Amalur ARTOLA
DONOSTIA

Zinemaldia tampoco se libra de la brecha de género que impera en el cine

La industria cinematográfica es un sector masculinizado al que las mujeres tiene difícil acceso. No es que no haya mujeres en el sector, que las hay, pero son pocas las que llegan a la profesionalización. El primer informe de identificación de género de Zinemaldia pone la base para analizar una realidad en la que la presencia femenina es mayoritaria en las primeras etapas y desaparece según se alcanza la profesionalización. Se trata, de nuevo, del techo de cristal.

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Ya lo anunciaron la pasada edición de Zinemaldia: son varios los festivales de cine internacionales –Cannes, Berlinale…– que han empezado a tomar conciencia de la ausencia de mujeres profesionales en sus certámenes y se han propuesto elaborar informes internos para establecer las razones. Zinemaldia no es ajena a esta realidad, y se suma al carro con el primer informe de identificación de género de las y los profesionales que trabajaron en las películas de la última edición del festival.

El informe, presentado ayer por el director de Zinemaldia José Luis Rebordinos y el alcalde de Donostia Eneko Goya, analiza los datos tanto de las 3.013 películas inscritas y visionadas por el comité de selección como las de las 150 que resultaron seleccionadas para ser proyectadas en las secciones principales de Zinemaldia (Sección Oficial, New Directors, Horizontes Latinos, Zabaltegi-Tabakalera, Nest, Culinary Zinema, Made in Spain, Zinemira y Velódromo), y las divide en seis áreas de análisis: dirección, producción, guion, fotografía, música y montaje.

El dato principal no desvela ninguna sorpresa: de media, el porcentaje de participación del género masculino es del 70%, frente al 30% femenino. Es decir, que de los y las profesionales de esas seis categorías que trabajaron en la elaboración de esas 3.013 películas, el %70 son hombres. Patrón que se repite en las 150 seleccionadas. Resulta inquietante que, por ejemplo, de las 17 películas seleccionadas en Zinemira no haya ninguna directora de fotografía o que la tarta de Perlak, sección que recoge películas aplaudidas en otros festivales, muestre que entre las 19 películas seleccionadas hubo solo una dirigida por una mujer (%4,76).

La horquilla se abre al analizar las secciones con mayor porcentaje de cineastas emergentes. En New Directors –compiten cineastas con su primer o segundo largometraje–, por ejemplo, la media de profesionales que se identifican con el género femenino sube hasta el 40% y en las categorías de dirección (61%) o guion (53%) las cineastas son mayoría. Otro tanto sucede en la sección Nest –acoge filmes de estudiantes de cine–, donde la media es de 47% y las mujeres son mayoría en dirección (%53), fotografía (56%) y montaje (%63) y se sitúan en porcentaje parejo al de los hombres en producción (%45) y guion (%46), lo que pone de manifiesto esa presencia femenina mayoritaria en las primeras etapas.

El salto a la profesionalización

Vistos los datos, la pregunta es: ¿Qué sucede con las profesionales emergentes? Que se topan con el techo de cristal. «La dificultad no parece residir tanto en el acceso, sino en la profesionalización. Parece que no tienen las mismas oportunidades pero no sabría decir por qué», dijo Rebordinos, quien opinó que harían falta 3-4 años –y otras tantas ediciones analizadas– para ver la evolución y sacar conclusiones más acertadas, tanto en lo referente a la participación de las mujeres en Zinemaldia como al de la industria en general, si se compararan esos datos con los de otros festivales internacionales. «Creo que van a salir datos esclarecedores», afirmó, tras recalcar que este informe es un primer acercamiento.

Más claro lo tiene Lara Izagirre, cineasta y guionista zornotzarra que, en el turno de preguntas, se ofreció, en nombre de la asociación de mujeres vascas cineastas y medios audiovisuales (CIMA), a remar juntos en la misma dirección: «Estos datos son el inicio de una reflexión necesaria y estamos aquí para colaborar, porque nosotras tenemos información al respecto», aseguró, y se refirió, entre otros, a la falta de visibilidad, porque «hay mucho talento y creo que el festival más importante de aquí puede hacer mucho» en ese aspecto, concluyó.

Memoria de la 67ª edición

Por otra parte, Zinemaldia también dio a conocer la memoria de 2019, edición en la que se constata «un crecimiento sostenido» del certamen, que «se aproxima a su techo» y que, por segundo año consecutivo, bate su récord de asistencia de público (178.687 espectadores), número de acreditaciones (4.319) y recaudación por venta de entradas (950.344 euros).

Rebordinos señaló que, «más allá» de las cifras, «la fortaleza» de Zinemaldia se muestra en «la consistencia» de sus apuestas más recientes, como la segunda generación de Elías Querejeta Zine Eskola, integrada en el funcionamiento del festival, y la segunda edición de Zinemaldia & Technology, un espacio de reflexión sobre la tecnología aplicada al ámbito audiovisual.