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Los kurdos acusan a Ankara de violar el alto el fuego de Erdogan

Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), coalición kurdo-árabe del norte de Siria, acusaron a Turquía de violar el alto el fuego anunciado por EEUU, y de seguir atacando la ciudad de kurda de Serekaniye. Escasas horas después de su entrada en vigor, el anuncio es visto con escepticismo por Moscú, Damasco y Bruselas.

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Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) acusaron a las tropas turcas de haber violado el alto el fuego alcanzado la víspera entre Turquía y EEUU y que prevé el cese de las hostilidades durante cinco días en el noreste de Siria.

«Pese al acuerdo de suspender los combates, los ataques aéreos y de artillería continúan alcanzando las posiciones de combatientes, asentamientos civiles y el hospital de Serekaniye (Rais al-Ain, en árabe)», denunció su portavoz, Mustaphah Bali.

Las FDS, lideradas por los milicianos kurdos sirios de las Unidades de Protección Popular (YPG), aceptaron el alto el fuego, que oficialmente entraba en vigor a las 22.00 horas del jueves.

El opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) confirmó ataques de artillería «esporádicos» contra la ciudad y combates con las milicias rebeldes sirias a sueldo de Turquía, que intentan avanzar posiciones. El OSDH añadió que se mantenía una calma «prudente» en el resto de Rojava (norte de Siria fronterizo con Turquía).

Erdogan amenaza

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, negó que esté violando el alto el fuego y habló de «campaña de desinformación».

Pero, paralelamente, amenazó con reanudar la ofensiva si, como estipula el acuerdo, las fuerzas kurdas no se retiran en el plazo de cinco días («120 horas») en una franja de su territorio con una profundidad de 32 kilómetros que sería convertido en una «zona de seguridad» donde tiene intención de instalar a parte de los 3,6 millones de refugiados sirios en Turquía.

Por si esta campaña de limpieza étnica e ingeniería demográfica fuera poco, Erdogan reiteró su exigencia de que esa «zona de seguridad» se extienda a través del Eúfrates hasta la frontera iraquí, en un total de 440 kilómetros.

La ofensiva turca ha conquistado hasta ahora una banda fronteriza de 120 kilómetros, desde Tal Abyad, en manos de Ankara, hasta el oeste de Serekaniye, donde ha tomado el control de la mitad de la ciudad.

Las FSD insisten en que acatarán este cese de las hostilidades, pero limita al área que hay entre Serekaniye y Tal Abyad, las poblaciones más afectadas por la ofensiva de Ankara.

El vicepresidente de EEUU, Mike Pence, aseguró que Erdogan se habría comprometido a no atacar la ciudad mártir kurda de Kobane.

El acuerdo, negociado entre Erdogan y Pence en su visita a Turquía – ayer recaló en Israel, donde fue recibido por el primer ministro, Benjamin Netanyahu–, no tiene en cuenta la llegada del Ejército sirio leal al presidente Bashar al-Assad, tal y como prevé un pacto alcanzado entre los kurdos y Damasco hace unos días. Su asesora, Buzaina Shaaban, tildó de «difuso» el acuerdo de alto el fuego y añadió que Damasco «no puede aceptar» un Kurdistán iraquí en Siria. Recalcó que se han dado «pasos importantes» con las FDS tras la ofensiva turca, pero matizó que todos los asuntos pendientes no pueden ser resueltos de golpe.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, aseguró que Moscú está a la espera de que Ankara le informe sobre el acuerdo de alto el fuego negociado con los EEUU de Erdogan.

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, denunció que no estamos ante un auténtico alto el fuego sino «ante una petición de capitulación a los kurdos» y pidió a Turquía el fin inmediato de su ofensiva.

Rusia sigue jugando de mano en Siria

Donald Trump ha tratado de sacar réditos del anuncio de alto el fuego y para ello no ha dudado en utilizar un lenguaje insultante, cuando no criminal, asegurando que «turcos y kurdos son como niños que querían enzarzarse en una pelea. Les he dejado hacerlo un poco y luego les he parado».

Por mucho que Trump alimente la polémica sobre Siria para distraer la atención de sus problemas crecientes con el «impeachment», en realidad, el anuncio de alto el fuego es una victoria para Erdogan, quien logra que EEUU asuma sus principales exigencias, entre ellas la de recuperar de manos de las YPG el armamento pesado que le ha ido suministrando desde 2015.

Pero es una victoria a corto plazo, porque sin el aval de Rusia el acuerdo es papel mojado. Más aún, la invocada «zona de seguridad» turca en Siria podría ser un espejismo si Damasco utiliza, como hizo en los 80 y 90, la amenaza del PKK como moneda de cambio para obligar a Ankara a retirarse del norte del país.

Erdogan no tiene problema en que el régimen de Damasco recupere el control de Rojava a condición de que garantice la expulsión de las milicias kurdas de la zona. Aseguró que el martes negociará con Vladimir Putin sobre el futuro de su operación y sus aspiraciones sobre Manbij y Kobane. No con Trump.Dabid LAZKANOITURBURU