2019/08/08

El papel de la mujer, clave para la agricultura y el cambio climático

Un informe de Naciones Unidas que se dará a conocer esta semana sitúa a las mujeres entre las principales víctimas de la emergencia climática, pero señala también que podrían ser claves para ayudar a limitar sus efectos. Por ello, se apuesta por fórmulas para empoderar a las mujeres, por ejemplo, a través de la formación de cooperativas.

GARA|GINEBRA
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«Hay una falta de reconocimiento de los derechos a las tierras de las mujeres, oficial y tradicionalmente», explica a la agencia AFP Hindou Oumarou Ibrahim, coordinadora de la Asociación de Mujeres de Pueblos Autóctonos de Chad. «Los hombres poseen tradicionalmente las tierras y, cuando llega la hora de distribuirlas, se las dan a los chicos y no a las chicas», añade.

La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala en la misma dirección: las mujeres representan más del 40% de la mano de obra en los países en desarrollo, mientras que en los llamados desarrollados tienen un papel importante en las explotaciones agrícolas pero han sido durante mucho tiempo relegadas a la función de «acompañante».

«Menos del 20% de los propietarios rurales de este mundo son mujeres», constata la FAO.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) está reunido hasta hoy en Ginebra para analizar un informe crucial sobre cambio climático, uso de tierras y acceso a una alimentación suficiente.

El objetivo es encontrar cómo alimentar a una población que podría alcanzar los 10.000 millones de habitantes a mediados de siglo, limitando el calentamiento global y la degradación de la naturaleza.

El lugar específico de las mujeres es abordado en varias ocasiones en este documento de 1.200 páginas. «Las mujeres, los más jóvenes, las personas mayores y los pobres son los más expuestos» a las consecuencias del cambio climático, subraya un resumen del borrador.

Retos específicos

«En numerosos países en desarrollo y en las comunidades rurales, las mujeres tienen un papel activo en el cultivo de alimentos, y también en el abastecimiento de agua potable», señala Reyes Tirado, investigadora de Greenpeace. Cuando se complica el acceso al agua por culpa del cambio climático, mujeres y niñas se ven directamente impactadas, advierte.

En la agricultura, las mujeres enfrentan otras dificultades: tienen «menos posibilidades que un hombre de ser propietarias de tierras o de ganado (...), de tener acceso a créditos o de beneficiarse de una formación», precisa la FAO, que calcula que «si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los recursos productivos, podrían aumentar del 20% a 30% el rendimiento de su explotación». «Incrementos de esta envergadura podrían reducir en 12% o 17% el número de personas que padecen hambre en el mundo», calcula la FAO.

El informe del IPCC también pone de relieve la importancia de dar más poder a las mujeres.

Lo primero que se debe hacer es reconocer sus especificidades, estima Teresa Anderson, de la ONG ActionAid. «Los dirigentes suelen partir del principio de que el hombre es el ser humano por defecto –ironiza– y eso se aplica a los agricultores. Pero las mujeres hacen las cosas de forma diferente y se enfrentan a retos específicos».

«La mayoría de veces, las agricultoras son las que alimentan a las comunidades, mientras que los hombres venden» su producción, agrega Hindou Oumarou Ibrahim.

Otra medida eficaz es la formación de cooperativas de mujeres, para darles más voz, según la coordinadora. Así, las mujeres pueden contribuir a modificar las prácticas agrícolas y las costumbres alimentarias, elementos importantes en la lucha contra el calentamiento global y la degradación de los suelos.

Y son las mujeres las que se ocupan casi siempre de hijas e hijos. «El IPCC recalca que necesitamos cambios transformadores en el sector alimentario. Las mujeres tienen un papel clave en la educación (...) y en la evolución de los hábitos de consumo», manifiesta Fernanda Carvalho, de WWF.

RENDIMIENTO


La FAO calcula que, de tener el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, el rendimiento de las explotaciones gestionadas por mujeres podría crecer tanto como para reducir en un 12 o 17 por ciento la cifra de personas que padecen hambre.