2019/11/08

Raimundo Fitero
Compañero

El bombardeo es constante y los efectos colaterales vendrán en unas semanas. El sintagma «secreto del sumario», no está claro si es un oxímoron o un cachondeo. Desde luego los secretos peor guardados son aquellos que interesa a los novelistas de interior que han crecido al amparo del ministro con perrita y que están proporcionando material de derribo de toda credibilidad. Los vídeos que se empeñan en convertir en virales por absurdos y por ser una patraña superior a todo lo que se había escuchado hasta ahora, superando con creces al comisario Villarejo, tiene un tono de «españolada» en el término audiovisual. Y de farsa en el policial. E incalificable en el judicial.

Los he visto varias veces y el tono es de una empatía colectiva que solamente puede entenderse como una cámara oculta. Los supuestos implicados en preparar cosas tan alucinantes como la toma del Parlament, de fabricar unos explosivos que no existen ni ante el olfato de los perros especializados ni en ningún informe de los Tedax, que se les quiere convertir en un comando de alta cualificación, declaran con una pachorra que cualquiera que tenga una mínima noción de la vergüenza periodística sabe que estamos ante algo muy raro. Pero que muy raro.

El tono del interrogatorio, las palabras usadas, las preguntas casi de confesionario de programa televisivo no cuadran. Incluso el tiempo del verbo usado por uno de ellos confunde. Y cuando llama compañero a un picoleto que le detuvo y le interrogó, entonces la pantomima llega a momentos estelares. No sé si son luchadores catalanes metidos en una encerrona, no sé si existe algún dato consistente, pero hasta ahora, los compañeros, son de una entidad interpretativa floja. Y que salgan, ahora a pocas horas de las elecciones, es una prueba más de que es un montaje, pero de los malos.