2014/05/02

Erreportajea
 
Guiño entre Obama y Merkel en un ambiente tensado por el escándalo del espionaje

La estancia de la canciller alemana Angela Merkel en EEUU será solo de veinticuatro horas, cuatro de las cuales pasará con Barack Obama. Un guiño del presidente estadounidense a la jefa de Gobierno, que fue espiada por sus aliados y hablará ante los adversarios políticos de su homólogo. Lleva el mandato de su partido de zanjar el escándalo de la NSA.

Ingo NIEBEL Colonia
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Hace un par de años, el grado de simpatía que la canciller Merkel profesaba por el entonces presidente George W. Bush y su país era tan alto que incluso inspiró a un grupo alemán de carnaval. En un tradicional desfile salieron con una carroza en el que se veía a un Tío Sam agachado y con los pantalones bajados de cuyo trasero salía la política demócrata cristiana con una bandera estadounidense en cada mano. Dos años después, las relaciones entre Washington y Berlín -Barack Obama y Angela Merkel- ya no son tan estrechas, sino más bien complicadas por sus grandes contradicciones.

La máxima expresión de ese enfriamiento es que la canciller alemana ya no habla de «amigos» sino de «socios» cuando se refiere a sus aliados estadounidenses.

Esta degradación protocolaria se debe a que en medio del escándalo de espionaje, protagonizado por la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), el exembajador de EEUU en Berlín, John C. Kornblum, justificó la intervención del móvil de la jefa de Gobierno señalando que los alemanes no eran amigos, sino solo socios. Una posición compartida por la Administración de Obama, como lo demuestra el hecho de que Washington no tenga el más mínimo interés en firmar un «acuerdo de no espionaje» con Berlín.

Los directores de los servicios secretos exterior e interior, que el Ejecutivo alemán mandó al otro lado del Atlántico regresaron con las manos vacías. Obama quiso quitar importancia al asunto al anunciar que en adelante no se volvería a intervenir el móvil de Merkel. Este anuncio, en caso de que fuera verdad, dejaría abierta la puerta a seguir espiando al resto de ministros y colaboradores de la canciller. Aún así, la Cancillería envió una carta a la Casa Blanca pidiendo que Merkel pudiera ver las informaciones que la NSA había recabado sobre ella, pero Washington no se molestó en responder, tal y como reconoció el Gobierno ante el Bundestag (Parlamento alemán).

Berlín no ha reaccionado a este desprecio. Podría haber expulsado a algún agente secreto de EEUU o permitido que el Bundestag escuchara al excolaborador de la NSA Edward Snowden. Pero no solo no ha ocurrido nada de eso sino que la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD) evitaron que en la comisión de investigación se decidiera sobre este asunto antes del viaje de Merkel a EEUU. Su partido le ha aconsejado que aproveche su visita a EEUU para zanjar el escándalo de espionaje.

Enfrentamientos directos

Es evidente que a la líder de la Gran Coalición no le gustan los enfrentamientos directos y prefiere actuar de otra manera.

Aunque la Casa Blanca le concede unas excepcionales cuatro horas con Obama, Merkel ha optado por hablar después ante la Cámara de Comercio, un bastión de los adversarios políticos del presidente. Se espera que la alemana se centre sobre todo en el Acuerdo de Libre Comercio que EEUU está negociando con la UE. En ningún momento Merkel ha empleado este proyecto para presionar a su homólogo estadounidense, al menos no públicamente. Eso puede ser debido a su estilo político, su afinidad a EEUU o a la influencia que el Departamento de Estado estadounidense sigue ejerciendo sobre la República Federal. Pero también se debe, en parte, a la nueva política exterior alemana, que a pesar del espionaje de la NSA, quiere seguir profundizando en las relaciones transatlánticas, tal y como consta tanto en el acuerdo de Gobierno entre CDU y SPD como en los análisis de varias «fundaciones pensantes» y analistas de política exterior.

Por esta vía, y basándose en la colaboración con sus socios, Alemania quiere asumir más responsabilidad a nivel internacional. Así lo anunció su presidente, Joachim Gauck, a principios de año. Berlín piensa que adelante podría operar a la altura de Washington.

No obstante, la crisis en Ucrania es otra cuestión que separa a Merkel y Obama, aunque la retórica de sus gobiernos contra Rusia parece la misma, y aleja también a Alemania de la Federación Rusa. Washington no mantiene con Moscú los mismos lazos económicos que Berlín, cuyos dichos y hechos difieren mucho, y puede emplear métodos más duros para intentar mantener a raya a su rival geoestratégico. Alemania, que tras la Caída del Muro quiso mediar entre Rusia y el Occidente, lo tiene más difícil. La industria alemana no está nada contenta con las sanciones contra Rusia y el comercio con Moscú ya ha caído un 16%.

Mientras Merkel y su ministro de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier (SPD), han aportado su granito de arena a la escalada de la crisis en el este europeo y, por eso, respaldan las sanciones contra Rusia, el excanciller Gerhard Schröder (SPD) acaba de celebrar su 70 cumpleaños con su amigo Vladimir Putin en San Petersburgo.

Este hecho ha levantado ampollas sobre todo entre los Verdes, pero también en la CDU aunque en la fiesta, organizada por la empresa rusa Northstream, a la que pertenece Schröder, participaban también dos destacados demócrata-cristianos: el ministro-presidente de Mecklenburgo-Antepomerania, Erwin Sellering, y el portavoz de política exterior en el Bundestag, Philipp Missfelder. Según la prensa alemana, Merkel estaba «muy cabreada» por este suceso. La dura crítica de medios y políticos alemanes a Schröder se debió a que saludó a Putin con un cordial abrazo mientras cuatro oficiales alemanes siguen en manos de los rebeldes en el este de Ucrania.

El SPD ha querido calmar los ánimos diciendo que este tipo de encuentros también puede servir para encontrar una solución a la crisis. Tenga o no razón, este tipo de gestos no contribuye a mejorar las relaciones con EEUU. Quizá por eso no fuera casualidad que Northstream organizara la fiesta con Schröder en estos momentos y en Rusia.