2019/12/04

Crónica de una superviviente
Koldo LANDALUZE
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Belén Funes se ha revelado como una de las cineastas más interesantes dentro de la nueva hornada de realizadores. En esta su tarjeta de presentación queda muy claro que el discurso de esta autora, surgida de la prolífica cantera de la Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Catalunya, está enraizado en la realidad social más descarnada a la hora de descubrirnos la mecánica cotidiana de una joven que alterna todo tipo de empleos para poder sobrevivir. Greta Fernández asume el riesgo de saberse omnipresente en cada uno de los planos con una naturalidad pasmosa y aporta a su personaje todo tipo de registros que le otorgan un gran empaque dramático. El reto no se presenta fácil y la actriz lo asume con seguridad cuando se mete en la piel de una joven que siempre ha vivido sola y que se emplea a fondo en sacar adelante tanto su vida como la de su bebé.

En esta su mecánica de superviviente nata e irreductible, la protagonista nos descubre que tiene un padre que tras cumplir condena retorna a la calle y, lo que puede resultar más doloroso, a su vida. En este punto entra a escena un actor tan solvente como Eduard Fernández, el cual demuestra una gran generosidad interpretativa a la hora de respaldar en todo momento el rol principal de Greta Fernández. Funes deja a un lado el subrayado gratuito a la hora de narrar un drama que, con semejantes mimbres, podría haber discurrido por derroteros diametralmente opuestos y que, por fortuna, en su conjunto –muy bien engarzado– nunca chirría nada y se priman los diálogos y miradas que se desarrollan a distancia corta.

La cámara jamás resulta molesta y capta con precisión una relación paternofilial truncada pero condenada al reencuentro. Sensible y cálida, “La hija de un ladrón” es un retrato de esa gente que jamás desiste en su empeño por encontrar su lugar en el mundo y no perecer en el intento.