2019/09/19

SABINE CAZENAUVE
NUEVA DIRECTORA Y CONSERVADORA DEL MUSEO VASCO DE BAIONA

Originaria del Bearno, tiene procedencia vasca por parte de madre, por lo que se siente cercana a Euskal Herria. Después de ser profesora durante 20 años estudió para ser Conservadora de Patrimonio, y lleva las últimas dos décadas dedicándose a ello en diferentes museos. Hasta noviembre, cuando ocupe su puesto en Baiona, ejerce de conservadora del Museo de Orsay de París.

«Mi trabajo será hacer brillar la sociedad vasca, dar las claves de lo que ha sido»
Idoia ERASO|BAIONA
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El Museo Vasco de Baiona va a comenzar una nueva etapa de la mano de su nueva directora y conservadora. Sabine Cazenauve tomará los puestos que hasta ahora estaban en manos de dos personas. Rafael Zulaika dejó su cargo como director a finales del 2018, después de hacerlo durante cerca de once años, y Olivier Ribeton se jubilará y pasará el testigo en noviembre en el puesto de conservador que ocupa desde 1988. Consciente del reto que supone esta nueva designación, Cazenave confiesa que «pueden parecer difíciles»; no obstante, quiere mostrar a los vascos que pueden depositar su confianza en ella.

¿Por qué decidió postular por el doble puesto de directora y conservadora del Museo Vasco de Baiona?

Porque los museos ‘de sociedad’ me interesan especialmente. En el recorrido laboral que he llevado tanto fuera como dentro de la región, se trasluce el interés que tengo en hablar de los vascos. Es interesante participar en el desarrollo del territorio en el final de mi carrera.

Tratándose usted de una persona de fuera de Euskal Herria, que no ha trabajado nunca aquí y que viene como responsable de un museo etnográfico, será todo un reto…

Soy consciente de la dificultad que supone, de las etapas que voy a tener que superar, pero también tengo total confianza en la sociedad civil del País Vasco, y sé también que me puedo basar en el trabajo que hicieron Rafa Zulaika y Olivier Ribeton, y en todas las personas a las que les interesa hacer resplandecer este pueblo, y este museo.

Se trata de un puesto que no será fácil de ejercer. Usted sola deberá de asumir el trabajo que antes hacían Zulaika y Ribeton. ¿Como tiene intención de realizar ese trabajo doble?

Es una pregunta excelente. ¡Ja, ja, ja! Para empezar, gestionaré con mucho cuidado mi agenda, para equilibrar el tiempo de dirección y de colección. Esta situación se da también en muchos museos en Francia y en el mundo, donde la misma persona hace el trabajo de director y de conservador, y en una época en la que hay que preocuparse mucho por las financiaciones públicas. Hoy en día, es importante dar fluidez al dinero que se va a destinar a las colecciones y a las exposiciones, teniendo en cuenta el parámetro variable que supone ir a buscar otro presupuesto. La manera en la que se gestiona el personal dedicado a ello es muy importante.

Durante un tiempo la directora y la conservadora serán la misma persona, pero también hay un gran equipo de colección, que no son conservadores, pero que ayudan en ese sentido. Olivier va a seguir durante seis meses para pasar el testigo. También está Jacques Battesti, que es el agregado de conservación y que conoce bien la colección, y además tenemos la suerte de tener dos administradores. Está claro que no estoy sola en lo que respecta a las colecciones, y además está el resto del equipo, que conoce el País Vasco, con sus desafíos patrimoniales, de la colección y de la lengua. Las 25 personas que componen el equipo están ahí también, pero estoy de acuerdo en que será todo un desafío.

El número de visitantes aumenta de año en año desde hace seis años. En 2018, y por tercer año consecutivo, se superó el récord de 60.000 visitantes. ¿Cómo piensa seguir con esta tendencia?

Tengo un gran respeto por el trabajo que se ha realizado hasta ahora en el Museo Vasco. No tengo ninguna intención de cambiar radicalmente los métodos que pusieron en marcha mis predecesores. En cambio, tengo intención de enriquecerlo, junto con los equipos del museo, y la totalidad de la sociedad vasca. Si la sociedad tiene algo que decir a través de los museos, a los vascos y a los no vascos, es algo que hay que hacer llegar revitalizando las exposiciones permanentes, para que tengan un relato que no hable solo sobre el pasado más lejano, sino que hable también de lo que ocurrió durante el siglo XX.

Hace ya 20 años que estamos en el siglo XXI, y nos damos cuenta de que el País Vasco que se puede ver en el museo de Baiona es el del pasado, no es el del presente e incluso menos el del futuro. Tengo intención de hablar sobre lo que ocurrió también en la segunda mitad del siglo XX, y también sobre los vascos de la diáspora. Es algo que estaba presente en el pasado, y de lo que se puede hablar también hoy en día.

Quiero mostrar en las exposiciones temporales, lo que corresponde al País Vasco, pero también sobre las relaciones con el resto del territorio, sea francés o español, o también con el resto del mundo. Creo que es necesario que haya una buena harmonía entre la exposición permanente y las exposiciones temporales.

Por supuesto, trabajar con los otros museos que hablan del País Vasco en el sur, y especialmente con el Museo San Telmo de Donostia. Es importante hablar con los socios, en esto tampoco estamos solos. Hay que poder hablar de todo el territorio de Iparralde, hay muchos agujeros en este museo.

¿Cuales son esos agujeros?

Se habla muy poco sobre el ámbito textil, hay muchos muebles, juegos, deportes, también los ritos, pero hay muy poco sobre lo que ha aportado la industria, por ejemplo.

¿Qué relaciones espera tener con los museos de Hego Euskal Herria? Ha hablado de San Telmo, pero también están, por ejemplo, el Museo Vasco de Bilbo o el Museo de Nafarroa.

Uno de los desafíos va a ser acercarse a los museos que hablan del País Vasco al sur de los Pirineos, pero no hay que olvidar que hay también museos en Maule y Donapaleu. Ir a hablar con los colegas de Bilbao, Iruñea o San Telmo, será algo que haré en los primeros meses de mi trabajo. Pero también tengo intención de ponerme en contacto con otros museos de sociedad hacia el norte del País Vasco, con otras zonas de Gascoña, o con zonas que también se encuentran a los pies de las montañas. Creo que para saber de donde venimos y donde estamos, tenemos que ver que es lo que compartimos.

Cuando se presentó la plaza para el puesto de dirección y de conservador se dijo dar preferencia a las personas que hablasen euskara. Como no vasco parlante, ¿qué lugar tiene intención de dar a la lengua?

Para empezar, tengo intención de darle un espacio físico en la exposición permanente. Si viene alguien que no conoce el euskara y que no es vasco, no va a saber el rol que cumple la lengua en la sociedad vasca. Y dar también a conocer los diferentes dialectos, porque el batua, es una síntesis. Hoy en día el euskara solo está presente a través de los carteles.

¿Qué puede aportar una persona que no es euskalduna? No hay que olvidar que no estoy sola, que estaré rodeada de un equipo en el que hay personas euskaldunas, y la mejor garantía es que me apoye en los equipos del museo. El hecho de que no sea vascófona, (no digo que no sería genial que lo fuera también) es que puedo aportar el resto de la red, ya que la vocación del museo es hablar con los vascos sobre los vascos, y también de los vascos con los no vascos. Mi trabajo será hacer resplandecer la sociedad vasca, dar las claves de lo que ha sido, lo que es hoy en día y lo que podría ser, a la gente no vasca.

No soy euskalduna, en casa la lengua vernácula era el francés, y el poco vasco que sé lo aprendí de mi abuela, pero en nuestra casa el vasco era la lengua de los secretos, que se utilizaba cuando no se quería que entendiesen los niños, además era el de Zuberoa, no el batua.

Me voy a reactivar con lo que sé de vasco, aunque solo sea para ser abierta y educada con mis interlocutores, pero no me voy a hacer pasar por algo que no soy. Lo que yo puedo aportar es precisamente la apertura hacia los demás, hacia todos los otros museos con los que debemos de comunicarnos, si queremos mantener nuestro lugar en Baiona hacia Madrid, París y el resto del mundo.

Otro de los interlocutores que tendrá será la Asociación de Amigos del Museo. Su presidente de la asociación Jean-Claude Larronde, ha dicho que el aumento de visitas del museo está teniendo lugar desde que él ocupo el puesto.

También está en el consejo de administración del museo, y mis interlocutores más importantes son los administradores. Ellos representan la totalidad de las localidades del País Vasco Norte, y también de una parte importante de vecinos en el departamento de los Pirineos Atlánticos, que son los bearneses. El señor Larronde es uno de mis interlocutores privilegiados, al igual que los otros administradores, que se podría decir, entre muchas comillas, que son mis jefes.

Voy a crear relaciones con todos los actores del desarrollo de la sociedad y la memoria de lo que son los vascos, en el País Vasco sur y en el norte, lo que me parece totalmente lógico.

Son mis interlocutores naturales y, de hecho, la agenda de mi primera semana de trabajo está prácticamente consagrada a la consulta de las fuerzas vivas de este territorio. En todos los museos que he trabajado son compañeros.

¿Con quien se reunirá la primera semana?

No gestiono yo sola mi agenda, lo hago junto con los imperativos del equipo. Pero lo que sí se es que no voy a ser exclusiva, voy a reunirme con todas las personas que tengan el título de una u otra entidad, y que represente una visión de la sociedad vasca en el museo. Sé que son muchos. El primer día lo consagraré a los equipos del museo, y desde el segundo día me reuniré con lo que yo llamo las fuerzas vivas que llevan la memoria del territorio vasco y de Baiona, entre otros el Instituto Cultural Vasco, asociaciones de eruditos y que tienen todos una parte de esa memoria.

Otro de sus interlocutores naturales será el Museo Bonnat, que se encuentra a unas decenas de metros del Museo Vasco, y que abrirá sus puertas en 2021, después de estar cerrado durante 10 años.

Cuando hay dos o tres museos en una ciudad como Baiona, tenemos que trabajar todos juntos, no solo con el Museo Bonnat, porque es nuestro vecino más próximo, sino también con el Museo de Historia Natural, por ejemplo. Hay tres museos, y es necesario que creemos un paisaje de museos, para empezar. Hay muchas cosas que nos unen con el Museo Bonnat, para empezar estamos los dos situados en el Pequeño Baiona. El pintor Leon Bonnat que legó su colección a la ciudad de Baiona y participó en la creación del museo, también legó obras al Museo Vasco.

También mostramos nuestra solidaridad hacia un museo que se encuentra cerrado en estos momentos, y en el que no se pueden hacer exposiciones. Es por ello que este verano el Museo Vasco ha expuesto las obras del Bonnat, lo que me parece bastante interesante, ya que así el museo puede seguir estando presente de cara al público.

Pero no hay que olvidar que el pintor Bonnat era vasco, y que sus alumnos lo eran también, hay muchos puntos de unión, y con todas las escuelas regionales también. Tenemos que contribuir conjuntamente al desarrollo de nuestros dos museos, y tratar que ambos brillen, y que no haya uno que esté por encima del otro. Y esto forma parte de nuestro trabajo, iremos a salones o a operaciones conjuntas, y por qué no, haremos exposiciones coproducidas, al igual que podremos también coproducir exposiciones con nuestros compañeros del sur o con otros museos del territorio.

Una de los desafíos va a ser acercarse a los museos que hablan del País Vasco al sur de los Pirineos. Ir a hablar con los colegas de Bilbao, Iruñea o San Telmo, será algo que haré en los primeros meses de mi trabajo.

Tengo intención de darle un espacio físico a la lengua en la exposición permanente. Hoy en día el euskara solo está presente a través de los carteles.

Quiero mostrar en las exposiciones temporales lo que corresponde al País Vasco, pero también sobre las relaciones con el resto del territorio, sea francés o español, o con el resto del mundo.

Ser la directora y la conservadora durante un tiempo será todo un desafío, pero hay un equipo de 25 personas que está ahí también.