2019/09/12

Las denunciantes del tatuador narran los abusos sufridos

Las víctimas del tatuador de Donostia narraron ayer ante el tribunal los abusos sufridos. La chica que colgó un mensaje en Twitter denunciando haber sido acosada recordó los tocamientos a los que fue sometida. «Al principio creí que lo había malinterpretado, pero luego me sentí intimidada en mi integridad sexual», confesó. El juicio seguirá hoy con la declaración del imputado, para que el que la Fiscalía pide 21 años y cuatro meses de prisión por 14 delitos.

GARA|DONOSTIA
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La primera sesión del juicio contra el tatuador acusado de catorce delitos de índole sexual, para quien la Fiscalía pide 21 años y cuatro meses de prisión, tuvo lugar ayer en el Juzgado de lo Penal número 2 de Donostia.

La sesión comenzó con el testimonio de las doce mujeres denunciantes. La primera en declarar fue la chica que colgó un mensaje en Twitter denunciando haber sido acosada sexualmente por el acusado en su estudio de tatuaje de la calle Iñigo de Donostia, en enero de 2018.

La joven relató que el acusado le pidió que le enseñara el ombligo, tras lo cual este le «metió la mano por dentro de la ropa». Y mientras le aplicaba el instrumental de tatuar sobre la piel, notó que este «frotó su pene» contra su mano. «Al principio creí que lo había mal interpretado, pero luego me sentí intimidada en mi integridad sexual».

Otra víctima narró que en verano de 2016 acudió a realizarse un cover en el brazo a la casa del tatuador en Bidebieta, cuando todavía no tenía local. En la primera sesión el acusado le pidió que se quitara la camiseta. «No me pareció necesario, pero su mujer, que estaba allí me dijo que era normal», afirmó.

Señaló que en la última de cuatro sesiones, tras algunas preguntas «incómodas», le puso el pene en la mano, con la aguja puesta sobre la piel. «Le dije que estaba loco, que me soltara, grité pero siguió», manifestó, para añadir que «se abalanzó» e intentó besarla. «Le empujé, se bajó los pantalones y se empezó a masturbar, porque decía que no podía aguantar, que tenía que hacer algo». No denunció entonces porque se sintió «hasta estúpida», pero el mensaje en internet le «animó a contarlo».

El resto de víctimas narraron episodios similares. Una de ellas, expareja de un compañero de piso del acusado, contó que en 2014 se fue a vivir a ese piso y un día que su novio estaba fuera, al ir a coger un vaso de agua a la cocina el imputado se le abalanzó encima «con los pantalones y los calzoncillos bajados». «Me acorraló contra la encimera de la cocina, intentando que le tocara el pene. Le empujé. Poco después salió del cuarto su mujer, y se subió los pantalones», añadió.