2020/01/15

Raimundo Fitero
Togados

No cabe la menor duda: los ultras van a usar a su comando togado para bloquear la vida política y de paso establecer el terror entre la población entretenida en trabajar, estudiar y hacer conjuntamente una sociedad mejor. Los papeles antiguos nos lo advertían, pero seguimos mirando a la clasificación de nuestros equipos en la tabla y no atendimos al vendaval reaccionario y de clara intención de vuelta atrás que poco a poco fueron estableciendo en el ordenamiento jurídico, en demasiadas ocasiones de manera unánime, en otras con mayorías variadas, por lo que nadie o casi nadie está en disposición de tirar la primera piedra.

Las leyes y quienes las ejecutan, interpretan y colonizan. Es la brigada judicial que está intentando romper todos los consensos que se sostienen con unas agujas muy frágiles, convirtiendo los tribunales superiores en cámaras de decisión política. Estaba ahí el problema, nadie lo quiso solucionar y ahora es un tumor maligno que va a ser difícil extirpar o al menos cronificar para que no siga extendiéndose y convirtiéndose en quienes deciden, manipulan los resultados electorales y crean un estado de excepción que se encamina hacia el golpe de Estado táctico.

Los ultras de diferentes capas funcionan de forma coordinada. Unos llevan sus denuncias demenciales y antidemocráticas a un tribunal y los otros, se encaminan por otro comando institucional. El objetivo, el mismo, bloquear, quemar, abrasar todo cuanto se decida de manera libre y democrática en un gobierno legal y constitucional en grado sumo. Cualquier decisión, por nimia que sea, va a ser material para esta guerra sucia judicial. Es una estrategia demoledora, están cargados de antecedentes totalitarios. Ven a unos ministros con un pin antinazi y se sienten ofendidos. Antifascismo activo, constante, ni una broma.