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DE REOJO

Una performance bendecida


Si en un Palacio Real se reúnen dos reyes, una princesa y una infanta con un Papa de Roma vestido de gala, frente a ministros, cuerpo diplomático, autoridades jerárquicas y la curia española, ¿se trata de un acto religioso, civil, diplomático o propagandístico? Lo cierto es que los dos discursos que me he entretenido en escuchar para librarles de la obligación a todos ustedes me han parecido como una anormalidad política, en estos tiempos de berrea electoral. No coincido con lo de la confesionalidad católica generalizada, al menos desde mi apostasía temprana, pero el tono y el fondo del asunto ha sido una suerte de bálsamo medieval bajo oropeles a la hora del vermú.

Todo lo que vendrá a partir de ahora es un gran anuncio publicitario; van a ser cifras lanzadas de manera abrupta. En la previa ya hablaban de entre un millón y un millón y medio de asistentes a los actos centrales; es decir, multitudes, fanatismo de alguna manera, una ciudad bloqueada para que transcurra de manera fluida todo lo programado y una RTVE que dedica recursos técnicos, humanos y horarios indefinidos a convertir esta performance en amarillo en un acontecimiento global. ¿Cuánto está costando de verdad este botellón?

Por eso, al leer que actualmente se contabilizan unos catorce mil satélites comerciales en órbita, dando vueltas sobre nuestras cabezas, con posibilidades de descubrir hasta las rozaduras que tenemos en las ingles, me quedo mirando al cielo por si acaso me llega alguna señal de su existencia y puedo creer en algo tangible que me ilumine. ¿Cuántos satélites militares rondan por ahí arriba y nos tienen enfocado el cogote?