2019/10/09

Raimundo Fitero
Nivel bajo

Con mi incapacidad para distinguir un oasis de un espejismo, me desvelo comprobando el bajo nivel actual de la retórica política. Cuando se puede considerar que Ortuzar es un buen orador, que Urkullu es un gran dirigente o que Esteban es la alegría del Parlamento español, ver a Rufián en un programa televisivo convertido en un corderito lucero, me descoloca. Ser fan de Rufián, significa entender que Rufián siempre está a favor del espectáculo y que sus intervenciones son saludables y luchan contra la contaminación constitucionalista de las cloacas. Cuando Rufián entra en el corral de los gestos y las comprensiones universales, se me convierte en un remedo de sí mismo. 

Claro, estamos en celo electoral y todos deben camuflarse y emitir sonidos para confundir a sus piezas y poderlas cazar. Pero, el estilo, forma parte de todo argumento político y comprobamos día a día, que el nivel ha bajado hasta mínimos. Quizás todo sea fruto de las decenas de asesores que asesoran mal, de los leguleyos que calculan las encuestas de manera torcida, que la presión de la inmediatez hace que se descubra antes a un político en barbecho que a un descarado vendedor de peines sin púas. 

Rivera tiene asesores de vida nocturna agitada en garitos de ambiente denso. La aglomeración de intereses personales se ha convertido en un partido montapollos. La veleta sin tope. Lo del Parlament de Catalunya fue patético. Inconmensurable como mal inicio de campaña electoral. Una muestra de su descomposición, de su bajo nivel que se culminó con un tuit del golfo más grande la política española, Juan Carlos Girauta, que a la hora del quinto gin-tonic se dejó ir para insultar de manera tabernaria. El mismo nivel que la moción de incultura política de Lorena. Menos mal que van en coalición con UPyD. Una broma.