2019/09/11

Carlos GIL
Analista cultural
Sistema

Todo lo que no sea potenciar la Cultura como una necesidad integral para la sociedad es colocarse en una corriente de pensamiento que se basa en la supervivencia. Quizás cuando la Cultura se queda estancada en una suerte de rutinas y eventos, se ha llegado a la insignificancia de sus posibilidades, aunque se convierta en un bien de consumo, en algo que se debe promocionar y vender dentro de los parámetros del mercado textil o ganadero, pero que olvida en esta mutación su auténtico valor identitario, de vinculación entre lo racional y lo soñado. La simbología que aparta a los seres humanos de la superstición. 

Vamos a exigir que se trate a La Cultura con algo más que presupuesto, desgana y Excel, es necesario que se encuentren esos artistas, esos movimientos, esas confluencias de energías creadoras que ayuden a transformar el entorno, el mundo, la vida de unos cuantos para que afecte a todos. Pasemos a la fase siguiente, al escalón superior, allí donde las ambiciones se convierten en expresiones incuestionables que siembren de signos y ritos en evolución que nos ayuden a superar esta sucesión de acontecimientos sin otro propósito que cubrir el expediente, calmar a los angustiados y justificar el presupuesto. Falta empuje, alma, riesgo, urgencia por cambiar el mundo y la Cultura. Destruir bajo control este sistema imperfecto y hacer un perfecto caos liberador. Empecemos antes de que sea tarde.