2014/08/10

El brote de ébola más mortífero de la historia, fuera de control

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el brote de ébola en África occidental como una emergencia pública sanitaria internacional y recomienda medidas excepcionales para detener su transmisión. No aconsejan viajar a Sierra Leona, Guinea, Liberia y Nigeria, epicentro del «peor de la historia» y que se halla fuera de control. Han muerto ya más personas que en el anterior brote más mortífero, registrado en 1976 cuando apenas se conocía el virus.

Jon CUESTA
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Todo comenzó oficialmente el pasado 2 de diciembre, cuando un niño de dos años contrajo la enfermedad del ébola en la localidad de Meliandou, en la región guineana de Guékédou, muy cerca de las fronteras de Sierra Leona y Liberia. El pequeño falleció cuatro días después, convirtiéndose en el primero de una larga lista de víctimas mortales que crece y crece cada día. En marzo, el ministro de Sanidad de Guinea anunció la aparición de nuevos casos de esta fiebre hemorrágica y la enferme- dad se propagó rápidamente a los países vecinos.

El epicentro del brote, un poblado cruce de caminos entre Guinea, Liberia y Sierra Leona que además tiene mucha movilidad entre sus habitantes, ha hecho que la enfermedad se haya extendido rápidamente entre países. Los antecedentes anteriores acontecieron en aldeas poco pobladas que posibilitaron un control más sencillo.

Al cierre de esta edición, 1.711 personas se encontraban infectadas y 933 habían fallecido en Guinea, Liberia, Sierra Leona y Nigeria, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Pero se estima que el reguero mortal del virus ha ido todavía más allá de las cifras oficiales. «Nos encontramos ante el peor brote de ébola de la historia», reconoce Gregory Härt, portavoz de la OMS.

La mayor autoridad internacional en temas de salud reconoce abiertamente que el ébola está fuera de control. «Se necesita mucha más gente, más recursos, médicos, enfermeras, más de todo», comenta Härt, que incide en la importancia de coordinar varias organizaciones para poder atajar la epidemia. «Hemos llamado a casi todas las organizaciones y gobiernos del mundo a ayudar, porque no hay una organización que pueda enfrentarse sola a este brote».

Esta nueva irrupción de ébola en África Occidental ya ha matado casi cuatro veces más que el anterior brote más mortífero, registrado en el año 1976 en la zona de Yambuku, antigua Zaire y actual República Democrática del Congo. Por aquel entonces, apenas había conocimiento sobre la enfermedad ni formación de los equipos sanitarios. Se registraron 318 casos y murieron 280 personas. Fue el río Ébola, donde se detectó el primer caso aquel año, el que dio el nombre a esta enfermedad infecciosa.

Alta tasa de mortalidad

El virus del Ébola es temido por su alta tasa de mortalidad -según los expertos, el brote actual acaba con el 65% de los infectados y en algunos casos puede llegar al 90%- y por la rapidez con la que se produce la muerte. Se transmite a los humanos a través del contacto con un animal infectado vivo o muerto, principalmente murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes y puercoespines. Antiguamente, la enfermedad se contagiaba entre especies animales, aunque ahora ha irrumpido con fuerza en los seres humanos.

«El hombre entra en contacto con ese ciclo salvaje, bien sea entrando en cuevas donde hay murciélagos, bien sea comiendo carne de primates o comiendo carne de otros animales silvestres», explica Rogelio López-Vélez, que es jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas Importadas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, uno de los centros estatales de referencia en medicina tropical.

«La persona infectada inicia el ciclo urbano, que antes era sslo selvático. Ahora sí que se transmite de persona a persona, fundamentalmente por un contacto directo», añade el doctor.

Pero, ¿qué es lo que hace que el control de este brote sea tan complicado? En primer lugar, está instalado en zonas urbanas, que siempre facilita una expansión mucho más rápida, porque hay mucha más gente y núcleos más concentrados de población. Además, no hay antecedentes de esta enfermedad en la zona, por lo que muchos no conocían los síntomas ni las formas de tratamiento.

«Como desgraciadamente estamos acostumbrados, en las regiones más desfavorecidas del mundo la combinación de pobreza y la falta de medios materiales y humanos hacen que este tipo de patógenos sean mucho más letales de lo que ya lo son», comenta el doctor José A. Pérez Molina, médico adjunto de la Unidad de Medicina Tropical del Hospital Ramón y Cajal y miembro de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).

Desconfianza hacia los médicos

A ello hay que sumar la desconfianza de la población local, que a menudo ha tratado de obstaculizar el trabajo de las organizaciones desplegadas en el terreno. Miriam Alía volvió hace unos días de Guékédou (Guinea), la zona cero de la actual epidemia. Como responsable médico de la misión de Médicos sin Fronteras (MSF) en la región, conoce de primera mano las resistencias de los habitantes. «Son poblaciones muy heterogéneas, con varias religiones, varias lenguas y varias etnias, y hay que adaptar el mensaje a cada uno de estos grupos».

Por ello, los equipos de emergencia han tenido que lidiar con diferentes interlocutores casi en cada pueblo. «En un sitio va a ser el jefe del pueblo, en otro el líder religioso, en otro el comité de juventud y en otro el grupo de mujeres», explica. Por ello, las acciones de organismos como MSF, con gran experiencia sobre terreno, están desarrolladas en contextos muy complejos que restan agilidad a la velocidad de respuesta. «Lleva mucho tiempo adaptar nuestra respuesta a las costumbres locales, a los ritos funerarios, a la lengua o a la religión».

Miedo a la estigmatización

Alía, que tiene amplia experiencia y de hecho intervino en el anterior brote de ébola, sucedido en la República Democrática del Congo en 2012, puede llegar a entender la desconfianza en las aldeas. «Me lo planteo como si pasara aquí. Imagina que llegan a tu casa unas personas con un traje de astronauta que te dicen que estás enfermo y que tienes que irte a un hospital», explica. «El desconocimiento y toda la parafernalia provoca que muchos reaccionen de forma agresiva», reconoce.

El 4 de abril, sin ir más lejos, Médicos sin Fronteras tuvo que evacuar a su personal en Macenta, a 425 kilómetros de Conakry, después de que una multitud irrumpiera con violencia en el centro y acusara al equipo médico de llevar la enfermedad a la ciudad.

Otro de los graves problemas derivados del ébola es el estigma social. Muchas familias han tratado de esconderse y mucha gente todavía niega la existencia de la enfermedad. Otros, que han tenido contacto con personas infectadas, prefieren no hacerlo público ni acudir a centros sanitarios para evitar así ser marginadas.

«En nuestro caso, el problema que teníamos era sobre todo el seguimiento de contactos», comenta Miriam Alía, que incide en la importancia de controlar a todos aquellos que hayan tenido relación con personas infectadas. «Muchas personas no aceptaban estar en estas listas por miedo a que su posible contagio les estigmatizase en sus aldeas», relata.

«Demasiado mediática, es una enfermedad que desata el terror»

Aperturas de informativos y grandes titulares llevan días informando sobre la evolución del mayor brote de ébola de la historia. El pasado jueves, todas las televisiones retransmitieron la repatriación del religioso español Miguel Pajares, infectado en Liberia y trasladado de urgencia en un Airbus hasta Madrid. El traslado al hospital Carlos III, bajo extremas medidas de seguridad, no tuvo nada que envidiar a cualquier película de acción de Hollywood, con escolta policial y cientos de cámaras grabando desde todos los ángulos. «Es una enfermedad demasiado mediática, que desata el pánico, el rechazo y el terror», reconoce Rogelio López-Vélez, jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas Importadas del Hospital Ramón y Cajal de Madrid.

«En comparación con los problemas de salud en el mundo y concretamente en África, se trata de una enfermedad rarísima e insignificante», comenta el doctor. «Tenemos enfermedades infinitamente más importantes que el ébola», apunta.

Los síntomas -fiebres altas, grandes dolores, erupciones y hemorragias- y la letalidad del virus han llamado la atención internacional, pero hay que relativizar su gravedad. Frente al millar aproximado de fallecidos por ébola, más de 600.000 personas mueren anualmente a causa de la malaria, más de un millón debido a la tuberculosis y aproximadamente un millón y medio por causas derivadas del virus del Sida, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. «Hay otras enfermedades virales como el virus del VIH que merecen sin duda muchísimo más empeño, cuidado y atención», comenta el doctor López-Vélez. Solamente en África hay 25 millones de personas infectadas.

«Por ello, el ébola no es el virus más fatídico, aunque sí es muy llamativo porque tiene una tasa de mortalidad aguda», manifiesta. «Te infectas y en una semana o diez días te has muerto», sentencia. J. CUESTA