El lehendakari recalcula, cede a la presión social y rectifica

El lehendakari acudió ayer, seis días más tarde, al vertedero de Zaldibar y, de forma coordinada, varios dirigentes del PNV acusaron de carroñeros a aquellos que, precisamente, le venían pidiendo que visitase el lugar de la catástrofe. Es decir, Gobierno y PNV rectificaron al tiempo que insultaban a aquellos que pedían esa rectificación. Hace falta arte para hacerlo.

Carroñerismo. La palabra es fea hasta decir basta, tiene una potente carga negativa y, si se permite, es de un mal gusto notable, por no utilizar otras palabras en un momento en el que dos trabajadores siguen sepultados. Que la ponga en circulación el mismo portavoz que publicitó –en la red social que ayer denostó– su paseo dominguero en Anboto suena ya a tomadura de pelo. Por cierto, que el primero en rectificar fue él, al borrar aquel tweet.

Pero la palabra funciona. Carroñerismo. Y hace su magia. Urkullu se presentó «por sorpresa» en el lugar, como si fuese lo más normal del mundo, como si no llevase seis días sin hacerlo, y el protagonismo se desvió de manera inmediata al lodazal político y a los reproches del PNV a todos aquellos que han criticado su nefasta gestión de la crisis.

El marco de ese lodazal conviene evidentemente al PNV, pues nos pone a todos a bailar al son de las diatribas entre partidos y pone a toda la oposición a tratar de sacudirse la acusación de sacar rédito político; un dudoso argumento que al Gobierno lo mismo le sirve con Zaldibar que con el caso De Miguel.

Salgamos, por tanto, del fango. Lo que ocurrió ayer es mucho más sencillo: Urkullu, que como él mismo recordó el lunes está ya en precampaña, ha recalculado su posición y la ha rectificado. El lunes dijo que no sentía la necesidad de acudir y dos días más tarde, acudió. Y en este cambio de postura, el papel de la presión social que él mismo denostó el lunes es evidente. No es inmune y ha calculado mal. Eso es lo que nos dice la visita de ayer al vertedero..