Eguzki Agirrezabalaga
Vías férreas. (GETTY IMAGES)

Viajar sobre raíles: ¡Todo un mundo!

Trepan con paciencia y sin prisa por lugares de altura, alcanzan velociades supersónicas, viajan al pasado enganchados a antiguas locomotoras de vapor, activan estruendosos silbatos mientras atraviesan mercados concurridos... Hay muchos trenes curiosos en el mundo. Muchos.

Algunos son famosos por el lujo que ofrecen; otros, sin embargo, atraen especialmente a quienes prefieren compartir asiento y ventanilla con los lugareños. Unos alardean de ser veloces y silenciosos, mientras que los más humildes prefieren seguir avanzando y trepando sin prisa e incluso orgullosos de su torpeza. Antiguos y modernos, eléctricos o los que echan humo, de largo o corto recorrido, escaladores o de pista, legendarios o recién estrenados... Cada ferrocarril discurre por sus propias vías y cada pasajero elige los raíles que más le atraen.

Glaciar Express

Inaugurado en 1930, su objetivo era facilitar el traslado de esquiadores a los Alpes suizos: desde Zermatt, al pie del Matterhorn, hacia la concurrida estación de esquí St. Moritz. Consiguió su objetivo y, además, hoy alardea de ser el tren expreso más lento de Europa: necesita ocho horas para recorrer 290 kilómetos. Sin duda, gracias recisamente a su lentitud, el pasajero puede disfrutar de unas panorámicas impresionantes durante un trayecto que atraviesa 91 túneles y cruza 291 puentes –uno de ellos es el viaducto del Landwasser, de 65 metros de altura–, entre valles como Mattertal, el río Mattervispa, el Oberalp Pass, el valle Albula y el viaducto el Ruinalta. Cuando se inauguró como tren de vapor, en 1930, se convirtió en una de las mejores propuestas para divisar de cerca el Cervino (4.478 m).

Sunset Limited
Es la versión ferroviaria de la Ruta 66. Arranca en Nueva Orleans y finaliza en Los Ángeles. Completa 3.211 kilómetros en dos días. Se vende como la mejor opción para quien sueñe con atravesar Estados Unidos sin tener que conducir durante varios días. A través de la ventanilla del Sunset Limited, se sucederán ante el pasajero paisajes de película: los pantanos de Luisiana, los desiertos de Texas y Arizona, los rascacielos de Houston, las colinas de California y, finalmente, las playas doradas de Los Ángeles. Cuando se inauguró –en 1894 como Sunset Express–, era la segunda línea ferroviaria estadounidense de costa a costa (tras la Pacific Railroad).

Mae Klong

Mae Klong Railway, una línea que transporta pescado desde los puertos de Tailandia hasta Bangkok, fue creada en 1905. Ya desde sus inicios, el ferrocarril atravesaba, a la altura de la provincia Samut Songkhram, el mercado Rom Hoop, hoy conocido popularmente como ‘Talad Rom Hoop’ (Mercado de los Toldos Cerrados). Dicen que es el bazar más peligroso del mundo porque, cada vez que pasa el tren (ocho veces al día), los mercaderes se ven obligados a retirar a un lado sus mercancías. Eso sí, el maquinista extrema las precauciones y conduce muy lento al atravesar el mercado –a 3 kilómetros por hora– mientras hace sonar una estruendosa bocina.

 

Reunification Express Train

Conecta de forma simbólica dos grandes metrópolis vietnamitas. Arranca en Hanói y, tras recorrer en dos días más de 1.700 kilómetros, tiene como destino final Ho Chi Minh. Es conocido también como ‘El Ferrocarril Norte-Sur’. Paralelo a los acontecimientos experimentados por el país, esta linea ferroviaria también ha ido adaptándose a los cambios: nació durante el dominio colonial francés de Indochina, para que comunicara las regiones norte y sur de su territorio, fue secuestrada por las fuerzas japonesas durante la II Guerra Mundial, objetivo bélico durante la I Guerra de Indochina y punto estratégico durante la Guerra de Vietnam para transportar tanques y artillería, por lo que fue bombardeado en numerosas ocasiones. La línea llegó a quedar dividida en dos, entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur. Y ese es el motivo por el que, años después, en 1976, cuando enlazó de nuevo Saigón y Hanói, el tren se convirtiera en símbolo de la recuperación del país.

The Hiram Bingham

Serpentea en la Pampa de Anta y, tras atravesar el pueblo de Huarocondo, trepa la cordillera por el Valle Sagrado y el río Urubamba surcando a su paso un paisaje salpicado de extensos bosques, abismos que provocan vértigo y aldeas andinas inmersas en su rutina repletas de vida y color, entre ellas Ollantaytambo. Ese es el itinerario del The Hiram Bingham, el tren que recorre los 90 kilómetros que separan la estación de Poroy –en las afueras de la ciudad de Cusco– de Machu Picchu. Son variadas y numerosas las propustas para llegar a las ruinas incaicas, pero ésta es la única que lleva el nombre del explorador estadounidense que las redescubrió en 1911: Hiram Bingham.

California Zephyr

Su trayecto está considerado como uno de los más impactantes de Estados Unidos. Comunica Chicago y San Francisco a través de la ruta que abrió el primer ferrocarril transcontinental allá por 1869. Recorre un total de 3.924 kilómetros en 51 horas: cruza el río Mississippi hacia el oeste y trepa por las Montañas Rocallosas, la Sierra Nevada y los desiertos de Utah, siguiendo el curso del río Colorado y Donner Pass. Tras detenerse en Omaha, Denver, Salt Lake City, Reno y Sacramento, los pasajeros llegan a la última estación, Emeryville, después de haber disfrutado del paisaje desde los especiales salones del tren que permiten una visión panorámica durante el trayecto.

Rocky Mountaineer

Durante 37 horas, atraviesa las montañas Rocosas canadienses en una ruta que parte de Vancouver y llega hasta el parque nacional de Banff. Es Rocky Mountaineer, cuya ruta aparece  en las actuales listas de los recorridos ferroviarios más bonitos del mundo. El tren se enorgullece de su propia historia: en 1870, cuando se planteó que un ferrocarril atravesara el país del Pacífico al Atlántico, las montañas Rocosas impidieron la realización del proyecto, pero hoy, sin embargo, ese obstáculo se ha convertido, precisamente, en el mejor de los reclamos del Rocky Mountaineer, que avanza, inexorable, entre ruidosas cataratas, imponentes cañones, puentes oxidados y túneles ingeniosos... Una impresionante panorámica que desborda los sentidos de quienes disfrutan de la naturaleza canadiense a través de los vagones de cristal del Rocky Mountaineer.

Ffestiniog y Welsh Highland

Un viaje al pasado, concretamente a la época de la revolución industrial, es lo que ofrecen tanto el Ffestiniog como el Welsh Highland, en Porthmadog, la ciudad galesa que se ha convertido en uno de los principales centros ferroviarios de vapor del mundo. El primero de ellos, el Ffestiniog, se inauguró en 1833 con el fin de transportar pizarra desde las canteras de Blaenau Ffestiniogh hasta los barcos del mar de Irlanda. El segundo, Welsh Highland, se puso en funcionamiento con el mismo objetivo años más tarde, en 1920. Sin embargo, ambas líneas ferroviarias se cerraron en 1940, por falta de usuarios y de mercancías. Afortunadamente, aquellos proyectos han resucitado –en 1982 y 2011, respectivamente–, para ofrecer una ruta desde Caernarfon hasta Blaenau Ffestiniogh durante la cual las locomotoras de vapor de vía estrecha más poderosas del mundo serpentean entre las imponentes montañas de Gales del Norte durante 63 kilómetros.

Bergensbanen

Conectan en seis horas las ciudades de Oslo y Bergen tras atravesar 490 kilómetros entre fiordos, estériles extensiones de hielo, montañas, lagos, valles, glaciares, cañones y ríos, por lo que ofrece al viajero una estampa fascinante de la riqueza paisajística y natural de Noruega. Pero eso ha sido posible tras sortear los aparentemente insalvables obstáculos que surgieron durante su construcción a casua de la complejidad del trazado. Comenzaron las obras en diciembre de 1875 y no se inauguró hasta 1909. Hoy está catalogada como una de las maravillas de la construcción ferroviaria del siglo XIX.

Mukuba Express

El Mukuba Express recorre 1.860 kilómetros, desde la estación Tazara de Dar es-Salaam –ciudad portuaria tanzana– hasta New Kapiri Mposhi, en Zambia. Lo hace en 46 horas. Por eso se dice que el ritmo del tren se adecúa perfectamente al ritmo de vida africano. Y por eso, precisamente, regala a quienes viajan en su interior la posibilidad de observar grandes animales desde la ventanilla. Originariamente, el Mukuba Express transportaba cobre desde Zambia hasta el mar, por lo que sus vías discurren en sus primeros kilómetros por la llanura costera y atraviesa, después, extensas sabanas. Ya desde el primer día del viaje, en la reserva de Selous, salen al paso jirafas y elefantes.

Baikal-Amur

Recorre más de 4.320 kilómetros por la estepa siberiana y comunica algunas de las comunidades más remotas del planeta. Fue construido casi un siglo después que el Transiberiano, pero en nada se asemeja al lujoso y famoso ferrocarril. El Baikal-Amur (BAM) no ofrece placeres, sino todo lo contrario: el viajero (los turistas no lo frecuentan) disponen de un pequeño compartimento en el que deben acurrucarse durante 36 horas mientras el tren atraviesa interminables kilómetros de bosques de abedules sin rastros de vida humana y se detiene en inhóspitas estaciones donde el frío congela el aliento. Estas duras condiciones, sin embargo, tienen su explicación: el BAM comenzó a construirse en la década de los setenta del siglo pasado con el objetivo principal de conectar rincones remotos de Siberia de gran riqueza mineral y levantar una comunidad en territorio virgen. Pero la utopía se truncó por muchos motivos: las vías se deformaban por las gélidas temperaturas, las duras condiciones provocaban muchas muertes entre los obreros voluntarios…

The Maharajas Express

Es un auténtico tren de lujo que comunica Nueva Delhi con Bombay en un trayecto de 1.400 kilómetros que atraviesa el Rajasthan, la histórica zona del norte de la India donde durante siglos reinaron los marajás. Delhi, Agra, Ranthambore y Jaipur son los puntos principales del itinerario clásico –hay más propuestas– de este hotel sobre ruedas accesible únicamente a pasajeros con dinero: su aforo es de cien clientes repartidos en coches de primera clase de diseño inglés de 1930. Durante una semana, los viajeros podrán visitar tanto el Taj Mahal como la reserva de Ranthambore, que acoge tigres de Bengala.

El Transiberiano

Indudablemente, es uno de los míticos. El Tansiberiano es, en realidad, una red, parte del sistema ferroviario de Rusia, que conecta la sección europea del país con la red de China. Tiene muchos ramales. Uno de ellos arranca en Moscú y llega a Pekín atravesando Mongolia o Manchuria a través del desierto de Gobi, con paradas en lugares exóticos, entre ellos Ulan Bator. De todos modos, el trayecto más famoso del Transiberiano comunica Moscú con Vladivostok, en un trayecto que recorre 9.258 kilómetros en seis noches y se detiene en Kazan, Nizhny Novgorod, Perm y Ekaterinburg. El Transiberiano dispone de una versión de lujo, el Golden Eagle Trans-Siberian Express.

De Mandalay a Lashio

Desde Mandalay hasta Lashio, el tren recorre, en Myanmar, un total de 201 kilómetros en 15 horas. Sin duda, uno de los momentos más impresionantes del trayecto es cuando el ferrocarril atraviesa el abismo sobre el viaducto de Gokteik hacia la estación de montaña de Pyin U Lwin traqueteando sobre una estructura aparentemente precaria. En el camino, se sucede tras los cristales de las ventanillas de los vagones una estampa de la antigua Birmania con retazos de aldeas de montaña, monasterios que apenas se dejan ver en el bosque y profundas gargantass.

De Beijing a Lhasa

Es la vía férrea más alta del planeta: el trayecto entre Golmud y Lhasa transcurre a 5.000 metros de altura. Conocido también como Z21, fue construido durante cuatro años por 100.000 ingenieros y obreros ayudados por botellas de oxígeno. Este tren, además de un hito en la historia de ingeniería, supuso un nexo simbólico al conectar el ajetreo frenético de Pekín con la tranquilidad del Tibet, considerada la tierra de los monjes. Las vías finalizan en Lhasa, que saluda a sus visitantes con el palacio de Potala, la antigua residencia del Dalai Lama.

Rovos Railway

Apodado «el tren safari», durante dos semanas recorre varios países del sur de Africa –Sudáfrica, Botswana, Zimbabwe, Zambia y Tanzania– con experiencias inolvidables: visita a las cataratas Victoria, recorrido por los alrededores de Ciudad del Cabo, un safari por Namibia...

«La Trochita»

‘La Trochita’. Así es como le llaman cariñosamente al Viejo Expreso Patagónico. ¿Por qué ese apodo? Porque «trocha» es el ancho de vía, que en este ferrocarril de vapor es de 75 centímetros. Inicialmente, recorría 402 km, desde Ingeniero Jacobacci hasta Esquel, pero hoy únicamente están habilitados para la oferta turística dos tramos en los que el pasajero disfrutará de impresionantes panorámicas del valle y del macizo de Nahuel Pan y del avistamiento de flamencos y cauquenes.

El Darjeeling

Construido entre 1879 y 1881, el Darjeeling del Himalaya, en la India, recorre algo más de 88 kilómetros y conecta Nueva Jalpaiguri –a 100 metros sobre el nivel del mar–, con Darjeeling –a 2.200 metros–. Entre las once estaciones en las que se detiene, destaca Ghoom, la segunda estación ferroviaria más alta del mundo (2.258 metros). Conocida también cariñosamente como ‘El tren de juguete’, discurre la mayor parte por vías curvas, algunas de ellas muy pronunciadas, y ofrece desde sus ventanillas fascinantes vistas de cascadas, valles y cimas nevadas, entre ellas el Kanchenjunga.

El último «tren bala»

Aunque es conocido popularmente como ‘El tren bala’, su nombre oficial es Shinkansen N700S. Es desde el pasado mes de julio el nuevo tren bala de Japón, el primero de su tipo con baterías de ion de litio similares a las de un coche eléctrico, lo que le permite funcionar sin catenarias. La última versión alcanza los 360 km/h.

Jacobite

Harry Potter, sin duda, ha contrubuido a la fama de Jacobite, una histórica locomotora de vapor que recorre bellos paisajes escoceses, porque fue el que inspiró al famoso Expreso de Hogwarts. Cubre el trayecto entre Fort William y Mallaig y atraviesa impresionantes paisajes durante 84 millas (ida y vuelta). Arranca cerca de la montaña Ben Nevis y, tras hacer parada en la estación Arisaig, discurre cerca del profundo lago de agua dulce Loch Morar, el River Morar, el lago de agua marina Loch Nevis, Glenfinnan, Lochailort, Arisaig y Morar. Uno de los tramos más esperados del trayecto es el que recorre el viaducto de Glennfinan.

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