira nos relata en «Yo soy Guilles Nabarre» (Txertoa) la historia de un hombre corriente al que todos vieron como héroe, o villano: remontará el Garona en canoa y viajará, a bordo de su «Literal», hasta Dinamarca, donde encontrará el amor. Una novela viva y veraz, con una prosa que atrapa al lector y en la que el autor carga cada línea con su visión sobre la condición humana.

«Cualquier vida en manos de un contador de historias puede ser una gran gesta»
Amalur ARTOLA|IRUÑEA
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¿Cómo crea el personaje de Gilles Nabarre? ¿Cuál fue el germen de esta novela?

Esta novela tiene dos arranques. Por una parte mis ganas de contar una historia directa, muy humana y muy vinculada al mar, y por otro lado mis ganas de embarcarme en una historia de pocos personajes pero muy potentes, muy distinto a lo que fue mi novela anterior, “El color de las mareas”, donde había muchísimos personajes. Aquí quería centrarme en pocas vidas pero desarrolladas de manera mucho más potente, de manera que a quien lo lea le sacuda.

Gilles Nabarre no es el típico personaje de las novelas de aventuras: no es un héroe valiente, es un hombre corriente al que la vida guía hacia diferentes aventuras.

Creé a Gilles a partir de una idea: cualquier vida en manos de un contador de historias puede ser una gran gesta. Esa es la vida de Gilles Nabarre, un hombre corriente, que por una serie de circunstancias a veces es considerado héroe y otras villano, pero sin ninguna hoja de ruta por su parte. Y eso nos ocurre a todos. Es un huérfano de la postguerra mundial que cumple unas hazañas sin hacer otra cosa que responder a lo que en cada momento le pide el corazón. En un momento de la novela él dice que no es una cuestión de valentía, que es una cuestión de afrontar lo que te va viniendo en la vida.

Es una narración con muchas reflexiones sobre la vida, sobre la toma de decisiones, el valor… Muestra el lado más humano del que ha sido considerado héroe.

Sí, no cabe duda de que en mi narrativa la acción es muy importante, pero también la reflexión sobre la condición humana, a veces en boca de los propios personajes y otras veces en la propia voz del narrador. Las acciones son siempre realizadas por personas, luego me interesan más las personas, las relaciones, las emociones, más que solo la acción, y eso genera personajes mucho más complejos, en definitiva mucho más creíbles. Esta novela es una novela de ficción en la cual hay personajes reales, pero incluso los personajes ficticios son veraces, y son veraces porque están dotados de todo aquello que nosotros como personas tenemos: debilidades, fortalezas, flaquezas, incertidumbres... esa parte me interesa muchísimo.

Los personajes femeninos principales, Marie y Teresa, son fuertes, seguros y luchadores. Son los que mantienen a flote al personaje central.

Sí, sin duda. El título lleva el nombre de Gilles, pero él no es nadie sin los personajes femeninos que le rodean. Eso refleja cómo todos necesitamos de nuestra gente, de nuestras personas, y en especial de la mujer. Ahí hay una reivindicación también hacia el papel de la mujer; las mujeres de esta novela tienen una fuerza, una credibilidad, un tesón que, por otra parte, es propio de la condición femenina.

Los capítulos del diario del protagonista le dan a la novela un tinte histórico. ¿Era una manera de hacer la narración más realista?

Sin duda. Es un recurso que me gusta mucho, ya metí cartas en “El silencio de las hayas”, una serie de escritos en “El color de las mareas”, y volver a utilizar este recurso, en este caso los cuadernos de bitácora de Gilles, es una manera de acercar el personaje al lector. No sus acciones, que esas ya las cuento yo, sino sus emociones, sus vaivenes, sus dudas, y además me permite a mí dos cosas: reflejar mi propia visión del mundo y de la condición humana, y hacer que la lectura sea ágil. Me ayuda como autor a mantener la tensión de la voz narrativa y enganchar a quien lee.

Además del diario, Gilles quiere escribir un libro y trabaja como reportero para «National Geographic». ¿Quería poner en valor la escritura?

De alguna manera es poner en valor una manera de expresar, que es escribir. No es la única, muchas veces puede que no sea la más eficaz, pero desde luego que es la que yo más conozco. Es un guiño y una manera de poner en valor esto, siendo como es Gilles un escritor frustrado o un periodista no desarrollado, porque no es un triunfador de las letras. Pero nos convierte a Gilles en alguien mucho más próximo, va a ser muy difícil no empatizar con Gilles.

¿Y a usted, personalmente, que le da la escritura?

Yo escribo por una parte para pensar y por otra para comunicar. Para mí las letras son no solo mi herramienta, sino mi propia actitud ante la vida: soy escritor las 24 horas del día, no porque esté escribiendo siempre sino porque todo lo descifro en función de lo que yo sé como escritor. Escribir es mucho más que una acción, es una actitud.

Es una novela que exige, además de rigor histórico, conocimientos en materia náutica.

Sí que es una de las novelas más históricas que he escrito porque me apasiona, soy historiador por formación y por profesión, y la postguerra mundial y cómo se desarrolló en Iparralde es un tema que me fascina. Por otro lado, en la parte náutica, yo salgo a navegar, me gusta, y me rodeo de gente que sabe muchísimo de navegación. Todas las maniobras que ha vivido Guilles en su “Literal” las he vivido yo en uno u otro barco, muchas veces adrede, para ver cómo reaccionaría el barco aquí, qué maniobra haríamos allá... Si a eso le juntamos que soy un empedernido viajero y que adoro las Landas e Iparralde, pues ha sido una novela fácil de documentar y muy gustosa de tejer.

Lleva al lector a paisajes cercanos como Hendaia, Baiona, Bilbo o Capbreton, describe las calles, ambientes… ¿Qué importancia le da al entorno, al espacio donde se ubica la historia?

Los entornos son la escenografía necesaria para que se desarrolle una buena historia y los personajes sean creíbles. No siempre los he ubicado en Euskal Herria, pero sí con mucha frecuencia porque, en definitiva, es mi paisaje más cotidiano; los Pirineos, la costa vasca... El escenario acaba siendo un personaje más, como en este caso es, sin duda, el mar.

Los escenarios son reales, y además son reales tal y como eran en la época en la que yo los cuento. Ha habido documentación, hemeroteca, hablar con gente mayor... y eso ha sido fascinante, hace que el paisaje sea un elemento muy potente en la novela, sin que haya larguísimas descripciones, porque mis descripciones son a veces breves pinceladas. Sí que le doy importancia al escenario.

Y también a la estructura de la novela: utiliza capítulos cortos intercalados con los escritos de Nabarre, adelantando incluso lo que va a suceder para atrapar al lector. ¿Cuesta hoy en día enganchar a la lectura?

Bueno, hay una serie de audacias que no he inventado yo. Son recursos que ya existían y yo lo que he hecho es incorporarlos. Son esos que tú has citado, más los diálogos sin guiones, párrafos cortos, capítulos muy breves, como bien dices anunciar lo que va a suceder... Son recursos para mantener el hilo, el calor y para enganchar al lector. Quien ha leído esta novela me dice que le es muy difícil soltarla, porque como son fragmentos muy breves, uno te lleva a otro. Lo cual para mí es una gran satisfacción. Estoy muy contento con esta manera de escribir, mucho más directa, y de hecho las obras que estoy escribiendo ahora van en este estilo, mucho más conciso, directo y arriesgado también.

¿Cree que está cambiando su manera de narrar historias?

Sí, sin duda hay una evolución. Llevo escribiendo muchos años, también publicando, y me aterrorizaría seguir escribiendo como hace 30 años. Hay una mejora, creo que hay un gran ejercicio de contención, de depuración. Yo suelo decir de desbroce, como cuando desbrozamos un bosque o un jardín y quitamos las malas hierbas. Camino hacia la síntesis, a contar lo mismo en menos palabras, y a la vez creo que mis historias son cada vez más redondas, mas trabajadas, veraces. Sin duda estoy muy satisfecho con mi trayectoria, y con la labor que todos estos años he hecho con Idoia Arozena, mi editora, que ha sido quien me ha acompañado en toda esta evolución.

A escrito varias novelas, relatos, poesía, ensayos… ¿Qué será lo siguiente que le leamos?

Yo escribo muchísimo más de lo que luego publico o de lo que llega a los escenarios –porque escribo mucho guion y teatro–, pero eso no me limita. Lo fascinante es crear, escribir. En torno a las letras es donde yo me desarrollo, soy escritor, no soy artista plástico o director de cine. ¿Y qué será lo siguiente? He terminado una novela y estoy con ganas de iniciar algo que no sé si serán relatos u otra novela, tengo una obra de teatro ahí... Mi vida es escribir, no sé no escribir, así que ya se verá qué es lo próximo que llegue al público.

El título lleva el nombre de Gilles, pero él no es nadie sin los personajes femeninos que le rodean. Eso refleja cómo todos necesitamos de nuestra gente, de nuestras personas, y en especial de la mujer.

Soy escritor las 24 horas del día, no porque esté siempre escribiendo, sino porque todo lo descifro en función de lo que sé como escritor. Escribir es mucho más que una acción, es una actitud.