2020/05/22

XABIER MADINA
CIUDADANO QUE VIVE EN LA RESIDENCIA IZA

Xabier Madina se considera una persona «normal». Hace muchas décadas que dejó de «convencer» a la gente de ello. Vive en el barrio donostiarra de Antiguo, en la residencia IZA, perteneciente a la Fundación Matia, ya que necesita ciertos apoyos. «Se trata de apoyos que pueden cambiar a lo largo de mi vida, o de la de cualquier ciudadano. Por eso, el hecho de vivir donde vivo no es una razón para que se me apliquen medidas discriminatorias», argumenta.

«Me conculcan el derecho de vivir y participar en mi sociedad»
Maider IANTZI GOIENETXE
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«No todos somos iguales. Entre mercadeos políticos y cambios de poderes, alguien se ha olvidado de nosotros, de nuestra realidad, de nuestros derechos como ciudadanos y de nuestra necesidad de seguir compartiendo proyectos vitales en nuestra sociedad». Con este mensaje se puso en contacto con GARA Xabier Madina, residente del centro IZA, ubicado en el barrio donostiarra de Antiguo y especializado en personas que presentan un nivel de discapacidad físico acompañado de otras patologías. Este ciudadano, que tiene una rica vida social, solo quiere que le dejen seguir haciendo una vida ‘normalizada’, con las mismas medidas higiénicas que el resto.

Preséntese, ¿quién es? ¿Cómo es su vida?

Soy una persona de 50 años, ya he pasado mi época de estudiante universitario, de deportista y de pequeño empresario. Ahora, llevo una vida ‘tranquila’. Pertenezco a una asociación artística que se llama ‘Kolorearekin’, que trabaja por la inclusión social de personas con discapacidad a través del arte, en concreto el teatro y la danza. Además, semanalmente suelo juntarme en el campus de la UPV-EHU con un grupo de teatro, con Maite Agirre (de Agerre Teatroa). Desde enero, Maite y yo estamos poniendo en marcha un nuevo proyecto (al que hemos llamado ‘Kirats Teatroa’), y en el que realizamos sesiones de teatro en el salón de actos del propio centro IZA, para cualquier residente. Se trata de un proyecto apasionante.

Vive en la residencia IZA. ¿Cómo era su vida antes de la pandemia y cómo es ahora?

Llevo más de ocho años viviendo en IZA. Cuando entré, sentía que tenía que ocupar mi cabeza y mi tiempo. Así, me matriculé en un máster de la UPV-EHU y cuando acabé seguí con otro máster. Así me he pasado seis años estudiando lo que me gustaba. En IZA, convivimos 78 personas, todas ellas con necesidades y ‘formas de ser’ muy diferentes entre ellas. Desde IZA se nos presta un apoyo bastante individualizado y acorde con las demandas de cada usuario. Antes de que apareciera este ‘tsunami’, cada residente estaba en su día a día…

El jueves 12 de marzo, cuando volvía de un ensayo del grupo de teatro de la ‘uni’, me tomaron la temperatura y fue el último día que estuve en la calle. Al principio, se nos aconsejó mantenernos cada uno en su planta (yo vivo en la cuarta con otras ocho personas). También empezamos a realizar las comidas en dos turnos.

En un primer momento, pensé que vivía en uno de los mejores sitios para pasar una circunstancia como esta: me dedicaba a lo mío, estaba cómodo y ‘hacía lo que quería’... y, como mucha gente, no me imaginaba la magnitud de lo que se nos ‘venía encima’.

Hace un mes, ingresaron a un compañero de nuestra planta en el hospital y cuatro días más tarde nos comunicaron que había dado positivo en un test de coronavirus. Desde ese momento se ‘cambió de plan’. Se nos dijo que no podíamos salir de nuestras habitaciones y nos quedamos (mi compañero y yo) más confinados todavía. Entonces empecé a sentir miedo. Seis días después, nos dijeron que el resultado de nuestro compañero se trataba de un falso positivo (una falsa alarma).

A primeros de mayo, se nos realizó una prueba PCR a todos los residentes de IZA. No contamos con ningún caso positivo.

¿Por qué decidió escribir a GARA? En la carta definía la situación que están viviendo como «surrealista».

Entiendo que IZA es mi casa, y como me siento una persona ‘normal’ (aunque no me gusta esta palabra), me resulta difícil de entender el porqué de las medidas excepcionales que se nos están aplicando. Me parece que no existen razones objetivas para que se me conculque el derecho de vivir y participar en mi sociedad. Entiendo que estamos ante una decisión arbitraria del Estado central, que no ha tenido en cuenta la singularidad y los avances sociales que disfrutamos en los distintos territorios. Además de esta ignorancia, también me molesta especialmente la exclusión que se realiza del colectivo de personas con discapacidad. Estas formas de actuar pertenecen al siglo pasado.

¿Cuáles son sus peticiones en esta desescalada? ¿Qué es lo que siente?

No pido nada especial. Me considero una persona ‘normal’. Hace muchas décadas que dejé de ‘convencer’ a la gente de ello. Vivo en una residencia porque necesito ciertos apoyos. Apoyos que pueden cambiar a lo largo de mi vida, o de la de cualquier ciudadano. Por eso, el hecho de vivir donde vivo no es una razón para que se me apliquen estas medidas discriminatorias.

Les prohíben salir de la residencia, ¿por qué motivo? ¿Les han dado alguna explicación? ¿Qué comentan entre las compañeras y compañeros sobre este tema? ¿Cómo están ellos?

En realidad, a día de hoy, nadie nos ha dicho el motivo por el cual, y por primera vez, se nos impiden las entradas y salidas que habitualmente realizamos con nuestra llave personal y sin límites horarios. Desde la dirección se nos ha explicado que tienen que seguir las ‘ordenes’ de la Diputación Foral, que entiendo que, como consecuencia del ‘estado de alarma’, ahora dependen del Ministerio de Sanidad (aunque esto es lo que creo, a falta de alguna notificación oficial).

Aparte de los paseos, ¿les han aplicado alguna otra restricción? ¿Pueden recibir visitas?

Espero que cuando pueda salir pueda reunirme con mis amigos, mi pareja y la gente que quiero; aparte de pasear, que también es agradable. Las visitas son una cosa que detesto. Me parece como si estuviese enfermo en un hospital. Por lo cual, no espero recibir ninguna. Y digo más, si en la segunda fase empiezan a dejar que entre gente en la planta donde yo vivo, voy a estar vigilante para que cumplan todas las medidas higiénicas necesarias para que nuestra zona continúe desinfectada.

Me puse en contacto con la Diputación Foral de Gipuzkoa para preguntar sobre las restricciones en los movimientos y me dijeron que prevén que en las residencias donde viven personas con diversidad funcional se puedan realizar paseos con restricciones a partir de la tercera fase (el 8 de junio). En los pisos tutelados pueden salir desde el 11 de mayo, con restricciones y bajo supervisión. Me comentaron, además, que prevén presentar un plan sobre el tema. ¿Qué opina sobre todo esto?

[Se ríe]. Tienes muchas más noticias que yo (gracias). Cuando me presenten la oportunidad de salir, en el caso de que tenga que asumir restricciones extras, lo valoraré.

Por más que me pongo a pensar, no se me ocurre la necesidad y utilidad de ese ‘plan’. El único plan que contemplo es que me dejen seguir haciendo una vida ‘normalizada’, con las mismas medidas higiénicas que el resto de la población.

Aprovecho la oportunidad para agradecer a las personas que desde el primer momento se comprometieron a difundir por las redes sociales esta anomalía social. Quiero creer que vivimos en un sistema de individuos interdependientes entre sí. No nos podemos permitir el lujo de ir excluyendo a gente por el camino, y menos por culpa de prejuicios infundados.

Pedro Sánchez dijo: ‘De esta situación saldremos juntos’. A ver si es verdad…

EXCLUSIÓN


«Me molesta especialmente la exclusión que se realiza del colectivo de personas con discapacidad. Estas formas de actuar pertenecen al siglo pasado»

EN SU DÍA A DÍA


«En IZA convivimos 78 personas, todas ellas con necesidades y formas de ser muy diferentes. Antes de que llegara este ‘tsunami’, cada residente estaba en su día a día…»

MIEDO


«Se nos dijo que no podíamos salir de nuestras habitaciones y nos quedamos (mi compañero y yo) más confinados todavía. Entonces empecé a sentir miedo»

NINGÚN POSITIVO


«Se nos realizó una prueba PCR a todos los residentes. No contamos con ningún positivo»