2019/11/08

Maite UBIRIA BEAUMONT
Manual para desmontar viejos prejuicios sobre la migración asimilados por Macron

Un día después de anunciar medidas para endurecer el control de la inmigración, el Gobierno francés lanzó ayer en París una nueva ofensiva policial para el desalojo de campamentos de migrantes y demandantes de asilo. 1.611 personas, según la Prefectura, fueron evacuadas de dos de los campamentos existentes al noreste de la capital.

Macron lleva, efectivamente, variassemanas de coqueteocon el flanco más extremo de la derecha. Se ha paseado por las redacciones de los medios de comunicación que secundan abiertamente los planteamientos de la «marca azul marino»

Emmanuel Macron, como sus predecesores cercanos a derecha e izquierda, ha cruzado el Rubicón. Tras semanas de sobre exposición mediática en publicaciones de la derecha sin complejos, han llegado los primeros anuncios, y ayer a la mañana, con una representante del PS, Anne Hidalgo, en la Alcaldía de París, se ha repetido la imagen del desmontaje «al más puro estilo Sarkozy» de campamentos de refugiados. Un buen día para releer el manual de la Cimade, asociación que trabaja por la protección de los derechos humanos desde su nacimiento en un convulso año 1939 y que el mes pasado actualizó su manual preventivo con la mira puesta en el debate parlamentario sobre migración.

En vísperas del primer aniversario de la rebelión del movimiento de los Chalecos Amarillos, y con una convocatoria de huelga general contra la reforma de pensiones, el 5 de diciembre, en el horizonte, el Ejecutivo de Emmanuel Macron ha recurrido al «joker» más previsible. El presidente «renovador» ha movido en el tablero político la siempre recurrente ficha de la migración, y lo ha hecho con la misma falta de pericia que sus antecesores.

Macron lleva, efectivamente, varias semanas de coqueteo con el flanco más extremo de la derecha. Se ha paseado por las redacciones de los medios de comunicación que secundan abiertamente los planteamientos de la «marca azul marino» y las empresas de sondeos –convertidas casi en casas de apuestas– han aderezado esa campaña colocando en la agenda de debate un hipotético duelo Macron-Le Pen en la segunda vuelta de las próximas elecciones presidenciales que no tendrán lugar hasta ¡2022! La derecha, que ya jugó una baza previa, sacando adelante una medida para prohibir el uso de velo por las madres que acompañan a sus hijos en actividades y desplazamientos fuera del marco escolar, palidece ante un presidente que le toma prestado el programa que, a su vez, ella misma recuperó antes de Rassemblement National (RN, anterior al Frente Nacional).

De anuncios y prejuicios. Los primeros anuncios, tendentes a limitar el acceso a la sanidad pública a migrantes «sin papeles», a mejorar el ranking de expulsiones o a endurecer las condiciones del acceso al derecho de asilo, no son demasiado novedosos, su efectividad se anticipa dudosa, pero el efecto, sin duda, será nefasto desde la perspectiva del respeto a la dignidad de las personas.

El mero hecho de enunciar tales medidas dificulta la de por sí precaria situación de miles de migrantes, interrumpe o condiciona la reconstrucción de sus vidas, muchas de ellas quebradas por una larga huída desde países de origen, y, refuerza el estigma.

En plena tormenta populista, el manual editado por la Cimade ofrece una tabla de salvación. El mismo permite someter al polígrafo algunas de las asociaciones de ideas que persiguen a las personas migrantes y que, hipocresías a parte, ganan terreno porque los políticos en apuros no dudan en escudarse en ellas.

Asistencia médica. Y a la cabeza del manual aparece la medida faro del «paquete anti inmigración» que ha empezado a desgranar Macron: el dispositivo de asistencia médica básica o AME. «Los extranjeros vienen a disfrutar de la sanidad de forma gratuita en Francia, y eso nos cuesta mucho». El enunciado no dista, efectivamente, demasiado de lo escuchado estos días por boca del macronismo.

La AME dista mucho de ser un servicio universal –sólo pueden acceder a la misma personas que careciendo de documentación francesa o de la UE tengan ingresos inferiores al umbral de pobreza– y, desde luego, dista mucho de la sanidad universal, ya que no incluye el conjunto de servicios básicos cubiertos por la seguridad social francesa.

Esas personas, extranjeras y pobres no podrán recibir cuidados por tener a su cargo un hijo con alguna minusvalía, ni serán reembolsadas igual a la hora de adquirir medicamentos, pero, lo que hace más evidente la falta de igualdad ya en vigor: al no contar con la llamada carte vitale o tarjeta sanitaria universal, esas personas, pese a no disponer de recursos, deberán adelantar todos los pagos, tanto la consulta del médico como los tratamientos.

El acceso al sistema sanitario ya está, por tanto, fuertemente restringido. «Contrariamente a las ideas que se expanden, la mayoría de las personas extranjeras con la que trabaja Cimade ni siquiera saben de la existencia de ese dispositivo», remarca el informe, para desmontar las ideas sobre un supuesto «turismo terapéutico».

La política para limitar la AME no impactará en las famélicas cuentas de la Seguridad Social francesa, porque no se financia a través de ella. Segundo desmentido radical.Las personas que tramitan permisos de residencia en Francia, en su inmensa mayoría, trabajan, pagan cotizaciones sociales y declaran a Hacienda sus ingresos. Datos que quiebran estereotipos sobre los «sin papeles» pero que no se evocan, con lo que, sea o no ese el objetivo, se refuerza la falsa imagen de «los migrantes que viven de nuestro bolsillo». Las medidas anunciadas por Macron tendrán todo menos efectos positivos para «los franceses». La hipótesis más plausible indica que con ella, las personas «sin papeles» evitarán, todavía más que ahora, acercarse a la red básica de salud, y sólo acudirán «in extremis», con dolencias graves, lo que trasladará los impactos a servicios más caros como son los hospitales.

Los datos desmontan la medida estandarte de Macron, aunque el manual ofrece una completa documentación sobre otras propuestas que, habitualmente e indefectiblemente, incluye todo «manual de presidente» en materia migratoria: cuotas por países de origen, restricción del acceso al derecho de asilo, cuotas fijas anuales de expulsión...

Una lectura para combatir los prejuicios relativos a la migración que, sin ser verdad, inspiran las políticas de los presidentes franceses desde hace décadas.