2014/01/09

Iñaki Iriondo
La lógica del sinsentido

Buena parte de la sociedad vasca asiste atónita a operaciones político-policiales como la de ayer, estupefacción que se incrementa cuando se escuchan las lisérgicas explicaciones del ministro de Interior. ¿Cómo va a ser una «estructura clandestina de ETA» un grupo de personas que se presentaron públicamente para facilitar la interlocución exterior del Colectivo de Presos Políticos Vascos? ¿Incluso si fuera cierto que son «el tentáculo» que «controla» a los presos, cómo va a ser delito haber logrado que EPPK abra la puerta a una salida escalonada e individualizada acorde a la legalidad?

Pese a ser una tentación fácil, el paso dado ayer por el Gobierno español tampoco puede entenderse como un golpe propagandístico que pretenda contentar a los sectores más ultras de la derecha y a determinadas asociaciones de víctimas. Ni siquiera es una cortina de humo. En primer lugar porque, a estas alturas, el valor propagandístico de las redadas en Euskal Herria cotiza muy a la baja en el Estado español -son portada de un día- mientras que, por el contrario, el delirio de algunas posiciones victimistas ha alcanzado tal degradación que ya no hay nada que pueda reconducirlas hacia la cordura.

La única lógica de este sinsentido es la misma que impulsó a Alfredo Pérez Rubalcaba a ordenar la detención de Arnaldo Otegi, Rafa Díez, Sonia Jacinto, Arkaitz Rodríguez y Miren Zabaleta: fracturar la apuesta política de la izquierda abertzale. Desde entonces la obsesión de los gobiernos españoles, incapaces de parar la marea, ha sido tratar de conseguir una escisión en el independentismo. En estos cuatro años largos no lo han conseguido y sus golpes son cada vez más torpes; más estúpidos a los ojos de más personas. De hecho, cuanto más ilógicos parecen, mayor potencial podrían tener para alimentar el desconcierto y el desestimiento de quienes no ven una salida por el camino iniciado con ``Zutik Euskal Herria''. Pero como el 13 de octubre de 2009, Madrid vuelve a llegar tarde.