2019/09/16

Iñaki LEKUONA
Periodista
Prejuicio

Patrick Balkany, amigo de infancia de Nicolas Sarkozy, diputado por su antiguo partido y alcalde del municipio de Levallois-Perret, en las afueras de París, ha sido finalmente condenado por fraude fiscal, blanqueo y corrupción, al igual que su esposa y teniente alcalde, Isabelle.

El primero, castigado con 4 años de prisión y diez de inhabilitación para cargo público, ha sido encarcelado de inmediato, pero la Justicia, que ha penado igualmente a la esposa a otros tantos años de inhabilitación y tres de cárcel, ha estimado innecesario que la señora Balkany duerma a la sombra.

Y aunque la sentencia sea firme, la concejala corrupta ha podido regresar al Consistorio y, en ausencia de su marido, como alcaldesa. Ha declarado Sarkozy que le da mucha pena la situación de su amigo de niñez. Nada ha dicho de la pena que le dan los miles de habitantes a los que su colega de partido ha defraudado. Tampoco ha dicho nada sobre la pena que da una Justicia que permite que alguien condenado por fraude pueda regresar al cargo público donde cometió ese mismo delito. Pero ante la Justicia española, que hoy estrena nuevo capítulo, la francesa parece hasta seria. Hay 47 personas en el banquillo por defender derechos fundamentales, y es posible que terminen condenadas. Pero lo que desde hoy se juzga en Madrid es la Justicia española. Y ahí ya tenemos bien claro nuestro prejuicio.